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Florencia Kartofel recorre zonas rurales con un banco de semillas que son intercambiadas con productores, con el fin de fomentar la biodiversidad. Pasa un tiempo en cada región, trabajando a cambio de alimento y hospedaje.

Texto Florencia Tuchin.

Minga es la idea que pregona Florencia Kartofel al hablar de sus próximos desafíos. Para ella, el trabajo comunitario es el que genera el bien común. Tuvo un recorrido por diferentes organizaciones que la llevaron a reflexionar sobre lo importante que es la transformación individual, para que luego se reproduzca o multiplique de forma social. Hoy recorre zonas rurales para interactuar con pequeños productores. Lleva con ella un banco de semillas viajero y cuando pasa por un campo intercambia con el productor la semilla autóctona con otra que ella trae de otra región. Pasa un tiempo en cada zona rural, donde trabaja a cambio de alimento y hospedaje. A través de las semillas fomenta la biodiversidad y su banco se convirtió en un medio para que los agricultores puedan realizar intercambios.

Kartofel nació en Paso del Rey, una ciudad ubicada en la zona oeste de Gran Buenos Aires, en el partido de Moreno. Pasó parte de su infancia allí, pero a raíz de situaciones de inseguridad, su familia decidió mudarse a Bella Vista. Asistió a la única escuela laica de la zona, a la cual también concurrían niños becados del barrio obrero. “Desde cuarto grado –relata– estuve en contacto con realidades muy distintas a la mía. Mi mejor amiga era de uno de estos barrios. Me empezó a llevar a una red de comedores barriales del oeste que se llamaba El encuentro. Ahí di talleres de murga y apoyo escolar. A los 13 años ya estaba muy involucrada con el trabajo recreativo”.

 

Recorrido

Florencia estudió sociología, pero luego de tres años, decidió dejarla y convertirse en maestra jardinera. Hizo un seminario pedagógico Waldorf y realizó un curso de un año y medio de psicodrama y juego para el trabajo comunitario. También participó de muchos encuentros y talleres de permacultura y gestión cultural. Además de su experiencia profesional, ella destaca que su recorrido por las organizaciones sociales fue lo que la formó como ser humano. “Aprendí a observar a mi alrededor, a tener una mirada crítica de la realidad y a tener una actitud transformadora desde las pequeñas acciones”, subraya. Participó de organizaciones como ABC y Yungo.

“Cuando me acerqué por primera vez al movimiento campesino fue por curiosidad. Quería saber más sobre la bandera que ellos levantaban: la soberanía alimentaria. Me propusieron realizar una pasantía que implica convivir con una familia diez días para ver de qué se trataba la vida campesina. A partir de ahí mi cabeza cambió sustancialmente. Comencé a defender la soberanía alimentaria, la ley de semillas y la pelea contra el avance de la frontera agrícola. Comencé a reconocer y valorizar los sistemas agrícolas de antaño”, cuenta Kartofel.

Hoy Florencia se encuentra en un momento bisagra de su vida. Con 28 años dice que no tiene en claro cómo sigue su futuro próximo, pero si está segura que vaya donde vaya habrá una parcela de tierra, donde pueda producir un banco de alimentos, siempre en forma comunitaria.

 

Cómo conectarse: https://www.facebook.com/flor.kartofel?fref=ts

 

FuenteRevista Edición 107
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