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La federación de cooperativas de trabajo de Entre Ríos, en articulación con otros actores sociales, construye cuatro de las cincuenta viviendas sustentables que serán entregadas a los damnificados por inundaciones en Gualeguaychú.

 

Texto Eduardo Santachita.

 

El 25 de abril de 2016, los medios de comunicación de todo el país mostraban una imagen desoladora que provenía de Gualeguaychú: Karina, con las zapatillas dentro de un charco en pleno comedor de su casa, decía que el agua empezó a entrar tan de golpe que no le dio tiempo a nada. “Solamente pude sacar a los chicos y meterlos en el auto, mientras veía cómo se me arruinaba todo, y encima los vecinos no podían ayudarme porque estaban en la misma situación”, se lamentaba.

Hoy, un grupo de trabajadores está construyendo las casas que van a cambiar la realidad de Karina y de muchos más. “Es la primera vez que una federación de cooperativas elabora y firma un convenio con un organismo internacional”, se enorgullece Edelmiro Díaz, presidente de Cooperativas de Trabajo Federadas de Entre Ríos (Cotrafer). Esta federación construirá las cincuenta viviendas sustentables que permitirán trasladar a las familias que en 2016 sufrieron la repentina creciente. En ese momento, el Gualeguaychú, afluente del curso inferior del Río Uruguay, llegó casi a los 5 metros y los vecinos costeros debieron sobrellevar autoevacuaciones; pérdida de muebles, colchones y ropa; contagio de enfermedades y demás trastornos.

Ricardo Del Vecchio, secretario de Hábitat de la municipalidad, explica que ésta es una obra muy importante para el pueblo gualeguaychuense. “Es un proyecto largamente esperado, ya hace más de tres años que tuvimos dos inundaciones consecutivas y hubo que empezar a relocalizar a la gente”, relata. El funcionario cuenta, además, que estas zonas se volvieron a inundar reiteradas veces debido a la desembocadura del Arroyo Munilla, que lleva hacia la ciudad el agua que genera la crecida del río. “El municipio compró una parcela de tierra y entregamos el terreno listo para construir, con todos los servicios funcionando”, comenta.

El financiamiento correrá por cuenta de la Oficina de Servicios para Proyectos de Naciones Unidas (Unops), que se dedica a la asistencia humanitaria, y de la Secretaría de Vivienda de la Nación. Díaz señala que a principios de 2020 se entregarán las primeras cuatro casas y luego se seguirá trabajando hasta completar las cincuenta. Las primeras familias que se mudarán a las flamantes construcciones surgieron de un relevamiento basado en el informe de trabajadores sociales, que prioriza las situaciones de discapacidad, enfermedades y familias numerosas.

 

Calidad de vida

Las viviendas, de cincuenta metros cuadrados, serán construidas en madera de eucalipto de alta prestación y contarán con dos dormitorios, sala de estar, comedor, cocina y baño. Además tendrán paneles solares para permitir la captura y producción de energía, lo que reducirá significativamente el costo energético para los usuarios. La calefacción y los termotanques también utilizarán energía solar, y la edificación tendrá aislantes térmicos y acústicos. “Son casas que en nuestro país no estamos acostumbrados a ver, como las californianas o las canadienses”, ejemplifica Díaz, y agrega: “Unops es muy estricta, tuvimos que cumplir con muchos requisitos y participar de varias capacitaciones”.

Para Del Vecchio, una ventaja fundamental del proyecto es la ubicación. “Está en plena trama urbana, hay energía eléctrica, red cloacal, líneas de colectivos, agua de red, y está frente al Barrio Fiorotto, es decir que las personas que se muden aquí ya van a estar formando parte de una vecindad”. Además, en el extremo de la línea de viviendas habrá un espacio verde que podrá utilizarse para recreación. El municipio capacitará a los vecinos acerca de los riesgos y el cuidado del material, dado que estas son construcciones no convencionales, e incluso se espera el emplazamiento de más viviendas de madera. “La idea es que aparezcan más proyectos de este tipo, especialmente para colectivos sociales necesitados, ya que no son casillas sino barrios bien constituidos, con mejor calidad de vida, por eso hay que generar ese proceso cultural de adaptación”, dice Del Vecchio. Y añade: “Es muy positivo que esto sea llevado a cabo por cooperativas”.

Además de estar al frente de Cotrafer, Díaz preside la Cooperativa Tomás de Rocamora, que trabajará codo a codo con la Cooperativa La Paz para entregar en tiempo y forma las primeras viviendas. Edelmiro destaca que desde hace quince años la mayoría de las remodelaciones, caminos y edificaciones de esta ciudad turística entrerriana pasa por los cooperativistas. “Es importante seguir trabajando bien, fortalecerse y mantenerse en el tiempo. Yo participé del Foro Federal de la Economía Cooperativa, Autogestiva y Popular, y ahí quedó claro que el cooperativismo es una alternativa para salir de la crisis económico-social”, expresa.

Del Vecchio coincide: “Ante la crisis, el desarrollo de la economía social es una salida, ya que es mucho más distributivo el esquema cooperativo que una pyme. Este es otro cambio cultural, que yo creo que hay que enseñar en las escuelas. La educación formal debería tener más contenidos asociados al cooperativismo y la economía social, así los estudiantes no salen a buscar obligatoriamente un trabajo a una empresa, sino también a iniciar un camino cooperativo”, concluye.

 

Cómo conectarse

Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo: www.cnct.org.ar

Oficina de Servicios Para Proyectos de Naciones Unidas: www.unops.org/es

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