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Frente a la grave crisis económica que dejó a millones de personas en situación de pobreza, las ONG salieron a dar respuesta a las necesidades más urgentes. Cómo se organiza la ayuda para reconstruir el tejido social a lo largo de todo el país.

 

Texto Silvina Oranges y Andrea Vulcano.

 

En países con un núcleo de pobreza estructural como el de la Argentina, las crisis se hacen notar aún más, con el recrudecimiento de las carencias en las condiciones de vida de decenas de miles de familias. En ese contexto, hostil y de escasos recursos, las experiencias solidarias se multiplican y las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) aparecen, otra vez, para dar respuesta allí donde el Estado no está, no alcanza o no llega –o no quiere– mirar.

A diferencia de lo que ocurrió en 2001, cuando la crisis sacudió a las estructuras mismas de la nación, la actual emergencia –signada por un sinnúmero de variables económicas, agravadas por la abrupta devaluación tras las Paso– encontró a una sociedad civil más organizada, con un camino de adversidades transitado y, muchas veces, con la experiencia y la potencia de haber tejido lazos, a lo largo y ancho del país.

Los diagnósticos coinciden en la gravedad de la situación social que el próximo gobierno –sea cual fuere– deberá enfrentar, con 16 millones de personas en la pobreza, de las cuales casi 3,5 millones se encuentran en la indigencia, según las últimas cifras del Indec. A ese dramático escenario se agrega la crudeza con la que, en particular, el cuadro afecta a niños, niñas y adolescentes, con la mitad de ellos en la pobreza.

Frente a este contexto, ¿podemos ayudar? Desde lo individual, lo colectivo, hasta aquel que espontáneamente lleva consigo comida y abrigo para donar o se suma al trabajo de OSC ya consolidadas, son todas distintas formas de colaborar, para no mirar impávidos, con los brazos cruzados, la triste realidad.

“La esperanza no es un sueño, sino una forma de hacer que los sueños se hagan realidad.” Así se presenta la Fundación Gestionar Esperanzas, que, junto con el grupo de teatro La Escena Solidaria y la ONG Desde Tu Lugar sumaron granitos de arena para que, tras una mudanza, el comedor Pancita Feliz pudiera retomar su ritmo habitual de trabajo en el corazón del barrio La Cava, en el norte del conurbano.

“Pancita Feliz necesitaba plata para poder poner en condiciones un nuevo lugar que habían conseguido para funcionar y, por otro lado, se comunicó con nosotros un grupo de teatro que hacía una comedia musical y que quería donar la recaudación de una de las funciones para una organización que lo necesitara. Fue emocionante hacer ese puente”, cuenta a Tercer Sector Mariana Kexel, docente y creadora de la ONG Desde Tu Lugar.

Como muchas otras, esa organización supo capitalizar el poder de las redes sociales tal como sucedió por primera vez allá por 2013, cuando, movida por la impotencia ante los estragos de una gran inundación que azotaba a la ciudad de La Plata, Mariana comenzó a reunir ayuda para los damnificados a través de Facebook.

Mariana Parola es directora ejecutiva de Haciendo Camino, una OSC que trabaja desde hace más de una década en comunidades en situación de vulnerabilidad extrema, donde la pobreza es estructural y las necesidades básicas insatisfechas (NBI) son históricas y permanentes. “Acompañamos a más de mil familias por año y más del 80 por ciento presenta indicadores de NBI”, detalla.

Hay un peculiar y potente hilo conductor en la mirada de estas personas: la esperanza y el afán de contagiar. Por eso, Parola subraya la importancia de “salir del lugar de los pronósticos espantosos para mostrar todo lo que está sucediendo de positivo, que tiene que ver con el compromiso de millones de argentinos. Ojalá que esto aliente a aquellos que se encuentran desanimados para saber que ‘no todo está perdido’, que podemos pararnos en el logro y la satisfacción de brindar lo mejor de nosotros cada día”, resalta.

 

Combatir el hambre

Con su tarea solidaria y muchas veces innovadora, las organizaciones suplen innumerable cantidad de vacíos que deja la insuficiente presencia del Estado. Impulsada por la oposición y apoyada por el oficialismo, el Congreso aprobó en septiembre pasado una ley que prorroga la emergencia alimentaria hasta 2022 y dispone un aumento del 50 por ciento de las partidas destinadas a las políticas nacionales de alimentación. Combatir el hambre es urgente y son muchas las OSC que aportan su invaluable esfuerzo en este terreno.

Desde hace 18 años, el Banco de Alimentos de Buenos Aires busca contribuir a reducir el hambre y evitar el desperdicio de alimentos. Reciben donaciones de alimentos de parte de empresas, productores agropecuarios y supermercados, que luego se distribuyen entre organizaciones que dan de comer en el lugar a personas que lo necesitan. Así, a través de 1.062 OSC de la Ciudad de Buenos Aires y 37 partidos del área metropolitana, el Banco de Alimentos colabora con la alimentación de más de 140 mil personas por día.

“A lo largo de este año se observó un incremento en la lista de espera en relación con años anteriores. También en la cantidad de platos que los comedores manifiestan servir, particularmente por el aumento de la entrega de viandas a familias”, dice a Tercer Sector Marisa Giráldez, su directora. Con un promedio de 400 toneladas de donaciones mensuales, este año llevan recibido un 5 por ciento más que en igual período de 2018.

Además, en agosto pasado comenzaron a realizar un rescate semanal de frutas y verduras en el Mercado Central, en una nave acondicionada especialmente. Ahí, todos los lunes, voluntarios clasifican y fraccionan los alimentos, que luego son distribuidos entre organizaciones sociales. A eso se sumó, además, la creación de una aplicación que conecta donantes con beneficiarios en forma directa y evita así el paso por el depósito.

“A pesar de las adversidades que enfrentan es muy alentador ver cómo se organizan las ONG y hacen un esfuerzo extraordinario para contener situaciones que, en muchos casos, son extremas. Muchas se organizan en red y eso las fortalece. Es para destacar, la labor que hacen los referentes sociales. Ellos son los verdaderos héroes en esta historia”, destaca Giráldez.

 

Esfuerzos múltiples

Cáritas es otra de las organizaciones emblemáticas que trabaja en todo el país. Con sus 32 mil voluntarios y 3.500 equipos de trabajo, viene aumentando sus programas de ayuda inmediata “ante situaciones de pobreza, duplicando esfuerzos, para llegar a todos los hermanos que sufren”, dicen desde este organismo de la Iglesia católica que lleva adelante la pastoral caritativa.

Para su titular, el obispo de Quilmes, monseñor Carlos Tissera, la crisis de 2001 “fue un golpe muy fuerte donde las comunidades no estaban organizadas como están ahora”. Por eso, entiende que, si bien el contexto actual representa “un sacudón muy fuerte para las clases pobres y medias”, hoy existe “un tejido de organizaciones que han podido sostener o soportar el golpe”. “Si no, hubiera sido peor”, remarca, al tiempo que señala “la apertura de comedores y merenderos barriales, el resurgimiento del trueque y las iniciativas solidarias de prácticas de trabajo” que ven en todo el territorio.

“En cuanto a ayuda alimentaria, la actividad se vio incrementada por la gran demanda en las distintas formas en que entregamos alimentos: copas de leche, merenderos, comedores, bolsas de alimentos y viandas. Además, notamos un aumento en la cantidad de niños –junto con sus madres– y de adultos mayores en nuestros comedores y merenderos”, explican desde Cáritas. Más allá de lo alimentario, trabajan en educación, primera infancia, economía social y solidaria, autoconstrucción de viviendas, adicciones y ayuda inmediata ante situaciones de pobreza o emergencia climática.

Con un servicio de duchas, provisión de artículos de higiene y desayuno, Cáritas de Lomas de Zamora tiende su mano a los sin techo de esa zona castigada del conurbano. En Mar del Plata, el Hogar Nazaret brinda alojamiento y comida a unas 60 personas por día. Además, en numerosas parroquias del país se replican las llamadas “noches de la caridad”, en las que grupos juveniles llevan viandas de comida y compañía a quienes duermen en la calle. Los ejemplos se multiplican en distintas partes del país.

 

El olvido y más allá

En pocos meses, el Instituto Cultura Popular (Incupo) cumplirá 50 años de trabajo junto a familias campesinas y pueblos indígenas. Lo productivo, lo educativo, el empoderamiento y la organización colectiva son algunos de los aspectos que aborda en comunidades de Santiago del Estero, Chaco, Formosa y parte de Santa Fe y Corrientes.

En la comunidad Qom de Campo Nuevo –un territorio de 704 hectáreas, a unos 30 kilómetros de Pampa del Indio, en Chaco– viven unas 60 familias con todo tipo de necesidades. En medio de la adversidad, también hay logros para celebrar. En este caso fue el acceso al agua, a través de la extensión del acueducto provincial, la instalación de una canilla pública y la construcción comunitaria de 27 aljibes para la recolección de agua limpia. Allí confluyeron, junto con el trabajo de Incupo, fondos del Proyecto Inclusión Socio-Económica en Áreas Rurales (Pisear) y del Proyecto Pequeñas Donaciones de Naciones Unidas.

Mientras esa iniciativa avanzaba, la deuda social se seguía haciendo escuchar. “En Pampa del Indio hay un hospital, pero viene con paros desde hace tres años y sólo atiende la urgencia. Hay algunas salas, pero son para cosas muy básicas”, detalla Isabel Quattrini, de Incupo, en diálogo con Tercer Sector.

“Lo poco que se había logrado estar mejor volvió para atrás. Está empezando a resurgir la escasez de comida o la presencia excesiva de harinas en la dieta. En todo lo que hace al acceso a derechos básicos, las comunidades indígenas, incluso, siempre están atrás del resto”, afirma Quattrini, para ilustrar la magnitud del impacto de la crisis.

“Cuando analizamos la ruralidad se encienden todas las luces de alarma. Cuesta creer que en un país como el nuestro, que basa su progreso en la producción agropecuaria y otras formas de uso de los recursos naturales, los índices de desarrollo humano sean tan bajos en amplias zonas rurales. Hablamos de ciudadanos por un lado y de pobladores rurales por el otro, como si los últimos no lo fuesen. Queda claro que todos tenemos los mismos derechos pero no las mismas oportunidades”, afirma Patricio Sutton, director ejecutivo de la Red de Comunidades Rurales.

 

Ganas de ayudar

“Creo que existe una mayor sensibilización de las problemáticas sociales y, con esto, surgen dos tipos de respuestas: las de las personas que se sienten desbordadas y entran en estado de apatía y las de quienes deciden salir de la queja y confían en que tienen algo que brindar. Tengo la fortuna de estar rodeada de gente del segundo grupo, que no baja los brazos y confía en su responsabilidad personal para con la sociedad”, remarca Mariana Parola, directora ejecutiva de Haciendo Camino. Creada por Catalina Hornos en 2006, esta OSC procura mejorar la calidad de vida de familias en situación de vulnerabilidad social. Para eso cuenta con una docena de centros de prevención de la desnutrición infantil y acompañamiento en Santiago del Estero y Chaco.

Mariana Kexel, de Desde Tu Lugar, destaca como una fortaleza de las OSC su posibilidad de “generar soluciones de manera rápida y efectiva” porque no deben atravesar “toda la burocracia que, desde otros estamentos, hace más lentos los tiempos”. “Podemos hacer que las respuestas lleguen lo antes posible; tenemos más libertad de acción y lo que hacemos es involucrar a las personas que tienen ganas de ayudar a transformar la realidad”, dice Kexel.

“Somos personas simples y diversas que nos unimos para hacer cosas extraordinarias. Somos mucho más que conectores, somos creadores de oportunidades”, resume, por su parte, Patricio Sutton.

 

Leche para todxs

Según el Observatorio de la Cadena Láctea, que depende de la Secretaría de Agricultura de la Nación, en el primer semestre de este año bajó un 13,2 por ciento el consumo de leche en el país, el menor registro desde 2003. Varias de las organizaciones sociales que impulsaron la prórroga de la emergencia alimentaria –como Barrios de Pie y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (Ctep)– llevan adelante campañas para dar respuesta a esta situación.

Con el lema “La pobreza no puede esperar”, Barrios de Pie promueve a lo largo de todo el país la donación de leche en polvo para llegar a 100 mil niños y niñas. “Sostenemos 1.514 comedores y merenderos en 20 provincias, y cada día atendemos a más personas que se ven arrojadas a la necesidad de pedir un plato de comida o una copa de leche”, explica Silvia Saravia, coordinadora nacional.

El Club de la Leche es otra iniciativa de organizaciones populares que llevan adelante de la mano de la red de almacenes populares Buen vivir. Con ella se proponen acercar a la gente “alimentos baratos y de calidad”. “En un país productor de alimentos, no puede haber niños con hambre. No nos quedamos quietos y avanzamos hacia la distribución de alimentos en barrios populares a precios accesibles”, explican. ¿Cómo? Promoviendo el vínculo directo con productores para eludir intermediarios de la cadena de comercialización.

 

Transformar realidades

Con recorridas solidarias, visitas a comedores, escuelas de capacitación, tiendas de “buenas acciones” y campañas en distintos momentos del año, Haciendo Lío –una OSC fundada en 2015 e inspirada en los mensajes del Papa Francisco– sueña con “transformar realidades” para aquellas personas que están en situación de pobreza, a través de un triple abordaje que integre “asistencia, contención y capacitación”.

“Hace apenas un año, no sonaba tanto el timbre o el teléfono como suena hoy, ya sea para pedir comida, ropa o para avisarnos que hay una familia que está en situación de calle. La pobreza nos golpea, literalmente, la puerta todos los días”, cuenta a Tercer Sector Marina Muro, directora y fundadora de la ONG con sede en la localidad bonaerense de Morón y proyectos en marcha en Santiago del Estero, Santa Fe y Santa Cruz.

Este año debieron reforzar sus programas: “Aumentamos las recorridas solidarias, visitamos más comedores, pero muchas veces no alcanza porque la demanda es mayor de lo que podemos abarcar”, advierte Marina.

“Nuestro trabajo no se reduce a la mera asistencia. Tenemos una escuela de capacitación y el programa Tiempo de Oportunidades, para que las personas que están en la calle o asisten a comedores aprendan un oficio. Es un camino difícil porque muchas veces son más las personas que los recursos con los que contamos. Tenemos cupo para 20 y una lista de espera de 40. Tejemos alianzas para dar respuesta a esa lista, que es mucho más que un número; son 40 personas que tienen una esperanza”, afirma la referente de Haciendo Lío.

Además, organizan otras campañas durante el año: “El flujo de donaciones está bastante ligado a la agenda mediática. Cuando se abrieron espacios deportivos y universidades para pasar la noche, recibimos muchas donaciones y muchísimas personas se acercaron para sumarse como voluntarios”, indica Marina. “No alcanza con asistir, es necesario dignificar a las personas. Debemos poner el hombro, las manos y el alma en acción para que los que se quedaron afuera vuelvan a estar integrados”, concluye.

 

¿Lo primero es la salud?

Según datos del Indec, en el último año el precio de los remedios aumentó un 85 por ciento, producto de la devaluación. Desde el sector farmacéutico reportan una situación angustiante y advierten que la gente recorta gastos hasta en medicamentos crónicos para el tratamiento de la hipertensión, el colesterol o enfermedades infecciosas.

Ante este panorama, muchos argentinos debieron recurrir a Organizaciones de la Sociedad Civil que reciben donaciones de medicamentos y los redistribuyen entre quienes más los necesitan. Un ejemplo es la Fundación Tzedaká, que posee un banco comunitario de remedios destinado a la población vulnerable. “La demanda se incrementó considerablemente en los últimos meses, producto del aumento de precios y la retracción de la cobertura de algunos programas oficiales”, dice en diálogo con Tercer Sector Patricia Kahane, directora ejecutiva de la institución creada en 1991 en el seno de la comunidad judía.

En 2018, este banco distribuyó gratuitamente medicamentos por 92 millones de pesos entre 35 mil personas de 20 provincias. “Este año incrementamos en un 30 por ciento las entregas pero también, por primera vez en nuestra historia, debimos cerrar por unos meses la admisión de nuevos pedidos”, cuenta Kahane.

Pese a lo dramático de la situación, considera que no se puede comparar con la de 2001. “Hoy existe un piso mucho más amplio de cobertura del Estado en prestaciones previsionales y Asignación Universal por Hijo”, enumera, para luego concluir que “el sector social aprendió la lección y, desde el punto de vista de su capacidad de gestión, está más organizado y con posibilidad de dar respuestas”.

“La crisis de 2001 fue un golpe muy fuerte, donde las comunidades no estaban organizadas como están ahora.” Carlos Tissera, obispo de Quilmes y titular de Cáritas.

 

 

OPINION

Acceso a los alimentos, una demanda urgente // Por Ianina Tuñón * 

Uno de los temas más urgentes que enfrenta la actual crisis socioeconómica y que afecta a unas de las poblaciones más vulnerables, que es la infancia, es la inseguridad alimentaria.

La asistencia alimentaria directa y gratuita es mayor en el Gran Buenos Aires que en el promedio del país. La ayuda alimentaria en esa región está fuertemente localizada en el espacio escolar y no necesariamente en espacios socio-residenciales de villas o asentamientos o en las escuelas más pobres del territorio. El acceso a los alimentos se ve fuertemente vulnerado para los niños/as no escolarizados y los adolescentes.

El sector social se ha destacado por su aporte en el espacio de la asistencia alimentaria; sin embargo, la crisis actual requiere de un Estado inteligente que pueda llegar a las infancias más vulnerables del territorio del Gran Buenos Aires y el resto del país con políticas de ayuda directa que no sólo consideren el espacio escolar y que adquieran la escala necesaria para lograr garantizar un derecho tan básico como es el acceso a los alimentos en cantidad y calidad.

Esta crisis es significativa y se evidencia en que la mitad de los niños/as de entre 0 y 17 años son pobres en términos monetarios. No se ha llegado aún a los niveles de pobreza infantil que se experimentaron a inicios de los años 2000, donde se estima que el 70 por ciento de las infancias estaban en la pobreza. No obstante, las crisis no deben subestimarse, dado su impacto en el desarrollo humano de las infancias.

* Investigadora responsable del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina (UCA).

 

 

Prioridades // Por Leopoldo Tornarolli * 

En el último año y medio, las estimaciones oficiales de indigencia y pobreza en nuestro país muestran que la incidencia de ambos fenómenos se ha venido incrementando, y esa tendencia se verá confirmada en unos meses, cuando se publiquen las estimaciones correspondientes al semestre en curso.

En la actualidad, 7,7% de nuestros compatriotas son indigentes y 35,4% son pobres. Aunque la gravedad de la situación dista mucho de la experimentada en 2001-2002, cuando la indigencia superó el 20% y la pobreza casi llegó al 70%, se trata de una coyuntura preocupante y que requiere especial atención.

Para detener la caída de más hogares en la indigencia y la pobreza es necesario lograr estabilizar la situación macroeconómica y, con ello, reducir la tasa de inflación. Posteriormente, el país necesitará volver a crecer y generar oportunidades laborales.

En el ínterin es prioritario atender las necesidades más urgentes de aquellos hogares e individuos más afectados por la crisis. En ese sentido, el Estado debe mejorar la coordinación e incrementar sus esfuerzos de asistencia alimentaria, con particular atención en hogares con presencia de niños y niñas, que componen la mayoría que se encuentra en situación de pobreza extrema.

* Investigador del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas) de la Universidad Nacional de La Plata.

 

Situación de calle

La crisis habitacional es otro costado dramático de la situación socioeconómica. En la Ciudad de Buenos Aires, según el segundo censo popular de personas en situación de calle –realizado por diversas Organizaciones de la Sociedad Civil–, al menos unas 7.200 personas debieron dejar sus viviendas luego de perder sus fuentes de trabajo o por no poder afrontar el pago de los impuestos. Además, más de 300 mil personas viven en villas y asentamientos en la capital. A nivel nacional, casi 930 mil familias viven en 4.416 asentamientos, según el último relevamiento nacional de barrios populares.

Para dar respuesta a esta problemática, la llamada Mesa de Alquileres –que conforman organizaciones sociales y de inquilinos, organismos públicos de defensa, legisladores y representantes del mercado inmobiliario– está analizando la posibilidad de trabajar sobre las viviendas vacías u ociosas, que representan más del 9,2 por ciento del total que hay en territorio porteño.

Desde la ONG Techo también buscan poner en la agenda electoral la crisis habitacional que –según sus cifras– atraviesan 4 millones de personas en todo el país. Para ello, proponen un plan a cuatro años para lograr la emergencia habitacional cero, la implementación de la Ley de Barrios Populares y lograr una planificación territorial.

 

Corrientes, entre las más pobres

La provincia de Corrientes registra uno de los indicadores más altos de pobreza, con el 41,4 por ciento de su población en esa situación. Desde la fundación Agrupar, con sede en Goya, le ponen el pecho a esta situación con un banco de alimentos y un centro especializado en nutrición infantil, además de programas de becas educativas. “En la provincia la pobreza es estructural y no se ha modificado en los últimos tiempos. El trabajo de las organizaciones sociales es un paliativo. Nuestros programas aportan su grano de arena a esta realidad. El impacto es importante, pero tan sólo en un sector reducido de la comunidad”, dice Liliana Lupani, presidenta de Agrupar.

Nacida por iniciativa de un grupo de amigos que, en 2002, decidió “convertir inquietudes en acciones”, esta OSC procura “mejorar la calidad de vida de la comunidad de Goya, en armonía con la naturaleza”. “Hace dos años recibimos por primera vez un apoyo sostenido del sector estatal y así pudimos duplicar la cantidad de niños y familias atendidas”, explica Liliana. Ahora articulan también con la Red Argentina de Bancos de Alimentos y con Fundación Cimientos, en un programa de becas escolares y universitarias, a través de padrinazgos personalizados.

 

Desde la tierra

Las huertas comunitarias y la agricultura familiar constituyen para muchas comunidades en condiciones de vulnerabilidad una alternativa para generar sus propios alimentos e, incluso, a veces, un ingreso familiar.

Martín Simón es director de Programas de Fundapaz, una OSC pionera en la defensa de los derechos de comunidades campesinas e indígenas. En ese camino fue conformado un espacio que reúne a 96 organizaciones de ocho provincias, denominado Encuentro de Organizaciones Campesinas e Indígenas del Norte Argentino (Encona). “Muchas trabajan en la defensa de los bosques que el agronegocio intenta destruir en la región chaqueña, donde está la mayor parte de estas poblaciones”, puntualiza Simón en diálogo con Tercer Sector. En este caso, no se trata sólo de una cuestión ambiental: “Ellos están defendiendo estos bosques como parte de su territorio de vida. Ellos producen sin destruir y la mayor parte la utilizan para el consumo en sus propias familias”, afirma.

Por eso, señala que “la pobreza rural es mucho más digna, por decirlo de alguna manera, que la pobreza urbana, porque las familias tienen la posibilidad de producir”.

La principal bandera que levanta este flamante colectivo de comunidades campesinas e indígenas es la necesidad de avanzar con una urgente reglamentación de la Ley de Agricultura Familiar, pero participativa, con sus voces y demandas presentes.

Bajo el ala de Fundapaz trabaja la Unión de Organizaciones de Pequeños Productores de la Cuña Boscosa y los Bajos Submeridionales de Santa Fe (Uocb). “El objetivo es mejorar la calidad de vida de las familias y los ejes principales tienen que ver con el acceso a los recursos naturales, centralmente al agua, a la tenencia de las tierras y a los bosques y su manejo sustentable”, cuenta Analía Vicentin, referente en el departamento santafesino de Vera, donde trabaja en articulación también con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta).

 

La crisis, también puertas adentro

“Como ONG, no estamos ajenos al contexto y nos vimos en la difícil situación de tener que suspender proyectos de atención en algunos parajes y el trabajo en los hogares de día, donde brindábamos alimentación y contención a las familias más críticas. Han sido meses de mucha angustia, al saber que en el momento que con más urgencia nos necesitaban las familias, nosotros teníamos que limitar nuestro acompañamiento”, se lamenta Mariana Parola, de Haciendo Camino.

Como esta organización, muchas otras tuvieron que reformular sus esquemas de trabajo e iniciativas y redoblar esfuerzos para sostener sus programas, en un contexto signado por la escasez de recursos económicos y la pérdida de poder adquisitivo, producto de la abrupta devaluación del peso tras las Paso.

 

Cómo conectarse

Fundación Gestionar Esperanzas: www.fundaciongestionar.org

La Escena Solidaria: www.facebook.com/laescenasolidaria

Desde Tu Lugar:  www.facebook.com/desdetulugar

Comedor Pancita Feliz: www.facebook.com/pancitafelez

Haciendo Camino: www.haciendocamino.org.ar

Banco de Alimentos de Buenos Aires: www.bancodealimentos.org.ar

Cáritas: www.caritas.org.ar

Incupo: www.incupo.org.ar

Red de Comunidades Rurales: www.comunidadesrurales.org

Uocb: www.uocb.blogspot.com

Barrios de Pie: www.barriosdepie.com.ar

Ctep: www.ctepargentina.org

Haciendo Lío: www.haciendolio.org.ar

Fundación Tzedaká: www.tzedaka.org.ar

Fundación Agrupar: www.agrupar.org.ar

Techo Argentina: www.techo.org/argentina

Fundapaz: www.fundapaz.org.ar

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