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Las cifras de pobreza e indigencia en las juventudes alarman y deberán ser el reto de las políticas públicas de los próximos años.

Fundación SES y Centro de Estudios Atenea vienen desarrollando el Monitor de Empleo Joven para contar con información precisa acerca de las juventudes y sus condiciones de vida, con la expectativa de motivar al Estado para abordar las problemáticas de inclusión de los más jóvenes.

 

Desde la Fundación SES (Sustentabilidad, Educación, Solidaridad), informaron que en las últimas décadas, la inserción laboral de las y los jóvenes aparece en un lugar primordial en las discusiones de los problemas de empleo y la inclusión social porque, con el avance del neoliberalismo y la crisis de los Estados de Bienestar y del pleno empleo, lo que se puso en riesgo son las condiciones tradicionales de integración y desarrollo de las sociedades.

“Necesitamos estadísticas oficiales que nos den a conocer la especificidad de las juventudes”

Cecilia López Chapato, socióloga y Coordinadora de Fundación, explicó que esta situación  dio paso a las desigualdades y ampliación de brechas de acceso y oportunidades, las que comenzaron a identificarse en la década de los noventa, momento en que los colectivos juveniles se ven atravesados por un proceso de deterioro de los indicadores laborales respecto de la población adulta.

Para la Coordinadora, a partir de entonces se presenta una brecha promedio de alrededor de 15 puntos porcentuales en la tasa de desempleo y a nivel salarial.

Si bien el cambio de milenio forjó un vuelco en el paradigma de construcción de las políticas públicas de empleo, en los 2000 las políticas comenzaron a pensarse desde la perspectiva de un modelo de desarrollo de país que implica la necesidad de garantizar derechos educativos para garantizar derechos laborales.

López Chapato enfatiza que desde esta perspectiva, para acceder al mercado de trabajo es necesario terminar la escuela:

“La finalización del secundario es importante; la formación para el trabajo se concibe fuera y dentro de la escuela. Aquí las políticas como el Plan FinEs y Jóvenes con Más y Mejor Trabajo, o las Becas Progresar, fueron clave e ilustran correctamente esta nueva perspectiva.

 

“Hoy se requiere pensar la formación para el trabajo alrededor de las trayectorias culturales, educativas y sociales de las juventudes. Pensar a las juventudes en el marco de sistema de protección de derechos”

Por otra parte, a pesar de la persistencia de ya tres décadas de la problemática laboral de las juventudes, la estadística oficial no cuenta aún con una herramienta propia que permita diagnosticar rigurosamente esta situación.

Para dar respuesta a esta vacancia, la socióloga explicó que desde Fundación SES y el Centro de Estudios Atenea han creado, en el año 2017, el “Monitor de Empleo Joven”, como una herramienta de medición que desde la estadística oficial (Encuesta Permanente de Hogares – EPH, del INDEC) posibilite un acercamiento riguroso a la situación educativa y laboral de las y los jóvenes urbanos de Argentina.

El Monitor integra así un conjunto de indicadores que aportan información para conocer de cerca el escenario de los y las jóvenes, poniendo énfasis en la educación, el trabajo y las desigualdades de género de las juventudes. La publicación del mismo se realiza de manera anual desde la información que arroja la Encuesta Permanente de Hogares del 3° trimestre de cada año.

“Las cifras de pobreza e indigencia en las juventudes aumentaron y alarman”

El Monitor actual, desarrollado a partir de información el 3° trimestre de 2019, comparte el mismo diagnóstico al igual que otros estudios e investigaciones privadas: las cifras de pobreza e indigencia en las juventudes aumentaron y alarman: 4 de cada 10 jóvenes de 16 a 29 años se encuentran en una situación de pobreza y la indigencia se duplicó del 2018 al 2019. Actualmente el 10% de las personas jóvenes se encuentran en situación de indigencia.

La situación educativa nos muestra que un 35% de los y las jóvenes (18 a 24 años) no ha culminado la escuela secundaria, así como que 6 de cada 10 de estos jóvenes no estudia actualmente. La vulneración de los derechos educativos también se refleja en el hecho de que el 10% de adolescentes (16 y 17 años) no asiste a la escuela.

Sin dudas, el acceso a la educación básica cuenta con determinantes socioeconómicos, ya que 5 de cada 10 jóvenes de sectores bajos poseen el secundario incompleto, mientras que en los sectores altos esta relación se reduce a 3 de cada 10.

Respecto al acceso a la educación superior sólo el 27,4% de quienes pertenecen al estrato bajo logra acceder a esta, mientras que esta cifra asciende al 33,9% y 47% en el caso de los sectores medios y altos respectivamente (Monitor, 2019).  

En los centros urbanos de nuestro país la tasa de desocupación juvenil casi triplica a la de los adultos (20,7% vs 7.30%).

Asimismo, un 7% de adolescentes (16 y 17 años) se declaran activos en el mercado de trabajo, de los cuales un 20% se asume como desocupado/a. La desocupación de los/as jóvenes de hogares de ingresos bajos es tres veces mayor a la de los hogares con ingresos altos (31,2% vs 10,2%).

Por otra parte la informalidad laboral afecta a 6 de cada 10 jóvenes trabajadores de entre 18 y 24 años, y al 94,1% de adolescentes trabajadores. Los datos muestran también que el nivel educativo tiene una fuerte incidencia en la condición de registro laboral, ya que a menores niveles educativos mayores porcentajes de informalidad. Además, los jóvenes que pertenecen a hogares de bajos ingresos desarrollan en mayor medida empleos informales (72% vs. 31%) (Monitor, 2019).

El Monitor indica que la mayor parte de los y las jóvenes ocupados (59%) se insertan en las ramas de Comercio, restaurantes y hoteles, Servicios comunitarios, sociales y personales y Construcción. Estas ramas de actividad son las más afectadas por la informalidad laboral, la alta rotación de personal y el requerimiento de bajas calificaciones, lo cual explica las elevadas tasas de empleo informal joven.

La rama de la construcción, el comercio y los hogares particulares que contratan servicio doméstico son preponderantes para los y las jóvenes adolescentes (16 y 17 años) y baja su participación en los grupos de mayor edad. La relevancia de estas dos ramas en los primeros empleos parece sugerir un sesgo de género muy diferenciado. Lo opuesto sucede con los servicios sociales, comunitarios y personales, que incrementan su impronta en los grupos de mayor edad. (Monitor, 2019).

Los promedios salariales son menores para los y las más jóvenes y van creciendo en los grupos etarios mayores.

 

“Las mujeres dedican al trabajo remunerado en promedio 10 horas semanales menos que los varones. Sin embargo, esas horas son dedicadas al trabajo no remunerado del hogar, el cual está fuertemente feminizado. (Monitor, 2019)”

Por otro lado, la participación económica de los y las jóvenes en los hogares resulta un dato clave para planificar las políticas que apunten a fortalecer los derechos.

Los datos arrojan que casi 7 de cada 10 jóvenes (18 a 22) aportan más del 20 % del ingreso del hogar. Un 24% aporta más de la mitad de los ingreso del hogar (Monitor, 2019).

La Coordinadora destaca que el 43% de los jóvenes de entre 18 y 24 años que aporta ingresos pertenece a hogar pobre e indigente (22% pobre y 21% indigente). En los hogares indigentes más del 50% de los jóvenes aportan 50% o más de los ingresos del hogar (Monitor, 2019).

El porcentaje de aporte al ingreso del hogar tiene incidencia sobre la asistencia a establecimiento educativo. Casi 6 de cada 10 adolescentes que aportan más del 50% del ingreso del hogar NO asisten a ningún establecimiento educativo. 7 de cada 10 jóvenes del conurbano bonaerense aportan más del 20% del ingreso del hogar, mientras que el 35% jóvenes del conurbano aportan más del 50% (Monitor, 2019).

Asimismo, el Monitor también releva cómo influye o impacta en la inclusión laboral y las trayectorias educativas y/o laborales a partir de la presencia de niños y niñas en los hogares:

En las mujeres, esto provoca la inserción tardía en el mercado de trabajo, la irregularidad o intermitencia en la trayectoria laboral (y educativa) y/o una dedicación menor a las tareas remuneradas. Para este grupo, se torna necesario repartir su tiempo entre las tareas remuneradas y las no remuneradas, vinculadas al cuidado de personas y la gestión del hogar.

López Chapato recuerda que las transiciones de las juventudes no son lineales y el paradigma de que “luego de la de la escuela se accede al mundo del trabajo” no se refleja en los datos.

En este sentido, dice, resulta una necesidad urgente repensar las políticas educativas y de inclusión laboral de jóvenes desde la perspectiva que incorpore las trayectorias particulares en el tipo de actividad, sobre todo vinculadas a la presencia de niños y niñas.

“Es necesario revisar las concepciones del trabajo en perspectiva de las nuevas formas de trabajo y sus condiciones -los llamados empleos del futuro y la promoción del autoempleo. La EPH, fuente de la que se basa principalmente el Monitor toma en cuenta las condiciones de trabajo vinculadas a la concepción tradicional del trabajo, remunerado y asalariado, perspectiva de derechos que hoy se encuentra en riesgo”, concluye la socióloga.

FuenteFundación SES
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