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Hacia dónde se orientará la Sustentabilidad en los próximos años y cuáles serán los principales desafíos que deberán atender las empresas locales. Aquí, la opinión de los ejecutivos y la reflexión de los expertos.

 

Textos Alejandro Cánepa.

 

El mundo empresarial habla del futuro. Diseña planes de negocios, calcula ganancias, proyecta estrategias, establece líneas de acción con los proveedores, busca predecir los cambios de los consumidores… y esto también alcanza a la Sustentabilidad. Porque la mayoría de las empresas ya entendió que no puede planificar un futuro exitoso si éste no contempla el triple impacto. Representantes de varias empresas accedieron a la consulta de Tercer Sector y reflexionan sobre cuáles serán los principales desafíos para el sector durante los próximos años.

La noción de sustentabilidad parece haberse arraigado con fuerza en todas las declaraciones. Cabe recordar que su uso se extendió a partir de 1987, cuando un informe de la ONU titulado Nuestro futuro común, producido por una comisión encabezada por la ex Primera Ministra noruega Go Brundtland, promovía la idea de un “desarrollo sostenible”, que consistía, según recuerda el organismo multinacional, en satisfacer “las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”. La idea fuerza de ese estudio era advertir sobre la degradación medioambiental y cómo ésta debía contemplarse y mitigarse para garantizar la vida plena de las comunidades futuras.

 

Hacia lo nuevo

En línea con ese origen ambientalista, diversas voces creen que las causas ecologistas seguirán ocupando un rol protagónico en las prioridades de la Inversión Social Privada. Por caso, Nora Mosso, gerenta de marketing de Sancor Salud, dice: “La sustentabilidad en los próximos 25 años significará un gran compromiso de los sectores productivos (y de la sociedad) al gestionar responsablemente nuestros recursos naturales”. ¿Qué implica esto? “Mutar de una economía lineal a una circular, que recicle, reutilice y reduzca implicará una redefinición de procesos corporativos con base en una cultura de respeto por el medio ambiente y el consumo consciente”, explica.

La idea de restringir desperdicio de recursos también aparece como una prioridad para Paola Nimo, gerenta de Sustentabilidad de Natura, quien señala que “es prioritario concientizar a nuestros públicos sobre la importancia de reaprovechar los recursos que utilizamos para no descartar sino generar economías circulares más inclusivas y fomentar leyes que repiensen los residuos.”

Por su parte y con una perspectiva de largo alcance, Adriana Arias, directora de Comunicaciones del Grupo Zurich, señala: “Los principales desafíos creemos que estarán vinculados a problemáticas relacionadas con el cambio climático y la inequidad social”.

Para Andreani, en tanto, “definitivamente la agenda mundial respecto del cambio climático está marcando la urgente necesidad de adaptar los planes hacia la sustentabilidad para mitigar las emisiones de CO2, principal causante de esta problemática. En este sentido, el principal desafío es la necesidad de actuar rápidamente para poder cumplir con el objetivo de Net Cero, establecido en el marco del compromiso de Business Ambition for 1.5°C”, según lo que señala Verónica Zampa, gerenta de Comunicaciones y Sustentabilidad de la compañía.

Reducir los desechos y reutilizar insumos, por lo tanto, emergen como dos tendencias concretas que se acentuarían de ahora en más. Pero hay otras problemáticas que también pueden ser tomadas por las empresas. “Es fundamental el foco en la acción por el clima y la promoción de la energía de fuentes limpias para ir modificando la matriz que hoy tiene nuestro país”, asegura Federico Böttcher Sorondo, gerente general de Inversión Social del Grupo San Miguel, en su aporte al análisis.

Si bien se destaca la cuestión ambiental como factor de peso a mediano plazo, en el ámbito de las empresas identifican otros temas en torno de los cuales girará la Sustentabilidad. Para María Martha Deleonardis, gerenta de Negocios Responsables del Bbva, “en los próximos 25 años el desafío más grande va a ser afianzar el camino de la concientización, donde serán moneda corriente la perspectiva de género, la economía circular, las energías renovables, el compromiso con la comunidad y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, todo lo cual favorecerá la integración de la sustentabilidad al negocio”.

 

Trabajo y educación

En un contexto donde varias profesiones y oficios se ven amenazados por las innovaciones tecnológicas y se asiste a la necesidad de incentivar la promoción del empleo, desde las empresas postulan que éste será otro de los temas con peso propio en la agenda de la sustentabilidad de los próximos años. Heather Feehan, jefa de RSE del Banco Patagonia, advierte que “los principales desafíos surgen de la necesidad de seguir trabajando juntos para alcanzar un mejor impacto frente a los cambios tecnológicos, la inteligencia artificial y la robótica”. Si las transformaciones de la manera de producir bienes y servicios generan desocupación, ¿cómo generar alternativas de inclusión laboral a nivel local e incluso global?

Claro que se habla de la reconversión laboral como condición necesaria, pero resultará otra meta a perseguir cómo crear modelos económicos que generen más puestos de trabajo. En ese contexto de incertidumbre, Böttcher Sorondo cree que otro gran desafío “se relaciona con el ODS 8: Trabajo Decente y Crecimiento Económico, y allí las empresas también tenemos mucho por aportar, contribuyendo al desarrollo de cada una de esas comunidades de las que somos parte”. Y en ese sentido, la generación de empleo resulta ser una pieza clave del engranaje que lleva a la inclusión social.

Por su parte, Mosso también se refiere a la importancia que tendrán los “negocios equitativos e inclusivos que garanticen el acceso igualitario de oportunidades”. Y si de éstas se hablan, existen numerosas barreras pendientes aún de ser superadas, tales como la discriminación por raza o género, las desigualdades económicas y la falta de empleo y de una educación de calidad. Para Mosso, “en 2044 las políticas educativas serán clave para reproducir un sistema sostenible”, mientras que para Böttcher Sorondo, “la Argentina necesita especialmente seguir trabajando por la educación de calidad en cada rincón de su territorio, como camino ineludible hacia el desarrollo”.

 

Temas en agenda

Medio ambiente, Género, Empleo, Educación de calidad, Nuevas Tecnologías y, en un plano general, alineamiento con los ODS. ésas parecen ser las tendencias futuras que nutrirán las estrategias de sustentabilidad de las compañías a mediano plazo. ¿Pero cómo lograr esos cambios? ¿Cómo trabajar en concreto para desarrollar esos temas?

Para Deleonardis, del Bbva, “el éxito de estas prácticas responsables depende de la unión de todos los actores, gobierno, empresas, ONG y ciudadanos. En este sentido, los acuerdos público-privados cumplen un rol fundamental.”

Según Heather Feehan, “el trabajo articulado entre empresas, actores de la sociedad civil y gobiernos llegó para quedarse, eso nos desafía a seguir alineando nuestra estrategia de sostenibilidad al negocio e integrando planes que contribuyan con la Agenda 2030” que incluye los 17 ODS. Y deja planteado el desafío de apostar a las acciones de articulación, más allá de los intereses sectoriales, para lograr impacto de mayor alcance.

Por su parte, para Eduardo Kronberg, gerente de Sustentabilidad Toyota Argentina, la agenda de Sustentabilidad de las empresas para los próximos años estará signada por la cuestión ambiental: “El avance de la tecnología y el crecimiento mundial de la sociedad suponen cambios de hábito que impactan, no sólo en la forma de consumir sino, sobre todo, en las formas de diseñar y producir. Por eso, el cuidado del ambiente toma cada vez más protagonismo. Estamos convencidos de que la inversión en innovación tecnológica y el cuidado constante de los aspectos ambientales en el ciclo de vida del automóvil son bases sólidas para seguir avanzando hacia el futuro de la movilidad.” Y a modo de ejemplo, anticipa que la planta automotriz de Zárate será abastecida “con el 100 por ciento de energía eólica a partir de 2020”.

 

Transversalidad

Pero más allá de las particularidades de cada compañía, a la hora de los pronósticos, la mayoría coincide con la necesidad de pensar la Sustentabilidad como un factor clave de los negocios. Por ejemplo, para Rodrigo Espinoza, gerente de Relaciones Institucionales de Camuzzi, se debe “lograr una mayor apropiación por parte de las distintas áreas de cada compañía sobre el valor de la sustentabilidad, con el objetivo de abordarla transversalmente”. Así, el concepto no quedaría restringido sólo a un área específica sino que se tratará de una cuestión de interés para todos los departamentos de la empresa.

En la misma línea, Adriana Arias, de Zurich, coincide en la importancia de la transversalidad y que ésta puede plasmarse “a través de las soluciones hacia clientes y la manera de invertir los activos corporativos. Un abordaje proactivo de triple impacto con un propósito unificador: construir un compromiso de largo plazo hacia nuestra sociedad.”

En sintonía, Nora Mosso coincide en la necesidad de “repensar las estructuras organizacionales haciendo foco en un desarrollo participativo que asegure un impacto social positivo ocupará la agenda de muchas empresas argentinas”.

De acuerdo con estos aportes se puede vaticinar que ya no será optativo para las empresas argentinas atender a su agenda de desarrollo sostenible. De hecho, ya son amplia mayoría las que proyectan el éxito de sus negocios asociados a la generación de impacto social y ambiental. El camino hacia ese futuro ya comenzó.

 

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Opinión

Poder y propósito // Por Javier García Moritán*

Estamos atravesando un momento de enardecimiento de los conflictos sociales, políticos y económicos en la región, que nos cuestionan a quienes tenemos alguna responsabilidad institucional. Necesitamos saber exactamente dónde estamos parados para actuar y qué podemos hacer para generar las condiciones favorables a la paz social y a una mayor equidad en nuestros países.

En ese sentido pienso que hay dos desafíos grandes que nos convocan y que además entrañan alguna ambigüedad. Por un lado, hace falta más que nunca fortalecer una “infraestructura de bien público”, que brinde los incentivos necesarios para que el sector público, el privado y la sociedad civil se conviertan en aliados para el desarrollo. Impulsar una “institucionalidad con propósito” que vaya de la competencia a la cooperación podría ser la síntesis del espíritu que la época demanda. Por otro lado, asistimos a una nueva configuración del poder en la actualidad, que se apoya en plataformas tecnológicas, que promueve una participación radical y que es capaz de movilizar masas por una causa, generando una incidencia decisiva en la política contemporánea.

Un interesante desafío para las organizaciones comprometidas con la sustentabilidad va a ser el de entrelazar la necesidad de contar con instituciones fuertes, ligadas a la misión de agregar valor a la sociedad, al mismo tiempo que atender la innovación y orientarla para facilitar más y mejores bienes públicos.

* Director ejecutivo de Gdfe.

 

Incidencia y acción // Por Sebastián Bigorito *

La agenda de sustentabilidad es una agenda global que impacta a nivel local, en la medida en la que los países y los gobiernos ratifican los acuerdos o adhieren a las convenciones internacionales. A nivel global, nos enfrentamos a varios desafíos como la subvaloración del multilateralismo, las guerras comerciales y los nacionalismos exacerbados que van en detrimento del sistema sobre el que reposa la agenda de sustentabilidad: la cooperación multilateral.

A nivel local, tendremos un desafío a partir del cambio de Gobierno, ya que la posición del país ante los foros ha dependido mucho de la visión de cada dirigente y espacio político. No lo sabemos aún, pero podemos estar frente a un cambio de estilo menor o a un giro mayor. Allí se pone en juego la continuidad/discontinuidad en aquello en lo que las empresas, por ceñirse a la agenda política, han priorizado, implementado e invertido.

En Argentina, también nos enfrentamos a la realidad de que, si bien la agenda de sustentabilidad es percibida como un tema “importante”, estamos atravesados por urgencias. Ante este panorama, las organizaciones sociales y los think tank debemos mantener anclada la agenda para evitar que se abandone.

Creemos que el sector privado debe plantearse dos líneas de acción. Por un lado, promover la incidencia a partir del diálogo con los gobiernos y de transmitir la necesidad de continuidad. Por otro lado, tener una agenda programática: a pesar de los cambios, las empresas deben permanecer actualizadas, capacitadas y preparadas para una agenda que, más temprano que tarde, se impondrá por la presión social y de la opinión pública.

* Director ejecutivo de Ceads.

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