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Angustia, miedo, irritabilidad, retrasos en el lenguaje en los más chicos. Las secuelas psicológicas que trajo aparejadas la pandemia son variadas y afectan tanto a niños, como a adultos. Especialistas analizan la situación y acercan posibles soluciones.

 

Texto Candela Gomes Diez.

 

La pandemia de Coronavirus continúa provocando estragos en la salud física de la población, pero eso es tan sólo la punta del iceberg de una problemática que reviste, aun, mayor complejidad en el aspecto psicológico de las personas. Se calcula que los efectos de la crisis del Covid-19 en la salud mental son mayores que los contagios, y para intentar dimensionar esa realidad, Tercer Sector dialogó con distintos profesionales.

El psicoanalista y psiquiatra Guillermo Bruschtein integra la Comisión Directiva de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y además es miembro de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (Apsa). Según su experiencia, hablar de los impactos en la salud mental no es algo que puede generalizarse. “Hay que pensar en términos de situaciones personales y de sectores sociales. En ese sentido, lo que vemos es que, independientemente de la edad, pero dependiendo de la realidad social y ambiental de cada persona, hay un incremento de la irritabilidad y cambios de conducta y del estado de ánimo. No es lo mismo una familia que vive en un departamento de dos o tres ambientes, donde los integrantes tienen que trabajar y estudiar sin recursos informáticos, que una familia que tiene todo eso a disposición y cuenta con espacios verdes y de recreación. Pero también algo que se viene viendo es que, en personas con mayores recursos, incluso intelectuales, hay un desánimo y una dificultad para representarse un futuro mejor”.

 

Miedo y ancianidad

Las personas mayores de 65 años han sido señaladas, desde el comienzo de la pandemia, como el principal grupo de riesgo frente al contagio del nuevo virus. Y en esa franja etaria se especializa Ricardo Iacub, gerontólogo y profesor titular de Psicología de la Tercera Edad y Vejez, de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. “Está demostrado, que los adultos mayores tienen más capacidades de regulación emocional que en otras etapas de la vida, y eso va en contra de los prejuicios que consideran que los viejos son más débiles. Pero también es cierto que hay un porcentaje que fue presentando más dificultades y que está con muchos temores. Están los que se volvieron más obsesivos y se lavan veinte veces las manos y también los que dicen que están bien, pero no salen de su casa por miedo a que les pase algo”, asegura Iacub, que ha realizado numerosas investigaciones desde su cátedra durante la pandemia.

Frente a la incertidumbre, la vacunación parecía abrir la puerta a un tiempo de mayor tranquilidad, pero, según revela el especialista, en cierta medida sembró nuevas dudas. “En la última investigación que iniciamos en febrero, pensábamos que la vacuna iba a ser una salvación, pero vimos que hay gente que estando vacunada está muy confundida, porque ve lo que pasa con algunos casos de contagios en personas que ya recibieron la vacuna. Y la situación ahí es de mucha más perturbación psicológica”.

 

¿Los chicos, primero?

La Directora del Departamento Infanto Juvenil del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), Andrea Abadi, ofrece un panorama de lo que implicó el aislamiento en los más chicos. “Los estudios que hemos llevado a cabo desde Fundación Ineco demostraron que un alto porcentaje de niños, niñas y adolescentes comenzó a tener síntomas compatibles con trastornos del ánimo de tipo depresivo o trastornos de ansiedad. Y hemos observado que hubo muchos niños pequeños que habían llegado al aislamiento en el mismo momento en que tenían que empezar a expandir su desarrollo del lenguaje y la comunicación con otros y eso provocó un retraso en ese aprendizaje. Y otra de las cosas que hemos visto fue la aparición de trastornos obsesivos con ideas de contaminación o de contagio en niños, a partir de los diez u once años.”

Sobre el mismo segmento de la población trabaja Alexia Rattazzi, psiquiatra infanto juvenil y cofundadora del Programa Argentino para Niños, Adolescentes y Adultos con Condición del Espectro Autista (Panaacea). En su caso, también trabajó con estudios que midieron los cambios de los pacientes con esa condición y de sus familias. “Hicimos una encuesta online en 2020 con personas que forman parte de la Red Espectro Autista Latinoamérica (Real) en varios países de la región. Y en los resultados pudimos ver que la discontinuidad de la escolaridad y de los tratamientos generó un alto impacto en las familias. Y esto implicó una recarga de trabajo muy importante, en un primer momento, porque los padres, que son los cuidadores primarios, empezaron a tener que ocuparse de todo para ayudar a sus hijos. Además, la pérdida de rutinas diarias, a muchas personas con condición del espectro autista, las afectó muchísimo, porque el hecho de tener una estructura les da seguridad y bienestar. Y en los casos que el impacto de la pandemia fue negativo hubo problemas de conductas desafiantes, ansiedad y mucho nivel de actividad. Pero otras familias respondieron que sus hijos habían avanzado y estaban más tranquilos”.

 

Cómo conectarse

APA: www.apa.org.ar

Ineco: www.ineco.org.ar

Panaacea: www.panaacea.org

Opsa: www.psi.uba.ar/opsa

 

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