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Referente a nivel mundial, el médico infectólogo atiende a las personas que viven con VIH desde la aparición de la enfermedad y es el creador de la Fundación Huésped, la ONG que realiza una intensa labor en investigación, prevención y lucha contra la discriminación.

 

Texto Natalia Concina.

 

En blanco y negro, la cámara enfoca camas de hospital vacías mientras que la actriz Cipe Lincovsky recita: “Primero se llevaron a los homosexuales, pero yo no me preocupé porque no era homosexual”, y tras describir que había pasado lo mismo con los “drogadictos” y los hemofílicos concluye: “Ahora ya es tarde. Están golpeando a mi puerta”. La cámara se detiene en una puerta que se abre y el mensaje llega directo e impacta: “Sida, no te dejes llevar por la indiferencia. Informate”.

La pieza audiovisual, parte de la campaña de bien público del Consejo Publicitario Argentino (CPA) junto con la Fundación Huésped, vio la luz en 1992, tras dos años de intenso trabajo entre médicos, pacientes y publicistas.

La ONG había sido creada tres años antes por el médico Pedro Cahn, quien como jefe del Servicio de Infectología del Hospital Fernández había atendido a los primeros pacientes con VIH del país, para quienes –hasta ese momento– el sida era una enfermedad mortal que sólo podía tratarse con el medicamento AZT.

La campaña del CPA es uno de los hitos que Cahn marca en la historia de Huésped: “Habilitamos el primer teléfono de contacto. Muchos llamaban para pedir información, pero también había quienes nos insultaban porque sus hijos abrían el diario y encontraban la foto de un preservativo gigante con la leyenda: ‘El tiempo está malísimo, abrigate’”, recordó el especialista en diálogo con Tercer Sector.

Más de 25 años después de aquel hito, el infectólogo reparte sus días entre ir dos veces por semana a atender al hospital en forma voluntaria, trabajar en forma privada y, por supuesto, seguir construyendo Huésped.

 

–¿Cómo surge la necesidad de fundar una ONG?

–Huésped surge por la necesidad de encontrar una forma legítima y legal de canalizar a la gente que quería aportar su grano de arena en la lucha contra el sida. Esto implicaba, tanto un aporte económico como trabajo voluntario y, la verdad, es que ambas cosas en el hospital eran muy complicadas, porque en esos años nos hacían bastante la guerra a los que atendíamos “esa enfermedad rara”. También nos parecía poco ético hacerlo a través del centro médico privado que yo dirigía. Entonces, en el altillo del edificio de este centro médico, empezamos a reunirnos un grupo bastante chico de personas y formamos la Fundación.

 

–¿Cómo llegaron de ese grupo pequeño a convertirse en una ONG de referencia?

–El primero de estos hitos fue la incorporación de Roberto Jáuregui, periodista de Página/12. Yo lo fui a ver a pedido de la familia, en el año 1988. En ese momento sólo teníamos el AZT, que costaba 400 dólares, y él escribió en el diario: “Me llamo Roberto Jáuregui, tengo sida y necesito comprarme un medicamento que hay que traer de Estados Unidos y no tengo plata para hacerlo”. A las pocas semanas vino a verme y me contó que a partir de la publicación había recibido medicación y dinero como para tres meses. En ese momento lo invité a trabajar con nosotros en la Fundación, aceptó y se transformó en un motor extraordinario.

Otro hito: sobre el fin de la década del ’90, cuando el Consejo Publicitario Argentino seleccionó a Huésped para la campaña de bien público que hace todos los años. Fue muy intensa, porque abarcó radio, televisión, diarios y vía pública. Tuvimos que montar nuestra línea telefónica 0800 y nos dio una visibilidad enorme.

El tercer hito fue la aparición de un señor un día en el hospital que me dijo que quería hacer una donación. Me acuerdo que me preguntó qué haría con medio millón de dólares. Yo me reí pensando que me estaba cargando, pero después me di cuenta de que hablaba en serio, y así compramos la casa donde hoy funcionamos y que nos permitió crecer muchísimo.

Finalmente, en 1996, desde Huésped pudimos donarle al Fernández un Hospital de Día, para lo cual se techó un patio. Fue una obra de 400 mil dólares que juntamos con donaciones de particulares y empresas, y con eventos como recitales con distintas figuras.

 

–¿Cuál es la tarea que realiza Huésped hoy?

–Tiene tres pilares: prevención, ciencia y derechos. Esto implica un trabajo en investigación clínica, en campañas constantes de prevención, en abogacía (presión y asesoramiento para fomentar políticas públicas), y tenemos una oficina de asesoría jurídica en caso de discriminación, un consultorio de asistencia psicológica para pacientes y un centro de testeo. Todos los servicios que brindamos son sin cargo. Todas estas tareas se sostienen con más de 80 empleados en relación de dependencia, además de voluntarios. Y se mantiene sobre la base de subsidios de investigación clínica, que se reciben de organismos internacionales y laboratorios, pero además contamos con más de 15 mil donantes individuales y eso nos ayuda muchísimo.

 

–¿Cuál fue el rol de las ONG en la lucha contra el VIH?

–Tanto Huésped como todas las otras Organizaciones de la Sociedad Civil fueron muy importantes. Su rol ha sido clave para presionar y que tengamos, por ejemplo, un Programa Nacional de Sida que brinda gratuitamente tanto el diagnóstico como el tratamiento.

 

–¿Cómo evolucionó la sociedad desde que apareció el virus?

–Ha mejorado mucho desde los tiempos iniciales, cuando las personas con VIH tenían que vivir una vida clandestina. No obstante, la realidad que vivimos hoy dista de ser la ideal porque todavía hay mucho estigma y discriminación. Argentina tiene hoy una la ley de Identidad de Género, de Matrimonio Igualitario, es decir que tenemos una evolución en los derechos de las personas de la tercera generación con el virus que es más favorable. Sin embargo, hay personas que ocultan su condición incluso de su familia, por lo que todavía queda un largo camino por recorrer.

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