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Una cooperativa de reciclado de Pinamar y la Facultad de Arquitectura de la UBA desarrollaron ladrillos a partir del telgopor recuperado. Además de evitar la contaminación, son materiales más livianos y tienen mejor aislación que los convencionales.

 

Texto María Gabriela Ensinck.

 

Envases de helados, conservadoras, tablas y barrenadores de telgopor son parte del paisaje de verano en las playas. Pero al terminar la temporada, se convierten en una pesadilla por su alto poder de contaminación y su difícil tratamiento, ya que ocupan mucho volumen como para ser reciclados.

A partir de este problema, a comienzos de este año la cooperativa Reciclando Conciencia de Pinamar contactó al arquitecto Carlos Levingston, vecino del municipio bonaerense y director del Centro Experimental de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (Fadu) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde se estaban desarrollando materiales de construcción a partir de plásticos y otros desechos.

De este modo, la Fadu aportó planos de máquinas trituradoras de telgopor y capacitación para el desarrollo del prototipo del ladrillo. Actualmente la cooperativa está encarando la industrialización del producto y se espera que antes de fin de año se puedan fabricar de 100 a 500 unidades diarias, dependiendo de los volúmenes de telgopor que se puedan recuperar.

Para la producción del bloque, el telgopor primero se muele, luego se mezcla con cemento y aditivo, y finalmente se coloca en moldes creados a partir de los prototipos.

“El telgopor es altamente contaminante si se lo arroja a un basural y no tiene un circuito comercial sostenible, por lo que su tratamiento –ya sea por las distancias o por el volumen transportado– es costoso”, comenta Carlos Méndez, presidente de Reciclando Conciencia.

Es por eso que el ladrillo fabricado a partir de poliestireno expandido ofrece una doble solución: por un lado evita la contaminación y, por el otro, genera un material para la construcción que ayuda a conservar la energía y reducir costos en las viviendas.

Los ensayos realizados por la Fadu demostraron que aunque los bloques de telgopor tienen un tamaño similar al de los ladrillos convencionales, son un 40 por ciento más livianos, muy resistentes y tienen una excelente aislación térmica y acústica.

 

Lazos de solidaridad

Parte de la producción de estos ladrillos de color gris está siendo destinada a la ampliación del área productiva de Reciclando Conciencia, mientras que, en una segunda etapa, se utilizarán para construir o ampliar la propia vivienda de los miembros de la cooperativa.

Ubicada en Pinamar, Reciclando Conciencia cuenta con una planta de transferencia en la Costa Atlántica habilitada por el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible. A través de cien centros de acopio (islas ambientales) situados en calles e instituciones educativas de Pinamar, Valeria del Mar, Cariló y Ostende, recibe residuos previamente separados por los vecinos.

La cooperativa nació en 2010, a partir de una huelga municipal de cinco meses en la que colapsó el sistema de recolección. “Los vecinos empezamos a separar y reciclar los residuos por necesidad. Hoy somos 34 personas, 11 trabajan a tiempo parcial y el resto vive enteramente de esto”, cuenta Carlos Méndez.

“Somos una de las pocas cooperativas que, además de separar los residuos, los valorizamos y creamos productos a partir de ellos. Hoy estamos produciendo cien bloques por día en escala artesanal. Uno de los obstáculos para ampliar la producción es el volumen que necesitamos. Esta temporada bajó el consumo de electrodomésticos, que vienen envueltos en telgopor, con lo que pudimos acopiar poco material. Estamos pensando en regionalizar el recupero, hablando con otros municipios como el de General Madariaga”, señala el presidente de Reciclando Conciencia.

Gracias a la capacitación constante y a la reinversión en maquinarias, la cooperativa separa más de 16 tipos de materiales. Y además de los ecoladrillos, produce placas de plástico reciclado con las que se construyen sillas, mesas, maceteros, cestos de basura y cuchas para perros. También cuenta con una línea de recupero de metales, que luego son revestidos con placas de este plástico reciclado.

“Hoy podemos decir que Reciclando Conciencia es sustentable: desde lo ambiental, lo social y lo económico. Los primeros cuatro años fueron muy difíciles. Teníamos que tener otro trabajo para poder subsistir. Reinvertíamos todo lo que entraba y los socios retirábamos muy poco. Desde hace dos años podemos pagar a nuestros socios el equivalente de un salario mínimo”, afirma Méndez, quien trabajaba en empresas de construcción y a partir de la creación de la cooperativa, a la que hoy dedica el ciento por ciento de su tiempo, se especializó, junto con otros integrantes en Gestión de Residuos Sólidos Urbanos a partir de una beca que les otorgó la Universidad Isalud.

“Desde que nació Reciclando Conciencia, buscamos tanto la inclusión social como el cuidado ambiental y el desarrollo personal de los socios”, sostiene. El ecoladrillo es una buena síntesis de eso: por un lado, resuelve un tema de contaminación por telgopor y, por otro, genera un producto que ayuda al crecimiento de la cooperativa y sirve para la construcción del hogar de algunos de los socios.

 

Cómo conectarse | Cooperativa Reciclando Conciencia: Facebook: CoopRecConciencia

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