Compartir

La circularidad de la naturaleza sirvió como modelo para que diferentes ONG trabajaran, junto con un comedor, en la implementación de un sistema que gestiona los residuos, produce alimentos de huerta y abastece de energía solar a la cocina.

 

Texto Meri Castro.

 

El Comedor En-Haccore surgió en 1993 en la manzana 15 de Ciudad Oculta, uno de los barrios más castigados del sur de la Ciudad de Buenos Aires. Bilma Acuña, su alma máter recuerda que entonces eran también épocas de crisis económicas y ollas populares. Fueron los programas de apoyo a grupos comunitarios los que terminaron de consolidar su formación.

“Traté no solamente de dar de comer, sino de ser un puente entre las familias e involucrarme. Así, esto se transformó en un centro integral”, apunta Bilma. Es por ello que En-Haccore brinda talleres de oficios, de arte, educación primaria para adultos y también acompaña en temas de violencia familiar y consumo de drogas. En 2002, fue el espacio en donde se armó la Red de Madres contra el Paco. La tarea permanente que allí realizan consiste en brindar el almuerzo y la merienda, de lunes a viernes, a unas 400 personas por día.

A principios de 2017, el Movimiento Agua y Juventud se acercó al comedor con una propuesta diferente: alcanzar la sustentabilidad en el lugar creando un biosistema urbano basado en la circularidad del funcionamiento propio de la naturaleza. ¿Era eso posible?

“En la naturaleza no existe el concepto de residuos. Si algo queda de un ser vivo o de un proceso, eso servirá para enriquecer a otro ser o proceso. Este tipo de biosistema es lo que intentamos implementar, aplicado a un ámbito bien particular como este comedor”, explica Gonzalo del Castillo, director ejecutivo del Capítulo Argentino del Club de Roma y del Centro de Sustentabilidad (CeSus) para Gobiernos Locales, organizaciones que participan del proyecto.

En la práctica, el biosistema significó la instalación del primer colector solar de Villa 15 que abastece de agua caliente a la cocina, el recambio de luminarias por LED y la instalación de los primeros puntos de acopio de aceite vegetal usado y de reciclables del barrio, enumera Milagros Sánchez, coordinadora general de la iniciativa y parte del Movimiento Agua y Juventud.

A eso hay que sumarle que “los residuos orgánicos se tratan en la compostera y en el biodigestor. Es decir, que los desechos del comedor se reconvierten en alimento y energía”, explica Milagros. El compost que surge de este proceso se utiliza en la huerta, donde se cultiva en cajones y de forma hidropónica. También se producen hongos comestibles y todo el alimento que se cosecha se utiliza en las comidas que se sirven a diario.

 

Compartir saberes

Soledad González, coordinadora territorial del proyecto, puntualiza: “Nos interesaba que cada intervención estuviera acompañada de una capacitación. Por eso organizamos eventos a los que vino gente del barrio y referentes de las temáticas. Fue la forma de desestructurar y romper con aquello de que el saber esté ubicado en cierta institución de cierta zona nada más”.

González pone como ejemplo la instalación del colector solar. “Hicimos una capacitación de eficiencia energética y se brindaron becas para aprender de energía solar térmica”, describe. “También contratamos para el catering de los eventos a la organización Saberes y Sabores, que da talleres de cocina aplicando conocimientos ancestrales latinoamericanos. Son formas de habitar los proyectos”, grafica Soledad.

“Es un trabajo adaptativo y muy específico”, retoma Milagros Sánchez. Se trata de “pensar que algo que para no-sotros es un problema, para ellos no lo es. O que el beneficio que nosotros encontramos no es el mismo de ellos. En fin, ponerse en el lugar del otro”.

De esta forma, el biosistema se trata “no sólo de dotar de capital tecnológico y simbólico, sino a su vez de trabajar muy fuerte en la apropiación del proyecto por parte del comedor, fomentar la participación comunitaria y generar un vínculo entre la ciudad formal e informal”, resume.

Bilma Acuña valora el resultado de este trabajo conjunto y coincide en que “se rompió un cerco que había entre el barrio y los villeros. Siempre se dice los de la villa, porque somos lo que no se quiere ver. Con los talleres vino gente de Soldati, Mataderos y Lugano que participó en la huerta, algo que antes no sucedía. Hicimos una red con personas maravillosas, pudimos conocernos y romper el cerco”.

 

Multiplicar es la tarea

Esta primera experiencia sirvió para descubrir las muchas aristas que implica el proyecto: desde generar infraestructura y colocar cartelería para que los asistentes al comedor vean la novedad, a valorizar positivamente prácticas que si bien son sustentables no son reconocidas como tales (no hay desperdicio de alimentos, no se usan envases descartables y se consume agua de red).

Al mismo tiempo se recuperaron espacios físicos: donde antes había basura, ahora está el biodigestor y la terraza, que “era un lugar pelado donde te morías de calor en verano”, hoy es un espacio que visitan los chicos del barrio. “Tenés que ver su cara de sorpresa. Ese momento para ellos es un pedacito de cielo”, se emociona Bilma.

Próximamente replicarán el biosistema urbano en dos nuevos puntos del barrio. Ya demostraron que la sustentabilidad es posible donde sea. El horizonte ahora pide seguir multiplicando.

 

Cómo conectarse

Comedor Comunitario En-Haccore: www.enhaccore.blogspot.com

Capítulo Argentino Club de Roma: www.clubderoma.org.ar

Centro de Sustentabilidad para Gobiernos Locales: www.cesus.org.ar

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here