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A pesar del escenario incierto, el sector privado comienza a delinear la agenda de la sustentabilidad para la “nueva normalidad”. La crisis provocada por el Covid-19 plantea otros debates y anticipa modificaciones en los hábitos de consumo.

 

Texto Marysol Antón.

 

El diagnóstico no cambió con la aparición de la pandemia, simplemente se puso blanco sobre negro. Las poblaciones vulnerables no lo son más ahora porque el coronavirus está aquí, ya lo eran antes y lo seguirán siendo si no se promueve un cambio cultural profundo y global. Lo mismo sucede con el medio ambiente, la generación de trabajos dignos, la inclusión, la aceptación de la diversidad y mucho más. Si algo hizo el Covid-19 fue dar el tiempo para pensar, seriamente, cómo seguir viviendo en este planeta. Y en esta tarea están también las empresas, con su rol esencial en la vida cotidiana.

La pandemia no es inocua en materia de sustentabilidad. Tanto que se terminó de amplificar justo este año, que había sido declarado por las Naciones Unidas como el inicio de la década de Acción para los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

“Se esperaba, también, la puesta en pleno funcionamiento el Acuerdo del Clima de París. Veníamos de un 2019 que había marcado un nuevo récord en las temperaturas del mundo, las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera habían alcanzado un nuevo pico y las emisiones de los GEI seguían en ascenso. Entonces, en lo inmediato, la tragedia espantosa de la pandemia Covid-19 desplazó del centro de la escena a gran parte de esa agenda ambiental que tanto había costado instalar”, señala Julián D’Angelo, coordinador ejecutivo del Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad de Buenos Aires (Cenarsecs).

Por otro lado, según D’Angelo, “en los primeros días del aislamiento social impuesto en diversas regiones del mundo, algunos celebraron la aparente buena noticia de que la naturaleza se recuperaba, al ritmo de la reducción de la producción industrial, la caída del transporte aéreo y terrestre y el derrumbe del consumo. Efectivamente, algunos estudios calculan para 2020 una caída superior al 5 por ciento interanual en las emisiones de dióxido de carbono, pero es un descenso que, de ninguna manera podrá ser sostenible”, agrega.

Está claro que hoy los ojos están puestos en dar con los tratamientos más efectivos para combatir al coronavirus y generar la vacuna. “Incluso, muchas recomendaciones en materia sanitaria, hasta son contradictorias con las recomendaciones en materia ambiental. Por ejemplo, el actual desincentivo al uso de transporte público y la promoción del transporte particular”, dice el coordinador del Cenarsec.

Sin duda, la pandemia trajo un movimiento en las prioridades, pero principalmente de enfoques. “Son cambios que desde Consejo Empresario Argentino para el Desarrollo Sostenible (Ceads) y el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (Wbcsd, por su sigla en inglés) venimos adelantando y ahora el contexto nos da la razón. Las agendas de sustentabilidad son una muy preciada fuente de disrupciones y de riesgos cada vez más concretos. Por eso, el enfoque que termina prevaleciendo es el de Riesgos de la sustentabilidad”, afirma Sebastián Bigorito, director Ejecutivo del Ceads.

“Por ejemplo, cuántas empresas han evaluado a sus cadenas de valor bajo debilidades en materia de regulación ambiental. ¿Cuántas han realizado una Due Dilligence de sus proveedores vitales para ver la vulnerabilidad de las mismas? ¿Cuántas empresas han realizado su huella de carbono o hídrica de sus productos para poder exportarlos? ¿Cuántas compañías han podido pasar los criterios ESG para acceder a un financiamiento cada vez más selectivo? ¿Cuántas compañías saben que sus empleados más jóvenes están o no de acuerdo con su propósito y valores para retenerlos?”, se preguntan desde el Ceads.

 

¿Nuevas prioridades?

Para muchos, el cuidado del planeta quedó en un segundo plano y preservar la propia salud acaparó la escena. Es que el crecimiento del e-commerce y del take away propiciaron que se intensifique el consumo de plástico (sobre todo los de un solo uso), y que rápidamente es descartado por miedo al contagio.

¿El cuidado del medio ambiente dejará de ser una prioridad?, se preguntan desde la consultora Kantar. En su respuesta, afirman que “por un lado, muchas empresas tienen que llenar un hueco financiero provocado por la caída en las ventas y dejarán en segundo plano, ciertas iniciativas relacionadas con la economía circular y fuentes de energía no contaminantes. Por parte de los consumidores, más del 80 por ciento de los hogares argentinos ve sus finanzas personales afectadas por la cuarentena; no serán tan propensos a pagar un extra por productos orgánicos o green-friendly”.

Definitivamente, las acciones humanas tienen un efecto concreto sobre el medio ambiente y la salud depende de cómo se cuide esa relación. Los argentinos, en particular, se sienten muy empoderados: el 75 por ciento cree que “sus decisiones pueden cambiar el entorno”, es una convicción muy potente, teniendo en cuenta que a nivel global el promedio es 55 por ciento, ejemplifican desde Kantar.

Entonces, se cree que la presión de los consumidores sobre los gobiernos y las empresas irá en aumento porque, si bien cambiaron las prioridades de corto plazo, los problemas estructurales siguen presentes. “La propensión de los consumidores a elegir opciones de menor huella ambiental sigue siendo muy fuerte: 2 de cada 3 argentinos declara que prefiere productos y servicios que ofrezcan formas de contrarrestar el impacto en el ecosistema. Esta tendencia es aún más notoria entre los menores de 35 años y las mujeres”. En paralelo, según estudios globales de esa consultora, en las últimas semanas se percibe “un incremento en la preferencia de productos de fabricación nacional o que tengan un origen identificable y –en lo posible– cercano”.

 

Mirada corporativa

El coronavirus cambió algunos planes en la estrategia de sustentabilidad de muchas empresas, profundizó otras y puso sobre la mesa nuevos objetivos. En este escenario, las compañías empiezan a definir sus próximos pasos.

“La pandemia hizo que el mundo pusiera el foco en la lucha contra sus efectos y agrave los problemas de desigualdad; pero esto no nos puede hacer olvidar de la crisis climática que sigue siendo una amenaza para todos y si no actuamos, corremos el riesgo de sumar cientos de personas en la pobreza”, analiza Mariana Reñe, gerenta de Sustentabilidad y Comunicación Interna de Unilever.

En esta línea, “a través de nuestro Plan de Vida Sustentable nos habíamos comprometido a mejorar la salud y el bienestar de mil millones de personas para 2020 y reducir a la mitad el impacto de nuestros productos para 2030”, refuerza Reñe.

En este mismo sentido, desde Sancor Salud aseguran que en materia de sustentabilidad, la atención empieza a estar puesta en la transformación de la economía. “Nos orientamos a dejar atrás la economía lineal que ha quedado ya obsoleta por el desequilibrio y la excesiva utilización de las materias primas restando recursos naturales al planeta. Es hora de aventurarnos a la implementación de una economía circular que recicle, reduzca y reutilice transformando en profundidad, desde raíz, las cadenas que intervienen en los procesos. Así, desde el Grupo hay un fuerte avance en despojarnos de materiales documentales impresos; todo está intensificándose desde la virtualidad”, detalla Nora Mosso, gerenta de Marketing de la compañía.

A su turno, Ana Guerello, gerente de Sustentabilidad para Danone Cono Sur, define: “La prioridad para las empresas debería ir por repensar el modelo de negocio y buscar un impacto más allá del económico, incluyendo objetivos sociales y ambientales. También, hacerlo de una manera ética, transparente y colaborativa. Porque realmente, para avanzar hacia una sociedad más sustentable necesitamos crear soluciones en conjunto con todos los actores”. Así, en la firma definieron nueve metas corporativas a largo plazo, que a su vez están alineadas a las del Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, “para crear valor sostenible que tenga alcance en todos los accionistas y también en todo el ecosistema en su conjunto y para poder también hablar en un idioma universal.”

Para Rodrigo Espinoza, gerente de Relaciones Institucionales de Camuzzi, “una comunidad saludable en torno de la operación contribuye de manera indirecta al negocio, por ende, las estrategias de sustentabilidad posiblemente comiencen a poner más foco en el concepto de salud integral. En este sentido, somos conscientes de que nuestro servicio está intrínsecamente vinculado a la salud y bienestar de las regiones del país donde estamos presentes. Si entendemos la salud integral, no sólo como un estado de bienestar físico de las comunidades, sino también emocional, social y económico, entonces es posible que acciones vinculadas directamente con salud e higiene, pero también con desarrollo local, educación y cultura tomen mayor prioridad y protagonismo en el corto y mediano plazos”.

Por su parte, Vanesa Vázquez, gerenta de Sustentabilidad de Cervecería y Maltería Quilmes indica cómo la empresa se prepara para los compromisos que asumieron, para concretar en 2025 mediante su plataforma 100+ Sustentabilidad. “Esta abarca objetivos de impacto positivo en temas sobre energía renovable, agua, packaging circular, agricultura, comunidad, cadena de valor y consumo responsable. En este contexto, además, aceleramos a Valor, que es nuestra plataforma colaborativa de impacto social, para fortalecer acciones que ya veníamos desarrollando en las comunidades vulnerables, con la única gran premisa de trabajar en conjunto, porque Entre todos la damos vuelta”.

A la hora del análisis, más allá de los efectos que traerá la post-pandemia, las compañías y empresas que revaliden sus gestiones alineadas con estrategias medioambientales responsables estarán varios pasos adelante. Así lo vaticina Alejandro Inti Bonomo, responsable de la Licenciatura en Gestión Ambiental de Uade: “Las empresas que hoy no piensen en sumar una perspectiva ambiental auténtica en su producción, mañana van a quedar fuera del mercado. Además de que cada vez hay más y mejores leyes y/o barreras arancelarias de exportación, quedarán sin posibilidad por la propia elección de los consumidores. Vamos por la positiva: las organizaciones que se adelantaron a este tema han conseguido mejorar su imagen y eso se traduce en mayores ventas y acceso a otros circuitos comerciales”, concluye.

 

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