Compartir

Con la cuarentena como escenario, única alternativa para prevenir los contagios masivos del Covid-19, la sociedad se organiza para dar respuesta a las necesidades más acuciantes. Múltiples expresiones de solidaridad espontánea se suman a las acciones en red impulsadas por las ONG. El Estado vuelve a estar presente, a través de diversas medidas de contención, aunque esa respuesta es aún insuficiente para los sectores más vulnerables.

 

Texto Andrea Vulcano.

 

Y  de pronto un día el mundo se dio vuelta. En poco menos de cien días, la realidad quedó trastocada y, sobre ella, comenzó a trazarse otra huella, distinta, profunda, de dolor y desconcierto, sin que se sepa hasta el momento, claramente, hacia qué territorios conducirá. En ese marco, en una Argentina ya atravesada por la pobreza y la exclusión, el coronavirus vuelve a poner en jaque al país y, una vez más, a potenciar decenas de miles de redes de solidaridad que salieron a atender las demandas más urgentes.

En medio de calles vacías, pueblos silenciosos, plazas desiertas, escuelas sin bullicio, talleres sin movimiento, un sinnúmero de Organizaciones de la Sociedad Civil y grupos apelaron a la creatividad, a la tecnología y también asomaron el cuerpo para intentar dar respuesta a las infinitas necesidades de los sectores más vulnerables.

“Esta emergencia global pone en evidencia, como nunca antes, que es otro el camino que debemos tomar. El futuro de la humanidad está atado a nuestra capacidad para desarrollar inteligencia comunitaria. El único apuro que debemos tener es ése, no otro”, sostiene Patricio Sutton, director ejecutivo de la Red de Comunidades Rurales.

Hoy, sin dudas, el hambre es uno los problemas más acuciantes. Según las últimas cifras del Indec, a fines de 2019, el 35,5 por ciento de la población era pobre, mientras que la indigencia alcanzaba al 8 por ciento. Desde el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), cuya última medición había marcado un 38 por ciento de pobreza, hablan ahora de un posible incremento al 45 por ciento de la población.

“La pandemia no hizo más que profundizar, y en algunos casos evidenciar, situaciones de desigualdad estructural que padecemos como sociedad. Las personas en situación de calle; niños, niñas y adolescentes que dependen de la escuela para comer y que requieren de internet y computadoras para sostener algo de escolaridad; familias que deben aislarse en el hacinamiento y la precariedad habitacional; personas con discapacidad que vieron suspendidas sus prestaciones de salud por no considerarse esenciales; la precariedad e informalidad laboral que expone a las familias a una dependencia absoluta de las asignaciones estatales; la violencia a la que se ven expuestos en mayor medida adolescentes y jóvenes frente a casos de abuso y violencia institucional son algunos ejemplos de esta situación”, afirma Constanza Argentieri, abogada y codirectora de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (Acij).

 

Acción en red

Muy cerca de Caminito, en el barrio porteño de La Boca, el bullicio de CasaSan se apagó, pero no su corazón, que frente a la adversidad late más fuerte que nunca. “¡Hay equipo! Hoy en CasaSan se come rico. Los esperamos a todxs a las 19:30 para repartir la comida. Traigan ‘tapper’”. Hasta la llegada del coronavirus, el espacio abría sus puertas con talleres y propuestas gratuitas para más de 200 chicos, chicas y adolescentes en situación de vulnerabilidad social.

“La Boca es un lugar de gente históricamente trabajadora, que vive hacinada, en mala situación de vivienda, pero todos trabajan y en general no tienen planes ni están asignados a comedores. Lo que hizo esta emergencia es dejar a familias enteras sin ingresos, porque su trabajo es informal. Son más de 500 las que están involucradas en el circuito turístico de Caminito y hoy no pueden trabajar”, cuenta a Tercer Sector Mercedes Frassia, arquitecta, fundadora y proa de CasaSan.

“Decidimos reconvertirnos y salir a dar respuesta a necesidad básicas. Nosotros ganamos un premio en el programa ‘¿Quién quiere ser millonario?’ y esta crisis nos encontró con ese dinero, entonces pudimos equiparnos y empezar a dar de comer las primeras veces, hasta lograr que el gobierno se sensibilice y entienda que hay un nuevo público para los comedores, que no es el mismo que antes”, afirma Mercedes. Pero CasaSan no es un corazón solitario; en La Boca hay un conjunto de organizaciones políticas y sociales que en pocas semanas entrelazaron voluntades y conformaron La Red de Cooperación.

Según un reciente relevamiento realizado por Unicef, seis de cada diez hogares comenzaron a percibir menos ingresos tras la llegada de la pandemia y en tres de cada diez esa situación obligó a dejar de comprar algún alimento. La radiografía muestra una cara más cruel aún en villas y asentamientos: allí, las privaciones nutricionales alcanzan a la mitad de las familias.

 

Comunidades rurales

“El mayor impacto del Covid-19 son sus devastadores efectos colaterales en comunidades altamente vulnerables, que ya se encontraban en situación de riesgo. En contextos rurales, especialmente aborígenes, la situación es dramática. Allí, la mayor parte de la población es pobre o indigente. En muchas comunidades totalmente aisladas hay hambre, no hay agua potable y, por más que existan excelentes plataformas educativas tanto nacionales como provinciales, la educación tal como la conocemos ha sido la primera víctima fatal del virus”, grafica Patricio Sutton.

Su relato expone una realidad que los grandes medios no suelen mostrar: “Nos llegan audios de personas de distintos puntos del país. En varios de ellos, lo que aparece es desesperación y llanto. Miles de alumnos no tienen conexión a internet, ni siquiera por señal de celular. O sus familiares no tienen plata para seguir cargando la tarjeta del celular que les permite bajar alguna consigna enviada por maestros y maestra”, relata.

La voz de la Asociación para la Promoción de la Cultura y el Desarrollo es una de las que se hace escuchar cada vez que el hambre o el desamparo se cobra una nueva víctima en el norte argentino. “En lo que va del año, al menos once niños y niñas wichíes fallecieron por causas vinculadas con la desnutrición, agravadas por las carencias del sistema de salud”, señalan. En el país hay más de 40 pueblos indígenas, con una población total que ronda las 955 mil personas.

 

El hambre no espera

“Soy Ana Paula Bautista, del Movimiento Teresa Vive de Salta. Acá la situación está durísima, ya que en los últimos cuatro meses no hemos recibido los módulos alimentarios de Nación para las 190 familias que integran nuestro movimiento. Para nosotros, los sectores populares, no es sólo el coronavirus, es la necesidad inmediata.” El video de Ana Paula fue uno de tantos que, bajo el hashtag #ElHambreNoEsperay empujados desde el Frente de Izquierda a través de las redes, expuso la situación de muchos comedores comunitarios.

Al ritmo en que los gobiernos nacional, provinciales y locales procuraban multiplicar las camas disponibles en el sistema de salud para hacer frente a la pandemia, también crecía la demanda en comedores. Los números son contundentes: en muy poco tiempo, trepó de 8 a 11 millones de personas.

Del otro lado del umbral de los múltiples espacios de compromiso y solidaridad que brillan en medio del aislamiento social acecha, impiadosa, la realidad. Laura Taffetani es referente de la Fundación Pelota de Trapo, una OSC histórica del partido bonaerense de Avellaneda, con una larga trayectoria en favor de los derechos de la infancia. “Como organización vamos afrontando esta etapa como lo hicimos en otros tantos momentos de crisis en este país, pero la dificultad mayor está siendo que no hay infraestructura ni políticas adecuadas para el momento de parte del Estado: no está asignado el presupuesto que corresponde y las familias no tienen espalda para resistir esta crisis”, describe.

“Las escuelas han cerrado y entregan unas viandas que son una vergüenza. El presupuesto que hay en la provincia para el Servicio Alimentario Escolar debería poder afrontar esto y, sin embargo, no lo está haciendo. El refuerzo de merienda y desayuno es un desastre, dan un litro de leche por semana; hay salitas sanitarias que no tienen lo mínimo, ni siquiera alcohol en gel”, añade.

 

Infancia en riesgo

“Los niños y niñas más vulnerables son las víctimas ocultas de esta pandemia. El Covid-19 no sólo puede enfermarlos, sino que también afecta su educación, los expone a la violencia doméstica e impacta en su salud emocional”, afirman desde Unicef.

El centro de primera infancia de Fundamind, en Balvanera, es uno de los 76 espacios de la Ciudad de Buenos Aires en los que se distribuyen bolsones de alimentos a familias en situación de vulnerabilidad. “Al extenderse la cuarentena vemos que cada día que pasa se hace más difícil sobrevivir, sobre todo para familias que no pueden generar ingresos diarios y no tienen ningún plan social del Gobierno”, sostiene Marisa Mujica, su directora, quien advierte que la demanda “está desbordando la capacidad de respuesta del Estado”.

La pérdida de fuentes de ingreso y las dificultades para acceder a comprar alimentos son dos de los problemas más graves que surgieron del relevamiento realizado por Unicef. “Los hogares más pobres son los que más sufren el impacto socioeconómico en múltiples dimensiones”, afirma Luisa Brumana, representante en el país de esta agencia de la ONU.

Con el foco en la cuestión educativa, Gustavo Gioseffi, Vicepresidente de la Fundación Del Viso, advierte que la pandemia “tiende a profundizar la brecha entre las familias de distintos sectores sociales”. Por eso, desde las OSC reorganizaron el trabajo para ayudar a sostener la escolaridad, frente a las restricciones que tienen las nuevas formas de cursada a distancia en el marco del aislamiento. Y en lo que respecta a la atención de las demandas más urgentes, en la zona de Del Viso, la Fundación, junto con organizaciones locales y el municipio distribuye bolsones de alimentos y organizó una olla popular que funciona los martes, jueves y sábados.

Desde la Fundación SES, Rolando Candel, su director, alerta sobre el impacto de “la interrupción de la dinámica cotidiana” en adolescentes y jóvenes, que “requieren de mucho acompañamiento en términos emocionales, de escucha, guía y consejos”. “Se está intentando desplazar eso hacia la virtualización, pero tiene sus límites”, cuenta.

 

Trabajo en equipo

Un informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas indica que la provincia de Buenos Aires “no sólo exhibe el porcentaje más alto de indigencia a nivel nacional”, sino que, además, concentra “al 11,3 por ciento de los hambrientos del país”, casi 2 millones de personas.

“En estos tiempos, donde la solidaridad y el trabajo en equipo son el único remedio ante el avance de la pandemia, cada acción que muestre ese rumbo es digna de realzar”, aseguran desde la organización No Seas Pavote, de la zona sur del conurbano, que hace más de una década acompaña a personas en situación de calle y gestiona tres espacios: Teresita Casa de Mujeres y Niños; Guadalupe, una casa convivencial de niñas y niños judicializados, y Tinku, un centro barrial de día y noche para personas en situación de calle y con consumo problemático.

Gabriela Salisio atiende su celular y se escuchan las voces de algunos de los chicos y chicas a los que la ONG acompaña y asiste. “Los estamos llevando a la Casa de Mujeres porque ellas se ofrecieron a ayudarnos con el cuidado”, cuenta mientras preparan la comida que, como cada noche, ofrecerán en la puerta del Club Temperley, institución con la que lograron aliarse –también con el involucramiento de la Municipalidad de Lomas de Zamora– para brindar aislamiento asistido a 35 adultos en situación de calle. “Esta experiencia nos demuestra lo sano que es, más allá de la pandemia, tener un lugar para estar, bañarse, comer, sentirse querido, compartir espacios de juego y esparcimiento, de escucha, lejos de los apremios de la calle. Respetar la cuarentena sanitaria obligatoria es un acto de amor al otro”, asegura.

 

Las medidas oficiales

Las medidas tomadas por el Ejecutivo Nacional para hacer frente a la pandemia y a su impacto socioeconómico fueron bien recibidas pero, en la mayoría de los casos, resultan insuficientes por sí mismas. “El Gobierno entendió que una medida de confinamiento de esta magnitud no podía tomarse sin ser acompañada por otras de protección económica a quienes ven amenazada su subsistencia producto del aislamiento, pero necesitan ser reforzadas urgentemente, tanto porque los montos resultan insuficientes para garantizar el acceso a bienes básicos, como por el hecho de que aún muchas personas no pudieron acceder a estos beneficios”, advierte Constanza Argentieri, de la Acij.

Para Gustavo Gioseffi resulta clave la conducción del Estado en las políticas para atender la pandemia y su impacto. Las OSC “nos pusimos al servicio de las políticas estatales, nos fuimos reorganizando y modelando nuestras acciones habituales a las restricciones sanitarias”, remarca. Y, si bien señala que el actual contexto “parece una explosión en medio del incendio”, insiste en destacar la presencia de un Estado y una sociedad “activos y comprometidos con la agenda social”.

Según el reciente relevamiento hecho por Unicef Argentina, el 84 por ciento de los hogares dijo “no tener inconvenientes para acceder a las prestaciones”. El 21,8 por ciento de las personas adultas encuestadas recibió el Ingreso Familiar de Emergencia, el 27,8 el bono para la Asignación Universal por Hijo y el 19 por ciento la Tarjeta Alimentar y otros apoyos alimentarios. “En este contexto, los programas de transferencia directa son fundamentales y, si bien no alcanzan a cubrir todas las necesidades, alivianan la situación de muchas familias”, indicaLuisa Brumana, representante de Unicef en el país.

 

Final abierto

Inevitablemente, aunque el presente acecha, la mirada busca enfocarse en un después. Patricio Sutton, de la Red de Comunidades Rurales, confía en que “en un tiempo breve, el Covid-19 dejará de tenernos en vilo”, pero advierte que “sus consecuencias serán profundas, dolorosas e inciertas”.

Desde la Fundación SES, Rolando Candel se suma al pronóstico de impactos “muy duros y difíciles”, pero entiende que “lo que van a quedar tras la pandemia son estructuras nuevas” y que “todo este proceso de virtualización va a dejar aprendizajes valiosos que van a permitir complementar el trabajo a futuro”.

Sebastián Pilo, integrante de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (Acij), plantea: “La mayor de las paradojas es que el aislamiento social está viniendo de la mano de un muy creciente sentido de comunidad. Son ahora tiempos de solidaridad y de cooperación. Son tiempos de vecindad. Ahora entendemos mejor que antes que a nivel político, económico y social somos parte de una comunidad. Cuando todo esto pase, tendremos de qué hablar. Porque ahora ya sabemos que todo podría ser distinto”.

 

_

Cómo conectarse

Fundación CasaSan: www.casasan.org

Fundación Pelota de Trapo: www.pelotadetrapo.org.ar

Fundamind: www.fundamind.org.ar

Fundación SES: www.fundses.org.ar

No Seas Pavote ONG: www.noseaspavote.org.ar

Fundación Del Viso: www.fundaciondelviso.org.ar

Red Comunidades Rurales: www.comunidadesrurales.org

Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia: www.acij.org.ar

Unicef Argentina: www.unicef.org/argentina

 

________________________________________

SI TE INTERESÓ ESTA NOTA Y QUERES LEER MAS, SUSCRIBITE AQUÍ!

 

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here