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Cada día, miles de mujeres se ponen al frente de proyectos sociales en todo el país. Son las que sostienen la trama que permite contener a miles de personas y transforma realidades. A pesar de su protagonismo en las organizaciones de base persiste el techo de cristal para los cargos ejecutivos en el sector social. Historias de compromiso social y la reflexión de los especialistas.

Texto Candela Gomes Diez

 

En tiempos en los cuales las temáticas de género marcan agenda, el trabajo de las mujeres en la sociedad civil cobra mayor visibilidad. En este marco, saber quiénes son y qué tareas realizan las que dedican su tiempo de manera desinteresada para garantizar derechos y mejorar la calidad de vida de las personas es el primer paso para entender la dimensión de los liderazgos femeninos. Con ese objetivo, Tercer Sector dialogó con profesionales, activistas y referentes que encabezan el desafío de transformar realidades.

 

Más horizontalidad

“Creemos en la construcción colectiva y en dejar atrás liderazgos que ya quedaron viejos. Hoy, las juventudes, las disidencias y las mujeres, tanto cis como trans, venimos a jaquear los liderazgos verticalistas en el sector social, porque creemos en el trabajo en red y desde una perspectiva amplia de la diversidad. Y siempre celebramos cuando se logran romper los techos de cristal en las organizaciones y las mujeres llegan a cargos de liderazgo”, comienza Gabriela Ferreiro, codirectora de Libertate, consultora social sin fines de lucro que trabaja, desde 2016, para acompañar la transformación cultural de organizaciones, empresas y organismos de gobierno, con el foco puesto en la inclusión de la diversidad, la discapacidad y la perspectiva de género.

“Históricamente, la mujer es el sostén de la vida y de las tareas reproductivas, y eso quedó más expuesto durante la pandemia. Hoy, en su mayoría, somos mujeres las que nos encontramos construyendo soluciones a causas sociales. Muchas organizaciones populares de base, como los comedores y espacios comunitarios, cuentan con liderazgos femeninos”, sostiene la joven, para hacer hincapié en la importancia del trabajo territorial a la hora de contener a los sectores más postergados.

Una de esas líderes que trabajan con una población vulnerable es María Magdalena Díaz Pantoja, quien armó el comedor Todos por una Sonrisa, en su propia casa, en el barrio Altos de San Lorenzo, de La Plata, en la Calle 88, entre 16 y 17. Su nombre simboliza el de tantas otras mujeres que trabajan de forma silenciosa para su comunidad.

“Veo mucho empoderamiento y coraje en las mujeres. Hoy está ganando el hecho de que nos hemos unido más, y sabemos que no estamos solas. Yo me siento así, porque sé que si me pasa algo enseguida aparece una cuadrilla de compañeras para ayudarme. He visto que, en este tiempo, la mujer se pone más en el lugar de la otra. Está ganando la solidaridad”, afirma Díaz Pantoja, sobre la acción femenina en los barrios populares.

Oriunda de Perú, llegó a la Argentina hace trece años y, además de ser asistente de enfermería, todos los días trabaja para garantizar un plato de comida a más de 300 personas. “El comedor surgió hace ocho años, después de la inundación que vivimos en 2013. Este trabajo no es fácil y me enseñó mucho. Me di cuenta de que, para transformar la realidad, no es necesario pertenecer a un grupo político ni religioso”, comenta, a la vez que asegura que durante la pandemia tuvieron que redoblar esfuerzos para contener la creciente demanda.

“Hubo más necesidades y empezó a venir más gente. Los comedores populares venimos bancando esta crisis y, en estos momentos, estos lugares lo son todo para muchas personas. Quienes vienen al comedor están desempleados, porque en la pandemia se cerraron muchos lugares de trabajo. Por otro lado, los barrios ya no son los mismos porque muchos vecinos han fallecido.”

El espacio abre todos los días, menos martes y domingos, y también brinda apoyo escolar y un taller deportivo los sábados. Además, a través de una voluntaria que es abogada, se ofrece asesoría legal gratuita para víctimas de violencia de género.

 

Poder femenino

El compromiso de las mujeres en el ámbito comunitario también se observa en los puestos de poder y de toma de decisiones. Y quien brinda un panorama auspicioso en relación a esa realidad es Mariela Belski, quien ocupa desde 2011 el cargo de Directora Ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina y que además es Vice Presidenta de la Red Argentina de Cooperación Internacional (Raci).

“La idea de que hay que tener políticas transversales de género en todos los ámbitos y espacios ya está instalada. Hoy existe financiamiento externo para la agenda de género en la Argentina, y las organizaciones que financian a las fundaciones quieren ver a mujeres en cargos de liderazgo”, asegura Belski, que señala, a modo de ejemplo, los cambios producidos en la última década.

“Hace diez años, cuando empecé a trabajar en Amnistía, era la única directora mujer en una organización, junto con Natalia Gherardi, quien estaba y sigue al frente del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA). Ahora el Cels y Cippec también están liderados por mujeres. Hay una preocupación de que haya más representatividad femenina y nosotras buscamos ocupar esos espacios. Esta es una movida mundial porque, actualmente, en Amnistía Internacional fue designada una mujer como secretaria general. Hoy hay una apuesta por las mujeres”.

El caso de Marcela Heredia representa ese avance. Desde 2002 es Directora Ejecutiva de la Fundación Sipas (Solidaridad Integrada Para el Ascenso Social), organización que ella misma fundó, luego de una anécdota familiar que la marcó. “Estaba mirando un noticiero, cuando dieron la noticia de un maestro que pedía útiles escolares para una escuela de Salta. Y a mi hijo le dio tristeza y me preguntó si nosotros podíamos ayudar. Ahí le prometí que algo íbamos a hacer”, cuenta Heredia quien, desde ese momento, no dejó nunca de viajar desde Buenos Aires al Impenetrable Salteño, lugar donde se concentra la labor de Sipas y donde asisten a 35 comunidades originarias.

“Hoy hay muchas organizaciones lideradas por mujeres. Nosotras cumplimos un rol muy importante, porque somos prácticas y trabajamos donde sea. Tenemos una mirada simple de las cosas a la hora de encontrar soluciones y ayudar a otros”, analiza.

Sipas se enfoca en el desarrollo de programas de asistencia vinculados a la educación, la salud y el trabajo. Y entre ellos se destaca el Proyecto Hortensia, a través del cual, la fundación ofrece, desde 2006, atención ginecológica a las mujeres del monte, con la finalidad de prevenir el cáncer de cuello uterino.

La iniciativa es una de las ganadoras de la 14º edición del premio que Fundación Avon entrega todos los años, y con el que busca reconocer y apoyar económicamente a cinco proyectos liderados por mujeres que transforman las vidas de otras mujeres y niñxs, en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ONU – Naciones Unidas). El proyecto surgió, según comparte Heredia, a raíz de la muerte de Hortensia, una joven de 32 años que había forjado un vínculo estrecho con los voluntarios de Sipas. “En cada viaje que hacíamos, veíamos que faltaba alguna mujer y nos decían que había muerto, pero que se desconocía la causa. Hasta que se enfermó Hortensia, una de las más mimadas por nosotros. Yo la ayudé a viajar a Buenos Aires para que pudiera atenderse, y cuando le dieron el diagnóstico supimos que tenía un cáncer terminal de cuello uterino. Al poco tiempo, murió y sentí una gran impotencia por eso. Inmediatamente, recordé a las otras mujeres que se habían muerto y me pregunté cuántas Hortensias más podría haber en el monte sin que lo supiéramos. Y así surgió este proyecto con el cual podemos ayudar a muchas mujeres”.

 

La brecha que persiste

Aun cuando ejemplos como los de Heredia indican que las figuras femeninas pisan fuerte en las organizaciones, la realidad es más compleja, tal como advierte Oscar García, profesor a cargo de la Cátedra Abierta de Solidaridad en la Universidad Nacional de San Martín (Unsam).

“Las organizaciones siguen siendo espacios feminizados, sobre todo en el trabajo voluntario cotidiano y en las tareas de administración. En esas áreas, la proporción es de un 40 por ciento para las mujeres, un 25 para los hombres y el resto para otros géneros. Pero a la hora de preguntar por la composición de la comisión directiva, los porcentajes se invierten. Y ahí se observa que, en la toma de decisiones, el número de varones es mayor”, informa al respecto.

El dato surge de la investigación titulada La realidad de las OSC de Argentina, realizada entre la Unsam y Fundación SES, para la Sociedad Civil en Red. Allí, García dirigió a un equipo de investigación que entrevistó, durante 2020, a 689 organizaciones de todo el país. A raíz de esas conclusiones, el académico deduce que la feminización de las organizaciones “se explica por la capacidad de las mujeres de trabajar en distintas áreas, pero también, por una cuestión histórica que todavía existe y que está vinculada a la creencia de que las tareas de cuidado y de beneficencia son responsabilidades femeninas”.

La socióloga, activista y Directora de proyectos del Centro de Innovación Social de la Universidad de San Andrés, Mercedes Jones, complementa esa mirada. “Las organizaciones de la sociedad civil argentina son espacios femeninos que responden a las necesidades de cuidado. Y el aporte económico, político y social de ese trabajo no está reconocido. Hay datos que señalan que las mujeres son mayoría en proyectos de salud y educación, mientras que en sectores como el de tecnología, ingeniería y agronegocios hay muchos varones. Y, en este aspecto, las organizaciones son hijas de nuestra cultura y de nuestra distribución del poder”.

Como intelectual, pero también conocedora de las prácticas del tercer sector, la socióloga aporta el concepto de “liderazgos entrañables”, acuñado por la antropóloga mexicana Marcela Lagarde para describir los roles jerárquicos femeninos que se construyen “desde las entrañas y el corazón”, y que se destacan por promover el consenso, la sororidad y la ejemplaridad, entre otros atributos.

“Las mujeres, en general, tenemos otro estilo de manejo del poder. Y la sociedad civil permite un juego de innovación de nuevos liderazgos y la estimulación de nuevas respuestas a los problemas ancestrales de la humanidad”, concluye Jones.

 

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