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A nivel global, la emisión de bonos verdes que financian proyectos ambientales va en aumento. En Argentina, su uso es aún incipiente para iniciativas de energía renovable. Desde la Comisión Nacional de Valores (CNV) se lanzó una guía para incentivar su uso.

Textos Gabriela Ensinck.

 

Los denominados bonos verdes, utilizados para financiar proyectos con impacto ambiental positivo, hace tiempo que despegaron en el mundo y en los últimos doce años representaron un volumen de 521.000 millones de dólares (equivalente a un PBI Argentino).

Su uso viene creciendo y el año pasado alcanzaron 167.000 millones de dólares, según datos de la organización Climate Bonds Initiative. Estados Unidos y China lideraron el uso de estos instrumentos al emitir 34 y 31 mil millones de dólares respectivamente, para financiar proyectos en tres áreas principales: transporte, energía y acceso al agua potable.

En Argentina, “el uso de estos instrumentos es incipiente. En 2017 y la primera parte de 2018 el mercado había comenzado a despegar, pero la inestabilidad financiera y la corrida cambiaria a partir del segundo semestre volvió a frenar su uso”, explica Pablo Cortinez, docente y consultor en Finanzas Sustentables.

A nivel local, el mercado de bonos verdes recién arrancó en 2017 cuando la provincia de La Rioja emitió un bono por 210 millones de dólares para un parque eólico. Le siguió la provincia de Jujuy para financiar un parque solar.

El año pasado, el Banco Galicia fue pionero entre los privados en utilizar este tipo de instrumentos, con una emisión por 100 millones de dólares para proyectos de energía renovable y eficiencia energética, que fue suscripto en su totalidad por el IFC (Corporación Financiera Internacional, perteneciente al Banco Mundial).

Luego, el Banco Itaú lanzó una emisión por 50 millones de dólares para financiar créditos verdes, y el Bice presentó un bono sustentable destinado a costear tanto proyectos ambientales como de impacto social, por otros 50 millones, respaldado por el Fondo Verde para el Clima (Green Climate Fund).

 

Por la eficiencia energética

Con un plazo de siete años, el bono verde emitido por el Banco de Galicia se destinó a proyectos de energías renovables, eficiencia energética y construcciones sustentables.

Desde su lanzamiento, la entidad analizó más de cuarenta proyectos de Inversión.

En mayo de este año, otorgó financiamiento al Grupo Insud para la producción de energía eléctrica a partir de biomasa forestal por 30 millones de dólares en la provincia de Corrientes. Este proyecto, adjudicado a través del plan de licitaciones Renovar 2.0, permitirá generar energía a partir de la biomasa forestal, con una potencia instalada de 40 MW/h. Ubicado en la localidad de Gobernador Virasoro, generará 500 puestos de trabajo durante su construcción y 30 empleos permanentes cuando la planta entre en funcionamiento.

La ley de fomento a las energías renovables, que fijó el objetivo para 2025 de generar un 20 por ciento de energía eléctrica a partir de fuentes limpias, implicó un gran incentivo para la inversión y proyectos en este sector.

 

Guía para inversores

Los bonos verdes forman parte de lo que se llama bonos SVS (sociales, verdes y sustentables). Los primeros están destinados a financiar proyectos con impacto social (inclusión de grupos vulnerables, programas de nutrición infantil o de adultos mayores), y los últimos se enfocan en proyectos que conjugan aspectos sociales y ambientales).

Aunque los verdes representan la mayor parte (un 74 por ciento de toda la emisión de SVS), los bonos sociales y sustentables tienen mucho camino por recorrer aún.

En Argentina, atenta a las tendencias del mercado mundial, la Comisión Nacional de Valores (CNV) lanzó el año pasado una guía para la emisión de estos valores negociables. En un documento titulado: Lineamientos para la emisión de valores negociables sociales, verdes y sustentables en Argentina, el organismo regulador del mercado de capitales señala que las Obligaciones Negociables (en sus versiones simple, pyme o tradicional), los fideicomisos financieros y los fondos comunes de inversión “podrán adoptar estándares de sustentabilidad”.

La resolución de la CNV surgió luego de una consulta pública que el organismo realizó a fin de 2018. Se trata de una guía, que no tiene carácter prescriptivo ni sancionatorio, sino que toma como referencia los principios internacionales que se utilizan en mercados desarrollados e indica las mejores prácticas para los emisores verdes.

“En mercados desarrollados, los inversores institucionales buscan este tipo de bonos porque generan menos volatilidad”, explica Cortinez. “Y en el mundo, hay más demanda que oferta de estos instrumentos”.

Hasta el momento, los bonos verdes emitidos en Argentina se colocaron en el exterior o entre organismos multilaterales. “Con esta guía, la CNV busca impulsar el mercado local y que los fondos interesados lleguen al país”, destacó el especialista.

Asímismo,existe el proyecto de crear un panel de compañías sustentables, a semejanza de lo que ocurre en otras bolsas del mundo, como el Dow Jones Sustainability Index para la Bolsa de Nueva York, o el ISE (Indice de Sustentabilidad Empresarial) Bovespa de la Bolsa de San Pablo. Para esto, la CNV está en conversaciones con ByMa (Bolsas y Mercados Argentinos, el nuevo mercado de capitales surgido de la unión del Mercado de Valores de Buenos Aires, Merval y la Bolsa de Comercio porteña).

La posibilidad de contar con un panel específico, permitirá a las compañías de seguros, los fondos de inversión e incluso a los inversores minoristas, orientar sus inversiones hacia aquellos proyectos y compañías que generan beneficios ambientales y sociales en el país.

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