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La pandemia obligó a mirar las problemáticas preexistentes de los grandes espacios urbanos y visibilizó la necesidad de contar con metrópolis más saludables y menos desiguales.

 

Texto Rode Classen.

 

La crisis del Covid-19 reanimó y amplió un diálogo en torno del tipo de ciudades donde se habita. No sólo porque los espacios urbanos se convirtieron en el epicentro de la pandemia –allí se concentró el 90 por ciento de los casos registrados de coronavirus, según un informe que Naciones Unidas publicó en julio–, sino porque la emergencia puso en evidencia las desigualdades, falencias y problemáticas de las metrópolis actuales.

“El Covid-19 ilumina y, en muchos casos, exacerba las problemáticas preexistentes. Una de las más dramáticas es la fragmentación social de nuestras grandes ciudades. Tenemos un serio problema de segregación social y de fuertes desigualdades en el acceso a bienes públicos, como transporte público, áreas verdes, seguridad, conectividad, salud, educación, entre otros, que no sólo son un problema de equidad, sino de funcionamiento de las ciudades. La pandemia y el aislamiento obligatorio afectaron de manera desproporcionada a quienes habitan en condiciones de gran vulnerabilidad. Es imperativo llevar mejor ciudad adonde hoy no la hay”, opina Sebastián Lew, director del Programa de Ciudades del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).

Fernando Bercovich, sociólogo, propone pensar los efectos de la pandemia en los pilares de la vivienda, movilidad y espacio público. “Las condiciones de hacinamiento fueron muy notorias cuando se dieron los primeros brotes en los barrios populares, donde el aislamiento y la distancia social eran más difíciles de cumplir. En términos de movilidad, los contagios en el transporte público pusieron un desafío, hubo que buscar alternativas para la gente que se tenía que mover sí o sí y el auto fue ganando terreno, pero, como sabemos, es poco sustentable. Con respecto al espacio público, cuando se flexibilizó la cuarentena en la Ciudad de Buenos Aires vimos que el espacio verde es muy escaso y está mal distribuido”, detalla.

Otro aspecto que remarcan los referentes en urbanismo es la necesidad de una gestión metropolitana coordinada. “Tenemos el desafío de mejorar la manera en que gobernamos y gestionamos nuestras ciudades. La mayoría de ellas está dividida administrativamente en distintos municipios y en general, no cuentan con mecanismos de coordinación entre ellos a escala metropolitana. La propagación del Covid-19 no respeta los límites municipales y requiere respuestas mejor coordinadas, obliga a pasar a una lógica de ciudad basada en cómo éstas funcionan en la realidad”, explica Lew.

 

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