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Aunque actualmente atraviesan una situación “de emergencia”, las instituciones que otorgan microcréditos motorizadas desde la sociedad civil son una llave fundamental para experiencias de la economía social y popular.

María Silvia Ábalo, directora ejecutiva de la Red Argentina de Microcrédito (Radim), destaca el acompañamiento que este tipo de entidades le ofrecen al emprendedor y señala como uno de los aspectos más problemáticos de la actualidad la “falta de fondeo para las microfinanzas”. Son 23 las instituciones que integran la red y, de ellas, 19 son OSC. “Hay un serio problema de financiamiento del sector, que lo está haciendo prácticamente inviable”, advierte.

“Llegamos a una población que está subfinanciada o mal financiada, porque siempre hay algún financiador barrial, pero no se ocupa de que la persona vaya adquiriendo habilidades, capacitaciones, ni de que pueda acceder a la atención de su salud o a la Justicia”, explica Ábalo.

También alerta sobre el actual “aluvión de fintech” (financiadores por internet) y el fenómeno de “sobreendeudamiento” que se está dando en microemprendedores “sin mucha educación financiera”.

“Las estimaciones indican que, en el país, hay unos 2 o 3 millones de microemprendedores; nosotros, desde Radim, llegamos a menos de 100 mil. Es mucho el dinero que hace falta y también algún tipo de fomento desde las políticas públicas, si se considera que lo que hacemos es útil”, sostiene Ábalo, al tiempo que critica las obligaciones impositivas y legales que pesan sobre el sector.

 

Bancos comunales

Nuestras Huellas es una OSC que, a través de “bancos comunales”, acompaña a más de 650 emprendedores en los municipios bonaerenses de San Fernando, Tigre, San Isidro, San Martín, San Miguel, José C. Paz, Malvinas Argentinas, Escobar y Pilar. “El banco comunal es un espacio de pertenencia, donde las mujeres emprendedoras se asocian y trabajan de manera conjunta, mancomunada, con el bien común como pilar”, explica en diálogo con Tercer Sector María Paz González, directora ejecutiva de la organización, quien señala que lo que en definitiva intentan a través de esta metodología es que las mujeres sean “cada vez más libres”.

Florencia Beltramo tiene 36 años y, después de trabajar mucho tiempo en un centro de estética, pudo montar uno propio en General Pacheco, frente al Hospital General de esa localidad bonaerense. “Yo siempre veía imposible independizarme porque las máquinas eran muy caras e inalcanzables. Ahora trabajo para mí, soy mi propia jefa y pude cumplir mi sueño”, cuenta sobre su experiencia con uno de los bancos comunales de Nuestras Huellas. Incluso, asegura que ahora toma “mejores decisiones al momento de invertir o de gastar plata”.

 

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