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Una red de organizaciones sociales trabaja para impulsar el desarrollo digital en el Gran Chaco, a través de lideresas de comunidades rurales. El objetivo: mejorar la calidad de vida de productores indígenas y criollos, con el foco puesto en la adaptación al cambio climático y la autogestión.  

 

Texto Eduardo Santachita.

 

El Gran Chaco tiene una superficie aproximada de 1,39 millón de kilómetros cuadrados, equivalente a media Argentina, y está habitado por alrededor de 3,8 millones de personas. Sin embargo es una región olvidada. Es el segundo bosque nativo más grande de América latina, después de la Amazonia. No obstante, en los medios masivos de comunicación argentinos se suele dar más importancia a esta zona tropical que al Gran Chaco, que ocupa gran parte de los territorios de Salta, Formosa, Chaco y Santiago del Estero, además de vastas regiones de Bolivia y Paraguay.

Nanum Mujeres Conectadas es un proyecto trinacional que se propone un objetivo tan ambicioso como disruptivo: impulsar una mejor calidad de vida para las comunidades originarias que viven y producen en el Gran Chaco.

“Hay una deuda histórica en inversión pública en la región”, explica Florencia Iacopetti, coordinadora general de Nanum y gerente programática de la Fundación Avina, que trabaja para el desarrollo sostenible de la zona desde hace quince años. Y reclama: “Las provincias del Noroeste Argentino parecen ser de segundo grado, como si tuvieran un estatus menor”.

 

Antecedentes

El proyecto nace a partir de dos experiencias previas. Una, llamada Gran Chaco Nanum Village, comenzó de la mano de Fundación Gran Chaco y la empresa Samsung Argentina, a la que le debe su nombre. En coreano, Nanum significa compartir. “Cuando el presidente de Samsung iba a la comunidad wichí Lote 8, decía que le recordaba su infancia, una Corea indígena y pobre que vivió un progreso descomunal”, cuenta Fabiana Menna, presidenta de Fundación Gran Chaco y gerenta de la parte argentina del proyecto actual. Esa primera iniciativa logró instalar en las comunidades veinte centros Nanum conectados a internet y liderados por mujeres, donde el 90 por ciento de los asistentes que se acercaban nunca había utilizado un dispositivo digital. “El impacto en las comunidades fue impresionante”, sostiene Silvina Sampastu, coordinadora general de ese primer proyecto y actual responsable del plan de formación. Y cuenta: “Empezaron a vender artesanías online, los jóvenes aprendían a reparar celulares, incluso muchos adultos terminaron sus estudios en estos centros. Así notamos que el camino era por ahí”. Las comunidades indígenas están lejos de cualquier centro urbano y sólo tienen una limitada señal de celular en sectores acotados.

La segunda experiencia que dio origen a Nanum Mujeres Conectadas se llamó Gran Chaco Proadapt. Al igual que la iniciativa actual contó con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y promovió la adaptación de las mujeres al cambio climático, con un sistema de alertas para prevenir inundaciones y sequías. “Este proyecto demostró que donde las mujeres participan, los procesos se aceleran y eso después se contagia a toda la comunidad”, relata Iacopetti. El desmonte y el avance de la soja dieron un rol más pasivo al varón indígena, que tradicionalmente se ocupaba de cazar y recolectar frutos. “Hoy sobrevive con changas y planes sociales”, explica Sampastu.

 

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