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El especialista | Por Griselda Lassaga *

¿Existe ese más allá? Sí, existe y profundiza el cambio por el cual las empresas privadas necesitan articular acciones con otros sectores, ya sean organizaciones sociales o públicas.

Como consultora e investigadora colaboro con diferentes empresas, algunas de las cuales lideran cambios estratégicos. Lo que se puede afirmar que, tanto un grupo corporativo, una empresa pyme o una organización social, muestran capacidades distintivas para la toma de decisiones que las llevaron, a cada una de ellas, a superar escollos propios del egocentrismo capitalista tradicional, y a consolidarse en el tiempo a través de un cambio cultural positivo.

Me resuena la frase “humanizar los negocios”, como si no fueran personas quienes los crean; reforzando las conversaciones en, sobre y para los negocios. Ahora bien, para cimentar el cambio, ¿se necesita de la habilidad para crear alianzas y, como consecuencia, aprendizaje colectivo? Y, si así es, ¿cómo reconocer esos talentos para asegurar el aporte a la construcción de un modelo de gestión, más ajustado a los requerimientos de un planeta en profunda transformación?

El poder ¿tiene cara de…? ¿O tiene varias caras en un mismo juego?

Si hacer negocios es crear valor para los diferentes grupos de interés vinculados con la empresa, se podría decir que hacer negocios implicaría “ganar-ganar”, tanto para los accionistas, los clientes, proveedores, empleados o el medio ambiente.

Veamos un ejemplo, es el trabajo de Amartya, asociación civil, y su trabajo cooperativo en el PlanMar. A través de alianzas logró cambiar el vínculo de la localidad bonaerense de Mar Chiquita con la sustentabilidad. El mayor hito es la construcción de la Escuela Pública Sustentable, como resultado de la articulación entre las organizaciones civiles: Amartya, Tagma –que sumó su experiencia previa– y Earthship, que aportó el método constructivo. Cada organización sumó su propio aprendizaje potenciando uno mayor: el poder grupal. Además, ahí se destaca la amplia participación de la comunidad, que realizó la recolección de los materiales que conformaron el 70 por ciento de construcción de obra (latas, cartones, botellas). A esto se sumaron los 200 voluntarios, que tras todo el estudio de factibilidad (normativas, terrenos, planos, etc.), construyeron la escuela, en tan sólo 45 días. ¡Poderosa articulación!

Este caso muestra el claro resultado, de suma estratégica de educación ambiental y participación ciudadana, constituyéndose en un modelo replicable en otras regiones del país. Entonces, si éste es el resultado de construir alianzas: ¿por qué se desaprovecha la creación de redes? También cabría preguntarse, ¿es tan fuerte el egocentrismo que no se puede reconocer al otro? Ese otro que potencia las estrategias, aunque cuestiona a rajatabla, la gobernanza y el poder particular.

En definitiva, siempre la clave son las personas. Aquellas que se cuestionan y apuestan al cambio como nuevos aprendizajes, que redefinen su accionar individual; por ende, colectivo. En definitiva, son estas respuestas disruptivas e innovadoras las que logran obtener lo mejor de un grupo humano, lo que significa respetar los talentos personales y su diversidad colectiva para crear ventajas humanas y eficaces. Es ir mucho más allá de la RSE, con coherencia entre los valores personales y organizacionales, cimentando el coraje para cambiar y profundizar en el corazón mismo de los negocios.

 

* Dra. Griselda Lassaga integra la Comisión Directiva de Amartya, es profesora de Etica y RSE para la Escuela de Negocios en Posgrado de la Universidad de Belgrano, Argentina.

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