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En los Refugios de Vida Silvestre, la consigna es contribuir a la conservación de la flora y la fauna, generando actividades turísticas y productivas que sean respetuosas del medio ambiente. El caso de la Aurora del Palmar, en Entre Ríos.

 

Texto Rocío Galván.

 

Hay veinte reservas privadas en todo el país que conforman la red de Refugios de Vida Silvestre y abarcan más de 198.000 hectáreas en doce provincias. Se trata de campos en ambientes naturales que se encuentran en buen estado de conservación, es decir, que mantienen su flora y su fauna, cuyo propietario está interesado en manejarlo con criterios ambientales y mantener ese proyecto a largo plazo. Constituyen una alternativa muy interesante a la hora de hacer otro tipo de turismo, porque ofrecen la posibilidad de sumergirse y estar en contacto con ambientes realmente naturales, con una intervención del hombre limitada.

“Es un desafío realizar turismo en un ambiente que se quiere conservar. Entonces se trabaja mucho en la planificación, en qué lugares se abren al público y en monitorear que el uso que se haga no impacte de manera negativa sobre el ambiente natural. Buscamos también que se genere empleo de calidad y para eso se trabaja en la capacitación de las comunidades locales”, destaca en diálogo con Tercer Sector Alejandra Carminati, coordinadora de Áreas Protegidas Privadas de la Fundación Vida Silvestre Argentina.

“De esta manera, el turismo termina siendo un aliado de estas reservas privadas, ya que la actividad turística permite generar recursos económicos que después son reinvertidos en la conservación del área”, detalla.

 

Donde cuidan palmeras

Uno de los emblemas de la red es el Refugio La Aurora del Palmar, en Colón, provincia de Entre Ríos, con una superficie de 1.500 hectáreas y cuyos dueños y administradores son María Eugenia Peragallo y Ariel Battista. El espacio protege particularmente la palmera yatay (Butia yatay), amenazada por el avance de la actividad agroforestal, y es habitado también por ejemplares de zorro gris, mulita, peludo, tatú negro, lagarto overo, tuco tuco y hurón, entre otras especies.

Se trata de un proyecto familiar que comenzó con la idea visionaria del ingeniero forestal Raúl Peragallo y hace más de veinte años se concretó con la firma de un convenio con la Fundación Vida Silvestre. “Así empezamos a soñar con el desarrollo de un emprendimiento en el cual pudiéramos recibir turistas, escuelas y crear una experiencia que promueva acciones responsables y disfrutar en la naturaleza, aprender a quererla, conocerla y cuidarla”, explica Battista.

“El trabajo con la Fundación fue algo maravilloso en cuanto a la gran calidad de su aporte en el acompañamiento, en ayudar a fijar objetivos, en incorporar conocimientos con muchas capacitaciones. Nos fue vinculando y ampliando nuestra red de interacción con otras instituciones, con las que fuimos intercambiando experiencias, saberes y así fuimos construyendo una propuesta basada en el respeto por la naturaleza y el desarrollo equilibrado de la producción y la conservación”, indica.

En La Aurora del Palmar la oferta de actividades es muy amplia. La propuesta va desde safaris para los turistas que quieran integrarse poco a poco en la parte más densa del bosque, pasando por la navegación en las aguas del arroyo El Palmar, hasta cabalgatas. “También hacemos actividades recreativas, talleres, pirograbado, cocina y fabricación de artesanías, siempre utilizando elementos propios de la naturaleza. De noche organizamos juegos en familia y el clásico fogón, donde compartimos reflexiones y observaciones de estrellas. La idea es transmitir el cariño por la naturaleza, disfrutando de una actividad en conjunto con las personas que nos visitan e ir revelando poco a poco la información y los misterios que habitan en el palmar”, expresa Battista.

La reserva también cuenta con actividades productivas tradicionales, que incluyen la ganadería de pastizal, citricultura, forestaciones, cultivo de nogales, vitivinicultura y horticultura para consumo propio y comercial, aplicando buenas prácticas agrícolas. En total, el proyecto le da trabajo a más de veinte familias de la zona.

 

Paisajes en todo el país

La Red de Refugios de Vida Silvestre abarca reservas en las provincias de Misiones, Corrientes, Mendoza, Córdoba, Buenos Aires, San Luis, Chaco, Catamarca, Neuquén, Tierra del Fuego y Chubut.

Los propietarios de los refugios privados realizan un compromiso formal con la Fundación Vida Silvestre para el desarrollo de actividades productivas “económicamente viables, ambientalmente responsables y socialmente justas”, con una mirada a largo plazo. La entidad brinda asesoramiento en los proyectos y acciones de conservación.

Algunos de los refugios que se destacan son Los Barrancos, en la zona de Traslasierra (Córdoba), creado en 1999 e ideal para hacer senderismo; Yacutinga, en Misiones, para disfrutar de la selva; Estancia San Antonio, en Corrientes, de una gran diversidad de flora y fauna; y Villavicencio, en Mendoza, reconocido por ser fuente de agua mineral natural.

Para conocer más sobre los refugios naturales que posee el país, su riqueza y cómo visitarlos se puede ingresar a la web https://www.vidasilvestre.org.ar/nuestro_trabajo/areas_protegidas/red_de_refugios/.

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