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Ante el aumento de la inflación y el desempleo, se multiplican las cooperativas, los mercados asociativos y las redes que vinculan a productores y consumidores. Las iniciativas colectivas se convierten en la respuesta de la sociedad civil para hacer frente a la crisis.

Texto Fátima Cheade, Silvina Oranges y Andrea Vulcano.

 

Los números duelen y lo dicen todo: cerca de un 47 por ciento de inflación a lo largo de todo el 2018; 13,6 millones de personas en situación de pobreza; 2,47 millones de personas en la indigencia; unas 7,5 millones, con problemas de empleo; casi 2 millones de desocupados y desocupadas, con las mujeres y los jóvenes como principales damnificados, y una contracción del 2,3 por ciento en la producción industrial, según el Barémtro de la Deuda Social. Tanto las cifras oficiales como las de consultoras privadas dan cuenta de un escenario crítico, en el que salir a flote y crecer es casi una excepción o un privilegio.

Según el diccionario, una crisis es un cambio brusco o una modificación importante en el desarrollo de algún suceso. También, una situación complicada o de escasez que, incluso, puede dar lugar a un cambio traumático en la vida. Es el momento en el que todo se desmorona y lo que se creía seguro ya no está. Es el momento en que el empuje personal y la fuerza colectiva pasan a ser, a veces, una salida y aún más. Pero, ¿qué pasa en el mediano y largo plazos? ¿Cuántas de las iniciativas nacidas en este tipo de contextos logran convertirse en un medio de subsistencia? ¿Cuántas logran escalar y, desde la innovación, salir a competir al mercado?

Hoy, una vez más, las miradas vuelven a posarse en el campo de la economía social y popular. Allí, mientras muchos emprendimientos cierran sus puertas, otros logran capear la tormenta, algunos siguen consolidándose y otros también se animan a surgir. En todos los casos, más allá de sus variadas características y matices, el hilo conductor es la construcción de un modelo alternativo, innovador, que pone en el centro de la escena a las personas y la construcción conjunta desde una mirada inclusiva, sin que eso necesariamente implique jugar en una liga menor.

Cooperativas, mercados asociativos, ferias, iniciativas de comercio justo, redes que vinculan a productores y consumidores, y empresas no convencionales son algunos de los vastos y heterogéneos formatos que conviven en esta suerte de movimiento que, una y otra vez, deja ver sus potencialidades en las respuestas que da a la crisis.

 

Cambio de paradigma

“Lo que distingue a la economía popular y solidaria es que las personas están en el centro, en contraposición a la economía tradicional, donde el capital tiene el protagonismo. Muchas veces se la nombra como la economía de los pobres, pero, en realidad, lo que sostiene este modelo es un cambio de paradigma, un modelo económico que habla de los vínculos y los valores que la componen: la confianza, la cooperación, el fomento de la solidaridad, la libertad”, asegura María Paz González, referente de Nuestras Huellas, una asociación civil que apoya y acompaña a mujeres emprendedoras en la provincia de Buenos Aires.

No obstante, el recorrido que este tipo de iniciativas debe atravesar para consolidarse no es lineal ni sencillo: “Aquellos emprendimientos sociales que reproducen la inserción en una cadena de valor en términos capitalistas están en clara desventaja, porque, en este capitalismo concentrado, las empresas que marcan la línea son las que tienen más espalda financiera o el control de la relación con el consumidor”, plantea Enrique Martínez, ex presidente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti) y actual coordinador del Instituto para la Producción Popular (IPP).

A partir de ese diagnóstico destaca la necesidad de construir, con una buena dosis de creatividad, “mecanismos atípicos de acceso al consumidor, como pueden ser los clubes de consumo, las redes de distribución de alimentos u otro tipo de alternativas”. Además, cuestiona el “emprendedorismo” declamado desde el Gobierno porque –argumenta– “tiene sentido para quien brinda servicios personales, como el de peluquería, por ejemplo, donde el circuito empieza y termina en su relación con el consumidor”. Cuando se trata de ofrecer productos, estos “tienen que ser distribuidos, comercializados y visibilizados por su calidad”, con lo cual –postula el ex titular del Inti–, “si no hay una lógica de cadena de valor, fracasa”.

“Lo que hace el sistema capitalista de manera natural, si no son apuntaladas desde el Estado, es destruir las iniciativas de la economía social”, agrega Martínez en diálogo con Tercer Sector. En este punto, sostiene que si bien “la situación ideal sería que el Estado propiciara” este tipo de emprendimientos, mientras esto no suceda, “la respuesta tiene que darse en términos colectivos”.

 

Ni explotación ni intermediarios

Concebida para “democratizar la economía, acercando consumidores a pequeños productores locales”, la red Más Cerca Es Más Justo busca construir y consolidar “una cadena muy corta, que va desde el productor al consumidor, sin intermediarios, sin explotación para el que produce y sin abusos para el que compra”.

“Grandes empresas concentradas definen los precios y determinan qué consumimos haciéndonos creer que estamos eligiendo, industrializan los alimentos sin importar el impacto nutricional que puedan tener los procesos y lo químicos que utilizan y, lo que es peor, van destruyendo lentamente a la infinidad de pequeños productores que no encuentran manera de comercializar sus productos”, plantea.

Daniel Cacciutto es uno de los referentes de este espacio, lanzado hace casi tres años con el impulso del Instituto de Producción Popular. Hoy, a partir de una base de ocho familias, ya cuenta con 90 nodos o puntos de entrega distribuidos en la Ciudad de Buenos Aires y el primer cordón del conurbano. Allí, los consumidores pueden retirar bolsones de verduras, frutas y hortalizas, huevos, quesos, fiambres, vinos, fideos, dulces, artículos de perfumería y limpieza o juguetes, entre otros productos.

“La demanda está asegurada; si uno encuentra la manera de acercarse al consumidor, la demanda está, incluso en momentos de crisis”, postula Cacciutto. Entre las fortalezas de Más Cerca Es Más Justo, destaca el vínculo “frontal” con el productor y sostiene como una de sus variables determinantes al hecho de que “el precio de venta lo define el productor” y a la condición de “puntos de encuentro” que adquieren los lugares de entrega de los productos al consumidor.

Otra de las propuestas que, en el campo de la economía popular, va en un sentido similar es la que funciona con el impulso de la Incubadora de Economía, Mercado y Finanzas de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Se trata del llamado Mercado Territorial, una iniciativa de comercialización y consumo “organizado” que tiene como objetivo “construir una lógica de intermediación alternativa” por medio de la articulación de organizaciones de productores hortícolas en proceso de transición hacia la agroecología con consumidores.

 

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Cómo conectarse

Asociación Civil Norte Sur: info@nortesur.org.ar

Alianza Cooperativa Internacional: www.ica.coop/es

Arbusta: www.arbusta.net

Mercado de la Estepa: www.mercadodelaestepa.com.ar

Red Argentina de Instituciones de Microcrédito: www.reddemicrocredito.org

Fundación SES: www.fundses.org.ar

Confederación Cooperativa de la República Argentina (Cooperar): www.cooperar.coop

Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo (Cnct): www.cnct.org.ar

Cauqueva: facebook.com/cauqueva // cauqueva@cauqueva.org.ar

Mercados Asociativos Patagónicos: www.facebook.com/people/Mercados-Asociativos-Patagonicos // www.guanacoestepa.com.ar

Cooperativa de Trabajo La Ciudad: www.septimovaron.com.ar

Gratiferias solidarias: espacioaynidt@gmail.com

Escuela de Educación General Básica Olga Cossettini: www.escuelacossettini.wordpress.com

ESSApp: www.essapp.coop

Instituto de para la Producción Popular: www.produccionpopular.org.ar

Más Cerca Es Más Justo: www.mascercaesmasjusto.org.ar

Mercado Territorial: www.mercadoterritorial.observatorioess.org.ar

Nuestras Huellas: www.nuestrashuellas.org.ar

Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo: www.reciclajeinclusivo.org/

Fundación Avina: http://www.avina.net/avina/

 

OPINIÓN

 

Un mundo de alternativas frente a la crisis / Por Eduardo Blanco

Los contextos de crisis sirven para explorar nuevos caminos, alternativas que cubren necesidades sociales por fuera del lucro. Hay ejemplos en situaciones críticas como las cooperativas de alimentos de los kurdos del norte de Siria para poder subsistir en medio de la guerra, o las huertas comunitarias de Puerto Rico, luego de que el huracán María destruyera gran parte de la isla en 2017.

En el mundo de la producción popular, las crisis son recurrentes. Sin tierra, crédito, tecnología ni canales de comercialización, buscan otros caminos. Las cooperativas de trabajo y las organizaciones comunitarias de consumo de alimentos se multiplican en el mundo, desde países ricos como Estados Unidos hasta las zonas más pobres de Brasil.

¿Cómo se financian? En algunos países idearon formas de captar inversiones mediante acciones de carácter social o fideicomisos comunitarios; en otros existen cooperativas de crédito destinadas a apoyar a otras cooperativas.

Pero son los Estados los que pueden cambiar la historia. Hay muchas ideas tendientes a reformular la recaudación impositiva y el gasto público. Se trata, como plantea Enrique Martínez en su libro Ocupémonos, de superar el asistencialismo del Estado de bienestar y construir un Estado transformador.

Editor de Red PP www.laredpopular.org.ar

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La economía social amplía derechos / Por Rodolfo Pastore *

En un mundo signado por graves problemas de desigualdad social, vulneración de derechos, inequidad de género y deterioro ambiental, la economía social y solidaria (ESS) es clave para impulsar procesos efectivos de desarrollo sostenible y de ampliación de derechos sociales.

En nuestro país, ante el agravamiento de las problemáticas socioeconómicas y laborales, los programas públicos de atención a la emergencia social no sólo resultan necesarios, sino también urgentes. Dichas políticas son indispensables para atender las necesidades de las y los pequeños productores y trabajadores de la economía popular, pero por sí solas no alcanzan. Es preciso advertir sobre las dinámicas asistenciales o clientelares en que pueden derivar, si –como sucede– no son concebidas y complementadas con políticas de desarrollo y fortalecimiento estratégico de la ESS. Por una parte, con acciones de reconocimiento de derechos y distribución progresiva del ingreso. Por otra, impulsando procesos de democratización económica e innovación social, incluyendo políticas económicas y tecnológicas de desarrollo de capacidades de los actores de la ESS, que involucren también la conformación de redes asociativas con otras organizaciones, organismos públicos y entidades del sistema educativo y científico-técnico.

Director del Departamento de Economía y Administración y del Programa de Extensión Crees (Construyendo Redes Emprendedoras de la Economía Social), de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).

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