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Las organizaciones ambientalistas alzan su voz para advertir sobre la pérdida de biodiversidad que provocan la destrucción de bosques y humedales. Reclaman el cumplimiento de las leyes existentes y la sanción de otras que proteja la flora y fauna en los ecosistemas de las 18 ecorregiones del país.

 

Texto Catalina Márquez

 

Argentina es uno de los países con mayor biodiversidad a nivel mundial, ya que cuenta con 18 ecorregiones que albergan selvas, bosques, desiertos, praderas y humedales. Allí se desarrollan alrededor de 115 ecosistemas, cada uno de ellos, con diferentes condiciones ambientales que favorecen el desarrollo de una gran variedad de especies de flora y fauna. Sin embargo, son muchos los factores que alteran estos hábitats naturales y que conducen a una degradación del ambiente, como el avance de la urbanización y de la frontera agrícola. Conscientes de este panorama, las organizaciones sociales alertan sobre las consecuencias de estas prácticas y demandan respuestas urgentes para frenar y revertir la situación.

 

La cadena de la vida

La falta de planificación a la hora de llevar adelante urbanizaciones, la caza indiscriminada y la conversión de hábitats naturales en tierras agropecuarias tienen como principal consecuencia la extinción de especies nativas. Frente a esta problemática, desde la Fundación Rewilding Argentina llevan adelante proyectos de restauración para revertir la extinción de estos ejemplares y promover su conservación.

“Lo que hacemos es reintroducir especies que se encuentran extinguidas en ciertos lugares o reforzar aquellos grupos que tienen un bajo número. Trabajamos con las poblaciones que ayudan a recuperar la funcionalidad de los ecosistemas”, afirma Emiliano Donadio, biólogo y director científico de la organización. Entre aquellas se destacan los grandes depredadores como el yaguareté y el puma, dos de los felinos silvestres que se encuentran en situación de extinción.

En cuanto a los beneficios que trae esta reintroducción en el ambiente, Donadio explica: “Al traer más especies incrementamos la diversidad y fomentamos la recuperación de los procesos e interacciones ecológicas de las que estas especies alguna vez fueron parte”.

Otra de las causas principales que afecta la distribución de las especies y que impulsa la pérdida de biodiversidad es el cambio climático. “Las modificaciones en las condiciones de temperatura y humedad pueden generar la proliferación de ciertos parásitos o enfermedades, tanto en plantas como en animales”, sostiene Natalia Rodríguez, especialista ambiental de la ONG Sustentabilidad Sin Fronteras.

Además, al no poder adaptarse a estos cambios bruscos, muchas especies de plantas y animales se ven obligadas a abandonar sus hábitats naturales y esto genera un desequilibrio en los ecosistemas. “Si nosotros preservamos la flora nativa estamos preservando todos esos vínculos que se han formado hace años con el resto de las especies”, agrega Rodríguez.

Por su parte, desde la ONG Natura Internacional, trabajan junto con las comunidades y gobiernos locales para promover la creación de áreas protegidas. “Sostenemos que estas áreas son herramientas clave para la conservación del ambiente y el desarrollo de las comunidades locales. No sólo porque protegen los servicios ecosistémicos, sino porque, a su vez, generan fuentes de trabajo”, dice Lucila Castro, directora de la institución. Entre los proyectos que llevan adelante junto con otras organizaciones se destaca la creación de un Parque Nacional en el noreste de Córdoba para proteger la laguna Mar Chiquita y los bañados del Río Dulce.

En la misma línea, la Fundación Vida Silvestre Argentina hace más de treinta años trabaja en la constitución y el manejo efectivo de áreas protegidas, con el propósito de conservar las especies de la flora y fauna. “Necesitamos biodiversidad para que haya polinización, para que haya suelos fértiles y resiliencia al cambio climático, para que se mantengan vivos los procesos socioculturales y las cosmovisiones de los pueblos originarios”, asegura Manuel Jaramillo, director de la organización.

 

Una deuda natural

En Argentina existe desde el 2007 la Ley de Bosques Nativos; sin embargo, para Donadio “no se cumple en ningún lado del país; hay lugares donde la tala sigue y no debería”.  Según datos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, en 2020 se perdieron alrededor de 400.000 hectáreas de bosques nativos, de las cuales 300.000 se quemaron en incendios forestales.

Los daños ambientales que producen las sostenidas quemas intencionales, tanto en selvas, bosques y humedales, arrasan con toda la biodiversidad única del lugar, que provee de servicios ecosistémicos y esenciales para la vida. Frente a este panorama se reaviva una deuda pendiente que exigen las organizaciones y la sociedad desde hace años: la aprobación de la Ley de Humedales.

“Esta ley resulta clave, porque va a permitir regular y controlar el tipo de modificaciones y usos que se les dan a los humedales. Además, contempla el estudio del estado de cada humedal y las funciones e importancia que tiene en las distintas regiones”, comenta María José Corriale, doctora en Ciencias Biológicas e investigadora del Conicet, y expresa que es importante protegerlos, porque son ecosistemas ricos en biodiversidad, que ayudan a mitigar el cambio climático y a controlar inundaciones.

Por su parte, Guadalupe Nava, presidenta de la ONG Conciencia Ecológica de San Pedro, cuenta: “Hace poco y en un plazo de diez días se incendiaron 18 mil hectáreas en las Islas Lechiguanas, en el Delta del Río Paraná. Trabajamos en la identificación y preservación de estos ambientes como, por ejemplo, en los talares bonaerenses y en humedales costeros”.

Otra de las cuestiones principales que alteran el ecosistema y que puede producir el desequilibrio de una especie es el avance de mega urbanizaciones sobre los humedales, tal como pasó recientemente en el barrio Nordelta, partido de Tigre, con los carpinchos. La transformación inmobiliaria de un área que antes era un humedal modificó drásticamente el ambiente en el que vivían estas especies. “Se percibió que hubo un crecimiento brusco de la población de carpinchos, pero en realidad fue un movimiento a consecuencia de que el barrio avanzó en una zona que no estaba intervenida”, aclara Corriale.

En agosto pasado, un total de 381 organizaciones socioambientales realizaron una marcha multitudinaria frente al Congreso para exigir el tratamiento urgente de esta ley en la Cámara de Diputados y evitar que el proyecto pierda nuevamente estado parlamentario. ¿Se saldará esta deuda, al menos?

 

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