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La estrategia de este país insular para mitigar el avance del coronavirus fue puesta como ejemplo a nivel global. Sin embargo, tal como sucedió en otras naciones, las organizaciones sociales locales advierten que, también allí, la pandemia profundizó la desigualdad.

Texto Alejandro Cánepa.

 

El Covid-19 impactó en todos los países, pero en cada uno marcó peculiaridades. Mientras que, en España, Italia, Brasil y Estados Unidos, sólo por nombrar algunos, el virus se contagió con mucha rapidez, en otros, lo hizo a cuentagotas. Uno de estos ejemplos es Nueva Zelanda. ¿Qué dicen las organizaciones sociales de esa nación de Oceanía, célebre por los All Blacks y fondeada gracias a las exportaciones de carne de vaca, oveja y cabra, de leche y de aluminio? Tercer Sector escarbó entre aquellas entidades para conocer el panorama de la pandemia en esas islas.

Cuando se conocieron los primeros 50 casos de coronavirus, en marzo, el gobierno neozelandés, dirigido por la socialdemócrata Jacinda Ardern, restringió la circulación. En poco tiempo dejaron de encontrarse personas con Covid-19. Tras pasar cuatro meses sin nuevos positivos, en agosto se volvieron a registrar, aunque sin que se produjera un avance desmedido. Hasta comienzos de septiembre, en ese país hubo 1.441 personas con la infección y apenas murieron 24, un 1,5 por ciento de las contagiadas a las que se les detectó la presencia del virus.

Las OSC, de todas formas, diseñaron sus estrategias para mitigar las consecuencias de la llegada de la enfermedad. “El centro de visitantes Maanaki Manuhiti ayuda a la gente con visas temporarias en Nueva Zelanda, que tiene necesidades básicas como vivienda y alimentación”, explica Mary Baines, de la Cruz Roja neozelandesa, para hablar de lo que realizan en la sede de Auckland. “Ahora, el país está en alerta nivel 2, esto significa que se necesita mantener dos metros de distancia, lavarse las manos con frecuencia, llevar un tapaboca sólo en el transporte público, quedarse en casa y llamar al médico si se sienten síntomas de Covid-19”, agrega.

A fines de marzo, el gobierno neozelandés aplicó el confinamiento más estricto, denominado Alerta 4, que implicaba cierre de las fronteras y que las personas sólo podían salir para comprar alimentos y remedios y para ir al médico. Eso sí: los habitantes estaban autorizados a hacer ejercicio en los alrededores de las casas, incluidos los chicos.

Por supuesto, también los trabajadores considerados “esenciales” por las autoridades podían circular. Otro dato no menor es que la primera ministra Ardern no usaba metáforas bélicas como “guerra” o “trinchera”, tan frecuentes en muchos otros políticos. Y algo no menor: en el Parlamento se formó, por iniciativa del gobierno, un Comité de Respuesta Epidémica integrado por once legisladores y con mayoría del principal partido opositor.

 

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