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En un contexto de vertiginosa evolución de la tecnología, marco legal cambiante y modificación permanente del escenario comercial, durante el último cuarto de siglo, los medios surgidos desde la sociedad civil lograron hacerse visibles a través de múltiples formatos.

 

Texto Alejandro Cánepa.

 

En 1994 faltaban varios años para que se crearan las redes sociales; en Argentina, la televisión por cable tenía dimensiones mucho más reducidas que en la actualidad, no había mensajes de texto y los celulares no incluían cámara de foto, grabadora de voz ni conexión a la web. Si una dimensión de la realidad cambió en estos 25 años fue la de la comunicación y Tercer Sector registró testimonios de referentes de medios comunitarios, cooperativos, alternativos y universitarios que dan cuenta de cambios, avances y retrocesos en la disputa por lograr que esos actores de la sociedad civil hagan oír su voz.

En la Argentina de los ’90, la vigencia del marco legal explicitado en el decreto-ley de la última dictadura respecto de la radiodifusión, prohibía que tuvieran radios y canales de televisión las figuras jurídicas sin fines de lucro. No obstante, desde el regreso de la democracia habían brotado muchas emisoras radiales, mal denominadas truchas, que en muchos casos surgían de proyectos sociales. Entre los medios impresos se destacaba la experiencia del diario cooperativo El Independiente, de La Rioja.

En 2002, luego de la caída de la convertibilidad, aparecieron nuevas iniciativas de diarios recuperados por sus trabajadores, como los casos de Comercio y Justicia, de Córdoba, o Diario de la Región, de Resistencia (Chaco). Catorce años después surgiría otro caso emblemático de periódico autogestivo: Tiempo Argentino, vaciado por sus antiguos dueños.

Dice Javier Borelli, vocal y ex presidente de la cooperativa Por Más Tiempo, propietaria del medio: “Cuando empezamos con esto, en 2016, asumimos que no sabíamos cuánto podía durar, pero creíamos que era posible intentarlo. Y desde el inicio planteamos hacer una estructura duradera, conformarnos como cooperativa era una señal de que íbamos a hacerlo en serio”.

El caso de Tiempo Argentino demostró cómo un grupo de trabajadores podía reflotar una marca luego del abandono de la misma por parte de sus antiguos dueños. Hoy, el medio tiene una versión impresa dominical y un sitio web con actualización permanente. “Nos propusimos hacer un medio sostenido por los lectores, y el 65 por ciento de los ingresos vienen de ahí, lo que nos pone muy orgullosos”, explica Borelli.

La proliferación de experiencias autogestivas de periódicos ya había generado la creación, en 2009, de la Federación Argentina de Diarios y Comunicadores Cooperativos de la República Argentina (Fadiccra), que agrupa proyectos mediáticos de ese perfil.

Manolo Robles, uno de los referentes de la Cooperativa La Masa, de la ciudad de Rosario –afiliada a Fadiccra y que, entre otros medios, sostiene el semanario en papel El Eslabón–, asegura: “Nos planteamos generar trabajo y aportar a la pluralidad de voces. Hay medios de los empresarios, de la Iglesia, sindicales… Bueno, nosotros somos un medio autogestionado”. La publicación vende aproximadamente mil ejemplares por número.

Las revistas siempre fueron un tipo de soporte utilizado por las organizaciones sociales para comunicar sus actividades o, en algunos casos, son el corazón mismo del proyecto, como Hecho en Buenos Aires o Barriletes, de Paraná (Entre Ríos), fundadas en 2000 y 2001, respectivamente. Pese a la efectiva poda del mercado de lectores de productos periodísticos impresos, siguen vigentes. Y existen nuevas experiencias que apuestan a tener un medio propio con páginas que tocar, leer y pasar. Como la revista La Taba, perteneciente a la cooperativa del mismo nombre, con sede en el barrio porteño de Flores, y que es “un actor social para la comunidad de la que forma parte; confluye en un tejido territorial mucho más amplio, dinámico y complejo”, según Fernando Zuker, su presidente.

 

Días de radio

El panorama de las radios comunitarias se modificó en 2009, a partir de la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Ya en 2005, un decreto había cambiado el decreto-ley de la dictadura y habilitó a asociaciones civiles y cooperativas a tener licencias de televisión y radio, pero la nueva norma, además, estableció como horizonte que un 33 por ciento del espectro radioeléctrico debía asignarse al sector sin fines de lucro.

“El avance de las radios comunitarias es notorio y sostenido, pero con zigzags y retrocesos”, recuerda Pablo Antonini, presidente del Foro Argentino de Radios Comunitarias (Farco) y uno de los responsables de FM Estación Sur, de La Plata y nacida en 2005. El campo de los medios comunitarios, con todos los contratiempos del contexto, se mantiene fértil. La Red Interuniversitaria de Comunicación Comunitaria, Alternativa y Popular (Riccap) reveló, en un reciente informe, que existen 286 de ese tipo de proyectos mediáticos en el país, tanto radios como canales de TV, con actividad permanente, incluidas las de pueblos originarios.

“Pese a todos los problemas se han mantenido muchas radios comunitarias en estos últimos años”, señala Antonini, que informa que Estación Sur recibió su licencia oficial en julio último, junto con radios comunitarias históricas como FM La Tribu, de Almagro; En Tránsito, de Castelar, y Radio Sur, de Córdoba Capital.

 

Imágenes paganas

Hablar de televisión comunitaria es sumergirse en un mundo más frágil y acotado que el de la radio, aunque con historias y actores relevantes. Natalia Vinelli, docente en la UBA, comunicadora social y referente del canal comunitario Barricada TV, señala: “La primera etapa analógica, con la migración de la mayoría de la audiencia al cable, fue apagando las primeras experiencias como Canal 4 Utopía. Los nuevos canales de tele comunitarios surgen del contexto de la discusión sobre la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual”. Ella explica que la emisora que representa (y que funciona en la empresa recuperada Impa, en el barrio porteño de Almagro) tiene su licencia oficial desde 2015, pero las empresas de cable que operan en Buenos Aires no la han incluido en sus grillas.

Otro tipo de experiencias de televisión alternativa la han logrado los canales de universidades nacionales, como UniTV, de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Alejandro Montalbán, su director, cuenta: “El canal empezó a funcionar en 2015, se accede a la programación desde la web y por un convenio con el cable local también se emiten a través de ese servicio dos horas de producción hecha por la universidad tres veces por semana”. Él considera que ese sector televisivo “tiene un futuro promisorio, porque pudo aguantar estos últimos años”.

 

El futuro ya llegó

Si un fenómeno mediático, comercial, tecnológico y cultural se registró en estos últimos 25 años fue la masificación de Internet, pero las innovaciones no sólo vienen de la mano de contenidos digitales. La organización social Atalaya Sur, por caso, desarrolló una red comunitaria de acceso a la web en la porteña Villa 20. “Además de ser una red de acceso público a Internet, realizamos capacitaciones, producciones de contenidos locales que se canalizan por el portal villa20.org.ar y talleres de radio, producción visual y periodismo”, revela Manuela González Ursi, una de las integrantes del espacio. El caso es significativo porque muestra cómo desde el sector social se pueden de-sarrollar no sólo contenidos sino también acceder a la conectividad, en un fenómeno incipiente que se denomina “redes comunitarias”.

En suma, y a modo de epílogo, Organizaciones de la Sociedad Civil de la más variada clase han levantado la voz en estas últimas dos décadas y media. Diarios en papel, portales, canales de televisión, radios FM, redes comunitarias de acceso a la web forman un espacio que, con las luces y sombras que impone el contexto, buscan expresar deseos, demandas y sueños de participación que salgan de las pinzas de la lógica comercial y que tampoco respondan de manera directa al Estado.

 

Cómo conectarse

Farco: www.farco.org.ar

Tiempo Argentino: www.tiempoar.com.ar

El Eslabón: www.periodicoeleslabon.com

La Taba: www.cooperativalataba.org.ar

Barricada TV: www.barricadatv.org

Atalaya Sur: www.villa20.org.ar

UNITV: www.uni-tv.com.ar

 

 

Construye tu propia red comunitaria // Por Mariela Baladron *

¿Qué tienen en común los habitantes del Valle de Paravachasca, en Córdoba, con los vecinos de Villa 20, en Ciudad de Buenos Aires? Son dos ejemplos de comunidades que tienen la propiedad y gestión de sus redes sin fines de lucro, con el objetivo de resolver necesidades de conectividad, a través de Altermundi y Atalaya Sur, respectivamente. Comparten al menos otra característica: la falta de cobertura o asequibilidad de servicios TIC por parte el sector privado, porque se trata de zonas rurales o villas, donde no obtienen el retorno de inversión esperado.

Las redes comunitarias constituyen la “primera”, si consideramos el acceso a internet como un derecho, y el objetivo es la apropiación popular de la tecnología, en oposición a la mirada de las empresas de telecomunicaciones que entienden a los clientes como la “última milla” de sus redes. A diciembre de 2018, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, sólo el 51,2 por ciento de la población mundial usaba internet. La potencia de estas experiencias no sólo incluye una solución de infraestructura de comunicaciones, también habilitan el desarrollo de capacidades tecnológicas y de proyectos comunicacionales locales, donde el foco son las personas en lugar de ser consideradas meros consumidores.

Las primeras experiencias de redes libres en el país tuvieron lugar a principios del siglo XXI y durante la última década comenzaron las experiencias de redes comunitarias. Las dificultades que enfrentan en la actualidad incluyen el acceso a recursos para equipamiento y ancho de banda, que el Estado podría financiar con fondos del Servicio Universal, por ejemplo. Los saberes generados y el camino recorrido –que incluyen el desarrollo de hardware libre con el LibreRouter de AlterMundi– permiten imaginar que florecerán miles de redes comunitarias.

* Docente e investigadora del Instituto de Estudios de América Latina y Caribe y del Observatorio de Comunicación y Derechos, pertenecientes a la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

 

 

Radios: la comunicación comunitaria en su máxima expresión // Por Martín Iglesias *

Las experiencias de comunicación comunitaria, alternativa y popular se remontan a mediados del siglo XX y en Argentina han tenido su máxima expresión en proyectos radiofónicos a partir de la recuperación democrática hacia 1983. La biografía de estos medios fue atravesada por cambios asociados a la convergencia tecnológica y a la concentración de las ramas de la radiodifusión tradicional, como la radio y la TV, las telecomunicaciones y la informática.

En el caso argentino se dio un proceso de desregulación que, más precisamente, resultaba una regulación de los mercados comunicativos orientada a favorecer a los sectores más concentrados. Ésta fue la lógica de la política de medios y telecomunicaciones durante la larga década neoliberal (1989-2001) y reeditada por el gobierno actual. Pese a esta coyuntura, en 26 años de vigencia de la regulación de la última dictadura (decreto-ley 22.285, 1980), las radios comunitarias expresaron a amplios sectores de la sociedad civil, a pesar de la restricción explícita que impuso la norma al acceso a las licencias por parte de los actores sin fines de lucro.

En consecuencia, las emisoras desarrollaron sus propios modelos administrativos y económicos, ajustados a su condición de alegalidad y con debilitadas posibilidades de sostenibilidad. Esta situación desfavorable no impidió la consolidación de un pequeño número de radios que se adaptaron y lograron su permanencia en el aire. A ese proceso debe sumarse una nueva generación de emisoras de radio y TV que han surgido a partir de la sanción y puesta en vigencia de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (Lsca, 2009). La Lsca significó el reconocimiento definitivo de este sector legalmente discriminado previendo la reserva del 33 por ciento de las frecuencias en su favor, aunque la dilación en su aplicación provocó que más del 50 por ciento de los medios continúen operando hoy sin licencia por ausencia de plan técnico.

* Investigador de la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad Nacional de Quilmes. Magister en Industrias Culturales e integrante de FM Ahijuna, de Bernal.

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