Compartir

Una OSC surgida en Ecuador logró expandir su lucha contra el trabajo infantil por Perú, Bolivia y Argentina. El intercambio de experiencias y la mirada regional permite potenciar las acciones, que también apuntan a la educación y la salud de niñas, niños y adolescentes.

Texto Alejandro Cánepa.

 

Como la Cordillera de los Andes, que une distintos países de América del Sur. Ése es el recorrido institucional que realiza la Fundación Desarrollo y Autogestión (DyA), que nació en Ecuador y se extiende, en una especie de calco de esa cadena montañosa, por Perú, Bolivia y Argentina. Lucha contra el trabajo infantil, producción, educación y salud son los pilares en los que se apoya el plan de acción de esta OSC. Tercer Sector dialogó con distintos representantes de DyA para conocer sobre esas líneas.

El suelo ecuatoriano y 1988 son las coordenadas de espacio y tiempo que marcan el nacimiento de la organización. El titular de la sede en ese país y director ejecutivo en general, Juan Samaniego Fromet, explica: “Diseñamos e implementamos modelos para prevenir y atender el rezago escolar, el trabajo infantil, el empleo juvenil y la protección integral de los niños y jóvenes. La dimensión de la exclusión de los chicos en nuestros países significa millones de personas”. A modo de muestra, destaca el logro de que Ecuador se considere “libre de trabajo infantil en basurales”, ya que era en esas áreas donde más se registraba participación laboral de chicos y chicas.

La nutrición es otra apuesta. En el cantón de Cayambe, DyA focalizó su energía en respaldar el Plan Intersectorial de Alimentación y Nutrición Ecuador (Piane), impulsado desde el Estado. Mediante esa iniciativa, trabajaron con 65 comunidades rurales kichwa, a través de abordajes educativos y sociosanitarios. Así, detectaron que en el cantón casi la mitad de los chicos padece anemia. Por otra parte, se hicieron talleres educativos que retoman los saberes ancestrales del pueblo kayambi. También se dedican a la prevención de violencia en entornos educativos, otorgando a los docentes rurales un rol central en el cambio buscado. “La violencia física, psicológica y sexual, expresada en diversas formas de maltrato, negligencia, trabajo infantil, abuso sexual, incesto y violación sexual”, son las principales problemáticas familiares que registran los maestros y que se expresan en las aulas, dice Samaniego Fromet.

 

Generar política pública

Sobre el rol del Estado, considera que “es un aspecto central” y que los gobiernos de Ecuador y de Perú han tomado algunos modelos desarrollados por DyA. Justamente en territorio peruano se encuentra otra de las sedes de la organización. Desde allí, María Gloria Barreiro Ríofrío, directora de la oficina en Lima, explica cómo la lucha contra el trabajo infantil es la prioridad y qué hace la organización: “Hemos trabajado con mucha profundidad el tema del trabajo infantil agrícola y para el caso de Perú contamos con una caracterización en agricultura, a partir de la cual pudimos establecer con mucho detalle las actividades en las que existe riesgo de trabajo infantil, desde el inicio del proceso productivo (con la limpieza del terreno, desmalezado, abonado, etcétera) hasta la etapa posteriora la cosecha”. Ese estudio les permitió “contar con un instrumento para la asistencia técnica a las familias productoras agrícolas que señala cuáles son las actividades peligrosas y cuáles no, clasificadas por edad y medidas de seguridad y salud”, agrega.

El Proyecto Semilla, por caso, se implementa en las regiones peruanas de Junín, Pasco y Huancavelica para validar estrategias de educación, generación de ingresos y sensibilización dirigida a atender los problemas educativos de los niños, niñas y adolescentes, a mejorar alternativas que impulsen la economía familiar y a sensibilizar a la población sobre los riesgos de estas prácticas en la niñez. Las producciones de café, cacao, palta y espárragos incorporan a los chicos en algún tramo de sus cadenas, y DyA busca incidir en que esas tareas se reduzcan o se eliminen.

El Proyecto Semilla, además, plantea un programa de reconversión laboral en zonas rurales para adolescentes, a los que se les brinda capacitación técnica, apoyo a emprendimientos y formación en habilidades sociales. Barreiro revela que “varias de las iniciativas diseñadas y puestas en marcha por DYA en Perú, son ahora programas nacionales y/o regionales que han aportado al Estado respuestas más eficientes frente a problemas como el rezago escolar severo, la exclusión educativa especialmente entre adolescentes rurales, el trabajo infantil peligroso y el empleo adolescente”.

La ecuatoriana Maró Guerrero, en tanto, dirige la sede argentina de la fundación y trabaja en DyA desde hace veinte años. Ella explica que el proceso de expandirse hacia otros países latinoamericanos se basa en que “compartíamos realidades y encuentros, veíamos que teníamos problemas similares y generábamos soluciones peculiares, y que había dificultades para conseguir recursos. Así que hicimos este intento de asociarnos y de recuperar experiencias ya hechas en la región, no que venían empaquetadas desde afuera”. En el caso argentino, en alianza con otras OSC, buscan erradicar el trabajo infantil en las producciones de yerba mate y arándanos. También, junto a Unicef, desarrollan un proyecto de capacitación en tecnologías para escuelas rurales.

El especialista argentino en programas de desarrollo urbano y social Félix Bombarolo, que colabora en tareas de planificación de proyectos de DyA, destaca que los aspectos positivos del arraigo en cuatro países sudamericanos son la “variedad y riqueza de enfoques, la diversidad cultural, el respeto por las culturas locales, los aprendizajes cruzados, el intercambio de saberes y la mirada regional”. Si el trabajo infantil es una problemática que cruza fronteras, quizá lo más sensato sea, como intenta DyA, seguir esa misma trayectoria.

 

Cómo conectarse | Fundación Desarrollo y Autogestión (DyA): www.dya.org.net

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here