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La irrupción del Covid-19, que puso en jaque a la humanidad entera, dejó al descubierto, en la Argentina, la profundidad de las inequidades en el acceso a uno de los derechos más básicos: el de la salud. También volvió a poner de relieve el papel clave que, en el territorio y en la articulación de actores, cumplen las Organizaciones de la Sociedad Civil. Tercer Sector recogió experiencias significativas para pensar otro modelo sanitario.

 

Textos Andrea Vulcano.

 

Entre las múltiples desigualdades que la pandemia dejó en evidencia o ahondó –porque preexistían– se cuenta la del acceso a la atención de la salud. En el centro mismo de la escena, el coronavirus desafió al sistema con el fantasma del colapso, alertó a las autoridades sobre la desinversión a la que venían sometiendo al sector desde hacía larguísimos años y el nivel de ocupación de camas, de altas y de recursos hospitalarios pasó a ser parte del discurso y la preocupación cotidianos.

Fue entonces que, tras la omnipresencia del Sars-CoV-2 se multiplicaron los esfuerzos de decenas, de cientos de Organizaciones de la Sociedad Civil, profesionales voluntarios y médicos que salieron a atender o a tender puentes allí donde el sistema privado de salud nunca llega y donde el público –precario y muchas veces deficiente–, acuciado ahora por las urgencias del nuevo coronavirus, no llegaba a abarcar.

Si bien el gasto en salud en la Argentina equivale a cerca de un 10 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) y se trata de uno de los más elevados de América latina, lo cierto es que, en todo el territorio, cerca de 17 millones de habitantes carecen de cualquier tipo de cobertura. ¿Qué hacen las OSC y cómo reconstruir un sistema sanitario digno y equitativo?

 

Poner el cuerpo

“Está todo planificado desde la desigualdad”, define con contundencia el pediatra rosarino Gustavo Farruggia, fundador y referente de La Higuera, una asociación civil que trabaja en el Impenetrable Chaqueño, tanto en la atención de la salud, como en la generación de alternativas productivas para familias en situación de extrema vulnerabilidad social.

En medio del aislamiento social, preventivo y obligatorio que rigió para mitigar la expansión del virus, La Higuera se vio desafiada a asistir a comunidades cuyos pobladores habían perdido toda posibilidad de ser atendidos, incluso en aquellos pocos hospitales a los que, con esfuerzo, de cuando en cuando lograban llegar.

Enfermedades crónicas sin seguimiento, tratamientos ni control, desabastecimiento en cuanto a métodos para la prevención de embarazos y atención de la salud reproductiva y falta de medicamentos, fueron algunas de las dificultades que atravesaron con mayor crudeza las personas en contextos de vulnerabilidad, a lo largo y ancho del país, y que, ahora, frente a la irrupción de una segunda ola de la enfermedad en la Argentina y las demoras en la vacunación a nivel global y también local vuelven a encender señales de alarma…

 

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