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Las compañías locales se suman a esta tendencia que se expande en el mundo. Reducir, reutilizar y reciclar, las claves de este nuevo paradigma productivo. Y la capacidad de incidencia de los consumidores, a través de su poder de compra.

Texto Rocío Galván.

La producción de bienes y servicios tal y como la conocemos hoy está acelerando su transformación a nivel mundial. Nos estamos alejando cada vez más del modelo lineal con etapas de extracción indiscriminada de materias primas, procesos de producción contaminantes y consumo voraz: la versión más tradicional del capitalismo moderno. Frente a este paradigma, que va a contramano del ciclo de la naturaleza y de cualquier opción de desarrollo sostenible, se alza otro: un esquema de economía circular que gana cada vez más adeptos en la Argentina.

Este modelo se podría sintetizar con tres palabras: reducción, reutilización y reciclaje, donde cada uno de los elementos que forma parte del engranaje de la producción cumple un rol y es aprovechado al máximo, en una convivencia mucho más sana con el medio ambiente.

La economía circular apunta a la utilización de la mayor cantidad posible de materiales biodegradables en la fabricación de bienes para que su retorno a la naturaleza tenga el menor impacto negativo. En los casos en los que no se pueda utilizar este tipo de material, se buscará recuperarlo para luego reincorporarlo al ciclo de producción. Y si este último paso no es posible, se buscará reciclarlo en una forma amigable con el medio ambiente.

 

Primeros pasos

La reparación, la valorización, el uso de fuentes renovables y la organización industrial estratégica, con una gestión optimizada de stocks y flujos de materiales, energías y servicios son otros de los valores fundamentales de este nuevo paradigma productivo.

El coordinador del área de Ambiente y Técnica del Consejo Empresario Argentino para el Desarrollo Sostenible (Ceads), Miguel Núñez, sostuvo en diálogo con Tercer Sector que, a nivel nacional, “el tema ha cobrado notoriedad en la agenda empresaria fruto de la tendencia internacional. Si bien queda un largo camino por recorrer, se ha comenzado a dar los primeros pasos”.

Señaló que, sin embargo, hay algunas causas que dificultan el avance de este modelo en el país en cuanto a la gestión de residuos. Estas problemáticas van desde las dificultades legales para su reutilización en otras industrias, como su traslado, pasando por la estructura de costos que implica procesarlos, hasta el hecho de que el tema no ocupa aún un lugar prioritario en la agenda ciudadana.

Pero más allá de todo el trabajo que queda por delante para facilitar una producción más sustentable, muchas empresas nacionales comenzaron a sumarse a la nueva tendencia.

Una de ellas es Cervecería y Maltería Quilmes, que está pensando su modelo de negocios desde la semilla hasta la botella, “a través del cuidado de los recursos naturales, desarrollando envases que cumplan con las 3R: reducir, reusar y reciclar, e implementando iniciativas para mejorar las operaciones logísticas y reducir las emisiones de dióxido de carbono”, precisó Vanesa Vázquez, jefa de Sustentabilidad de la empresa.

En esta línea, Quilmes lanzó recientemente ReVuelta, un modelo de negocios que apunta a la incorporación de proveedores de triple impacto. “Modificamos nuestra matriz de compra para lograr diversidad en la cadena de valor, tener mejores y distintos insumos y servicios y contribuir al crecimiento de la economía y el desarrollo de empleo directo. Con ReVuelta, buscamos contribuir con el crecimiento de PyMEs, emprendedores, start ups e impulsar el desarrollo de economías locales y regionales”, detalló Vázquez.

Desde Natura, otra de las empresas que históricamente ha formado parte de esta tendencia, sostienen que “es importante tener en cuenta que el consumidor cambió y es promotor de cambios culturales, porque tiene diferentes aspiraciones como la honestidad, las experiencias, la posibilidad de generar impactos”, según señalaron voceros de la firma. Este año recertificó como Empresa B, reconocimiento que se da a las compañías que utilizan el poder del mercado para dar soluciones concretas a problemas sociales y ambientales, a partir de su trabajo con cooperativas de la Amazonia, la innovación tecnológica y el impulso de la educación y capacitación de sus colaboradores, entre otras iniciativas.

FuenteRSE Edición 112
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