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El Congreso comenzará a debatir proyectos para legalizar la eutanasia en la Argentina. Médicos especialistas y familiares impulsan la iniciativa, para respetar la voluntad de finalizar la vida a los pacientes con enfermedades irreversibles que así lo deseen.  

 

Texto Mariano Barragán

 

Alfonso Oliva fue diagnosticado en 2014 con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad neurológica degenerativa. En menos de tres años, ya no podía hablar, comer ni mover su cuerpo. Sólo parpadeaba y se alimentaba a través de una sonda conectada directamente a su estómago.

Consciente de su estado irreversible, su desgaste psíquico-físico y del dolor de su familia comenzó a reclamar por una ley de eutanasia. Alfonso murió en marzo de 2019 pero su voz llegó hasta la Cámara de Diputados de la Nación. Actualmente, el Congreso analiza tres anteproyectos que buscan legalizar la interrupción voluntaria de la vida. “Las condiciones de los pacientes siempre estuvieron, lo que estamos haciendo ahora es escucharlos. Es importante dar visibilidad al derecho humano de elegir cómo morir”, afirma la Licenciada Viviana Bilezker, psicoterapeuta especializada en el acompañamiento de personas en el final de la vida.

Desde 2012, la ley N° 26.742 habilita a un paciente con una enfermedad irreversible a solicitar el retiro de medidas de soporte vital. También puede rechazar procedimientos de hidratación o alimentación, cuando éstos sólo produzcan la prolongación de ese estadio incurable. Además, la normativa permite oponerse de manera anticipada a tratamientos paliativos o preventivos. Sin embargo, nuestro país aún prohíbe la eutanasia, práctica que ya es legal en Colombia, Canadá, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Portugal y España. “Los familiares consideran que en las terapias intensivas se produce el milagro, cuando en realidad no siempre es así. Muchas veces los pacientes terminan sumamente invadidos, sin consciencia y con sus cuerpos muy dañados”, expresa Analía Occhiuzzi, directora del Comité de Bioética de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva.

 

Dos prácticas posibles

El anteproyecto que tiene más consenso pertenece a la diputada Gabriela Estévez. Toma como base la tarea del Doctor Carlos Soriano, sanitarista y magister en Bioética, quien acompañó a Oliva en la última etapa de su vida. “Alfonso fue un click en mi vida. Me pidió que le prometa que trabajaría en la redacción de una ley para que no existan más personas que sufran como él”, recuerda.

El propósito es reglamentar la muerte de un paciente a través de la administración de un fármaco letal y la automedicación, avalada por un profesional de la salud. “Para nuestra sociedad, la palabra eutanasia tiene un peso simbólico negativo muy fuerte. Nosotros sentimos que es necesario pensar y debatir este tema, debido a las condiciones actuales de muchos enfermos”, asevera Occhiuzzi.

En ambos casos será excluyente comprobar que la persona presenta una enfermedad grave, crónica e incurable, que origine sufrimiento físico o psíquico constante e intolerable, sin posibilidad de alivio, y cuya fragilidad sea progresiva o sostenida en el tiempo. Además, el paciente deberá solicitarlo voluntariamente y será evaluado por una Consejería Interdisciplinaria, a los efectos de asegurar que no atraviesa, por ejemplo, una depresión pasajera. “El tiempo entre el pedido y la efectivización de la eutanasia no superará los 45 días. El proceso debe ser lo menos burocrático posible”, reconoce el sanitarista.

 

Objeción médica

El personal de salud es la pieza central, ya que la responsabilidad de aplicación está en sus manos. “La desinformación sobre el amparo legal condiciona muchísimo. Ante estas decisiones, siempre surge el miedo a sufrir represalias judiciales y laborales”, afirma la integrante de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva.

Como resultado de los debates durante la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, los anteproyectos de eutanasia incorporaron la objeción de conciencia. Los médicos, por creencias personales, podrán abstenerse. No obstante, el centro de salud deberá convocar a otro profesional idóneo que garantice el derecho a morir dignamente.

Las posiciones contrarias a esta práctica provienen de las religiones teístas. Sostienen que la vida es un regalo divino y, por lo tanto, el ser humano no tiene poder de decisión sobre el comienzo ni el fin. Para Soriano, estas posturas son minoritarias: “En España, un país católico como Argentina, se hizo una encuesta previa a la sanción de la ley y el 85 por ciento de la población se mostró a favor”.

Garantizar las libertades individuales es una responsabilidad del Estado. La decisión de finalizar la vida es un acto personal que no pone en riesgo a terceros. “Honrar la libertad es un crecimiento social. Esta es una ley que amplía derechos, es justa y necesaria”, sentencia la psicopedagoga.

 

 

Cómo conectarse

Sociedad Argentina de Terapia Intensiva: www.sati.org.ar | comitebioetica@sati.org.ar

Grupo Eutanasia: Derechos y final de vida: https://www.facebook.com/derechosyfinaldevida | eutanasiaderechosfindevida@gmail.com

 

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