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La pandemia llegó a la región y profundizó las desigualdades. Mientras las estadísticas de contagios crecen, desde las organizaciones comunitarias responden a la emergencia sanitaria y alimentaria. Aquí, la labor que llevan adelante ONG de Paraguay, Chile y Perú.

Texto Alejandro Cánepa.

 

Si se mira un planisferio y se ubica a China como punto de partida del Covid-19, se observa cómo se desparramó desde el este para posarse por Europa y África y llegar a América, en el otro extremo de la imagen. Así llegó a este continente y en los países sudamericanos la pandemia mostró cómo los problemas nunca resueltos de desigualdad social se agudizaron por aquella. A continuación, Tercer Sector mapea tres experiencias de proyectos que asisten a sus comunidades en esta época tan particular.

En Paraguay, el ingreso del Covid-19 fue lento, pero está en ascenso. Ya en pleno invierno, la cantidad de casos aumentó, sin ser aún una situación catastrófica. Angelina Enciso, coordinadora de la Organización No Gubernamental Crecer, señala: “Trabajamos en el área rural y periurbana en desarrollo comunitario centrado en la niñez. Lo hacemos junto con 3.500 chicos, en los departamentos de Guairá y Caaguazú”, que se ubican en el sur del país.

Al suspenderse los encuentros presenciales de la ONG en esos territorios, ésta redefinió su plan de acción. “Vía Internet, acercamos materiales de educación a los chicos. En salud, hacemos seguimiento médico, entonces cuando conocemos situaciones problemáticas derivamos a los centros más cercanos y apoyamos a las familias con medicamentos en esta época”, explica Enciso. Claro que ante el aumento del desempleo y la pobreza que provoca la combinación pandemia-cuarentena, acercar comida se vuelve esencial. “La alimentación también es salud, así que apoyamos seis ollas populares formadas por comisiones de personas de los vecindarios”, agrega. Lentejas, locro, algo de carne y bori, plato típico paraguayo hecho con maíz, son los alimentos que se sirven en las ollas para paliar el hambre.

Enciso advierte una problemática muy poco registrada por las autoridades, empeñadas en focalizar toda la energía sólo en lo epidemiológico: “La salud mental se ha agravado mucho, los padres se quedaron sin trabajo, las personas están hacinadas en casas, hay mucha falta de necesidades básicas. Tenemos tres psicólogos pero no alcanza. Los chicos no pueden juntarse, jugar al fútbol, algunos han entrado en depresión”.

 

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