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El aporte de las organizaciones sociales fue determinante durante la emergencia sanitaria causada por el Covid. Experiencias, saberes y desafíos de estos actores imprescindibles, que sostuvieron las redes necesarias para contener a miles de personas en medio de la crisis.

 

Texto Gabriel Tuñez.

 

Raudo, activo y fundamental en un contexto nunca antes visto. En muchos casos, hasta arriesgando la vida. El accionar de las organizaciones de la sociedad civil y sus miembros frente al Covid-19 resultó clave para menguar los efectos de una pandemia que en el país, como en el resto del mundo, provocó miles de muertes y derivó en una crisis económica y social de niveles históricos.

Lo hicieron garantizándoles alimentos, educación y acceso a la salud a quienes no podían tenerlos, vinculándose con el Estado, formando liderazgos comunitarios y reclamando cuando la ayuda no llegó en la cantidad y el tiempo necesarios para atender a un hogar o a todo un barrio.

“A medida que se propagaba la pandemia, se esperó que los gobiernos tomaran decisiones rápidas para proteger las vidas y el sustento de la población. Sin embargo, mientras que la mayor parte de la atención se centró en los Estados, el reconocimiento del rol desempeñado por la sociedad civil fue mucho menor”, aseguró en un informe Civicus, la alianza global de organizaciones de la sociedad civil y activistas que tiene representantes en 175 países y se dedica a fortalecer la acción ciudadana y a la sociedad civil en el mundo.

El documento, titulado “Solidaridad en tiempos de Covid-19: Respuestas de la sociedad civil a la pandemia”, destacó la importancia que tuvieron, y todavía tienen, las y los activistas de las OSC y los movimientos territoriales durante la pandemia, cubriendo necesidades, defendiendo derechos y promoviendo nuevas vías de acción cívica, incluso en los espacios que los Estados dejaron vacantes en la emergencia.

Cuando el coronavirus se extendió por el mundo, evaluó Civicus, la sociedad civil dio un paso al frente para brindar ayuda a las personas y las comunidades que estaban sufriendo tanto sus efectos como las decisiones de emergencia adoptadas por los gobiernos, que en muchos casos se trataron de medidas de encierro que duraron varias semanas. En ese contexto, se colocaron en las primeras líneas de la respuesta a la pandemia y, a la vez, defendieron los derechos humanos, y particularmente los de los grupos más vulnerables y excluidos

“Fueron actores estratégicos para garantizar las condiciones del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (Aspo), pero también en el acompañamiento de las comunidades en diferentes dimensiones. No solo frente a las cuestiones sanitarias y alimenticias, sino también en las educativas, culturales y hasta en la atención de los colectivos vulnerados, como las mujeres víctimas de violencia, los adultos mayores, los niños y adolescentes y las diversidades”, dijo a Tercer Sector Agustina Gradin, doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA), especialista en organizaciones de la sociedad civil e investigadora del Conicet.

 

Parar la olla y poner el cuerpo

También las OSC tuvieron que readecuar muchas de sus prácticas cotidianas. “Para empezar, en los comedores y merenderos comunitarios, porque durante el Aspo, y en los meses siguientes, nadie podía venir y sentarse a comer. Planificamos otra forma de distribución de la comida: abrimos ollas populares” para evitar que las familias que iban a buscar alimentos no se aglomeraran mientras esperaban ser atendidas, explicó a Tercer Sector Silvia Saravia, coordinadora nacional del Movimiento Barrios de Pie.

Una vez definidos los mecanismos de acción, las organizaciones buscaron articular con distintos sectores, especialmente con los gobiernos municipales, provinciales y el nacional. “Tuvimos una respuesta dispar, pero en la mayoría de los casos vimos una mezquindad muy grande y un prejuicio desde los ámbitos gubernamentales para coordinar con las organizaciones sociales. En muchos casos nos hemos sentido muy solos y solas”, comentó Saravia.

Durante las primeras semanas de la cuarentena más estricta, la presencia estatal en los barrios más vulnerables del país estuvo suspendida. “Sin los actores de la OSC que trabajaron en las zonas más calientes, el Estado no habría llegado a hacer ni el 50 por ciento de lo necesario”, remarcó Pilar Arcidiácono, doctora en Ciencias Sociales por la UBA e investigadora del Conicet.

Un ejemplo de la vinculación entre el Estado y las organizaciones fue el Programa de Emergencia Sanitaria El Barrio Cuida al Barrio, impulsado por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación a través de la Secretaría de Economía Social. La iniciativa planificó que promotoras y promotores comunitarios, mayoritariamente integrantes de OSC, recorrieran su barrio para realizar un acompañamiento específico a grupos de riesgo, difundir medidas preventivas y distribuir elementos de seguridad e higiene con motivo de la emergencia sanitaria.

 

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