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Diversas ONG trabajan en uno de los países europeos que recibe más refugiados provenientes de África. Allí, donde la solidaridad convive con la xenofobia, las organizaciones brindan contención a los recién llegados. 

 

Texto Alejandro Cánepa.

 

Desde hace años, miles de migrantes luchan por ingresar a Europa, escapándose de guerras civiles, gobiernos despóticos y pobreza estructural. Mientras la Unión Europea no acierta en dar una respuesta efectiva al fenómeno, las personas que huyen de países tan distantes como Guinea, Malí o Nigeria buscan un futuro mejor en el Viejo Continente, exponiéndose a viajes peligrosos, “regulados” por organizaciones mafiosas que actúan en Libia, una suerte de trampolín hacia el destino final. Tercer Sector se contactó con referentes de Organizaciones de la Sociedad Civil de Italia que trabajan en la asistencia a los refugiados que llegan a esa nación.

Baobab Experience es una asociación civil con sede en Roma, fundada extraoficialmente en 2015 y reconocida con todas las de la ley al año siguiente. Tatiana Simmi, vocera de esa entidad, cuenta: “Somos una asociación de ciudadanos y ciudadanas que luchan junto a las personas migrantes por la defensa de los derechos humanos y civiles y para una acogida justa y humana. Gracias al trabajo de voluntarios y activistas en la preparación y distribución de comida, ropa y tiendas de campaña, además de asesoramiento sanitario y legal, desde 2015 hemos asistido a 85 mil personas”. Baobab (un tipo de árbol que crece en África) fue un campamento montado en Roma donde vivían refugiados que eran asistidos por voluntarios. En noviembre de 2018, el gobierno italiano lo desmanteló con topadoras, pero no ofreció ninguna solución concreta para quienes allí vivían.

En la actualidad, cuando Baobab Experience toma contacto con los migrantes, los debe atender en la calle, ya que ni éstos ni la OSC tienen garantizado un inmueble. En ese contexto, los recién llegados reciben almuerzo y cena, utensilios de cocina, calzado y ropa interior, entre otros elementos. Pasada esa primera instancia se ofrece información sobre las leyes italianas, cómo solicitar asilo y asesoramiento ante amenazas de expulsión del país. Una tercera etapa consiste en brindarles formación laboral y tramitación de ayuda social ante las autoridades.  Y una cuarta y última fase tiene que ver con la recreación, fundamental en una situación desesperante como la que atraviesan estas personas; cursos de italiano, visitas guiadas por Roma y partidos amistosos de fútbol y básquet forman parte del menú de actividades.

 

Atención a los chicos

L’Associazione Partecipazione e Sviluppo (Asociación Participación y Desarrollo, APD) es otra de las OSC italianas que brinda ayuda a quienes llegan a ese país. En este caso, opera en las provincias de Lucca, Pistoia, Sardegna y Grossetto, dentro de la norteña región de Toscana (a la que pertenece la ciudad de Florencia), y también lo hacen en la isla de Cerdeña. Alessandro Ghionzoli es el presidente de la entidad y relata: “Trabajamos desde 2011 asistiendo principalmente a víctimas de violencia, especialmente de la franja del África Subsahariana, y en menor medida de Pakistán y Sri Lanka”.

La organización conduce un conjunto de departamentos donde viven las personas migrantes que solicitan asilo. A través de convenios firmados con las prefecturas (municipios) donde actúa la asociación, el personal se encarga de dar alojamiento, comida y atención médica básica en forma gratuita. Como hace Baobab, en una segunda instancia y a través de la figura de los “mediadores culturales”, APD brinda a los residentes, clases de italiano y buscan establecer “contacto psicológico” con los chicos, que suelen llegar shockeados, luego de atravesar desiertos y el mar, lo que se suma al maltrato y la violencia que sufren en Libia en manos de las organizaciones clandestinas que los trasladan en el último tramo.

“Si el daño psicológico es grave, convocamos a un psiquiatra especializado. Además, intentamos buscarles un trabajo o actividad para que hagan durante el día, porque no hacer nada puede ocasionar reacciones violentas o depresión”, informa Ghionzoli. Por supuesto, como él reconoce, “no es fácil conseguir un trabajo hoy en Italia, lo sabemos bien”.  Así, los migrantes esperan en las sedes de APD qué sucede con su pedido de asilo; si es rechazado en primera instancia pueden apelar, pero si las autoridades vuelven a denegarlo, caducan las medidas de ayuda. “Pero tampoco pueden ser repatriados, porque Italia no tiene relaciones de ese tipo con esos países, así que comienzan otro tipo de problemas”, explica el titular de la OSC, para describir esa especie de limbo en el que quedan atrapadas estas personas.

El temor al distinto, especialmente en sociedades con problemas económicos, es alimento para que las autoridades busquen chivos expiatorios. En ese sentido Simmi, de Baobab, advierte: “Desde nuestro punto de vista, la cuestión migratoria es un problema político deliberadamente irresuelto; el uso de un lenguaje y de un imaginario divisivo, para instalar el miedo al otro, al diverso, al extranjero, es útil para desviar la atención sobre la inadecuada política social y económica, tanto a nivel nacional como internacional”.

Mientras tanto, existe otra Italia que brinda contención a quienes se escapan de las guerras y la pobreza extrema. “Saludos a la magnífica tierra de Argentina, tierra de tantos de nuestros migrantes y, por eso, nuestra hermana”, saluda Ghionzoli, de la APD, y trae a la memoria a los millares de italianos e italianas que de sembarcaron en nuestro país huyendo del atraso de pueblitos rurales de Calabria o Sicilia, de los barrios obreros de Génova o Roma o de las ciudades vapuleadas por la Segunda Guerra Mundial, como Turín.

 

Cómo conectarse

Baobab Experience: www.baobabexperience.org

APD: www.partecipazione.info

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