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En su paso por Argentina, la presidenta de Tompkins Conservation recordó los inicios de su trabajo, se refirió a los parques nacionales como motores de crecimiento regional y a las nuevas generaciones, como una esperanza para el futuro de la tierra.

Texto Magalí Sztejn.

 

Continuadora del legado de su marido, Douglas Tompkins, la conservacionista y empresaria estadounidense visitó la 133° Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria Internacional en La Rural. En su paso por Buenos Aires, la presidenta de Tompkins Conservation y embajadora de Áreas Protegidas de las Naciones Unidas no sólo contó cómo fue el proceso para contribuir a la creación de 5 millones de hectáreas protegidas en Argentina y Chile, sino que también enfrentó los cuestionamientos de empresarios ganaderos. Con una larga trayectoria, en la que hasta fue acusada de querer crear un basurero nuclear para Estados Unidos, esta mujer que pisa los 70 años destacó que el debate es positivo y dijo que comprende los miedos de los otros. “Hoy lo veo con ojos más maduros. Cuando algo pasa en tu casa y es nuevo, es difícil de entender”, analizó. Con muchos viajes en su haber, en los que vio con sus propios ojos las violaciones de derechos, explicó: “En mi experiencia siempre se puede negociar. Eventualmente, todos queremos vivir bien, llevar a nuestras familias adelante y la belleza de tener aire puro”.

–¿Cómo nació su vínculo con la Patagonia?

–En 1968 mi marido Doug y mi mejor amigo, Yvon Chouinard, manejaron desde San Francisco hasta el monte Fitz Roy y se quedaron muy impresionados con el lugar. En los años ’90, Doug se instaló en Chile y un año después yo también fui. Empezamos a trabajar en la conservación con campos chicos, tratando de que fueran autosustentables económicamente.

–Desde su experiencia, ¿cuál debería ser la relación entre el dueño y su tierra?

–Es un acuerdo, un baile eterno. Si los tratas bien, los suelos son muy fieles y pueden darles a todas las generaciones una vida sana.

–¿Por qué son importantes los parques nacionales?

–Donde existen, son motores para el crecimiento local, vinculando el terreno, las especies y las comunidades. Ellos tienen que sentir beneficios, como saber que sus hijos no tienen que viajar para trabajar y pueden desarrollarse ahí. En los Esteros del Iberá (provincia de Corrientes) hemos hecho un trabajo muy profundo con el gobierno para lograr eso y probablemente sea el mejor modelo que hemos creado. Creo que es hoy el parque más grande del país. Un tercio lo donamos nosotros, pero los otros dos tercios es provincial. Es una relación muy fuerte entre lo privado y lo público.

–¿Qué rol cumple el Parque Nacional de la Amazonia, en Brasil?

–El mundo tiene sus ojos puestos ahí. Son los pulmones del planeta. Si el presidente (Jair) Bolsonaro sigue tratando de desregularizar su protección, va a despertar la precaución de muchos países.

–¿Pueden convivir la actividad agropecuaria y el conservacionismo?

–Tienen que convivir. No puede existir un mundo sin producción, pero debe ser equilibrada. Hay que planificar cómo relacionarlos. No significa que el Parque Nacional va a tener ganado adentro, pero tampoco que los ganaderos no puedan aumentar la actividad con la vinculación de los parques. Creo que es posible, pero requiere que cambiemos la mirada de los últimos 70 años.

–¿Cuáles son las principales problemáticas ambientales, hoy, de Argentina?

–Los mismos que cada país tiene en el mundo: la condición de los océanos, la desaparición de los bosques. Es una lucha de nuestra fundación hacia dónde vamos como país y como civilización. Hoy no podés plantear tus metas basándote en un entendimiento del estado de recursos de hace tiempo. Conozco muchos responsables de compañías que tienen muy claro que la manera de manejar su negocio está cambiando.

–¿Cuál es legado de Tompkins Conservation?

–Yo espero tres cosas: que las comunidades alrededor de cualquier parque que ayudamos a crear sean dignas y prosperen, que la vida silvestre esté en el lugar que merece estar, y que las nuevas generaciones tengan aptitud y deseo de producir y conservar en todos sus aspectos.

–¿A qué se debe el cambio de conciencia que se observa a nivel generacional?

–A que mucha gente joven ve que su mundo no está asegurado y no quiere ese destino. Hay un movimiento nuevo que está al frente de proteger su propio futuro, que nos dice que se lo estamos robando. Técnicamente, probablemente sea verdad. Vamos a ver menos resultado de nuestra generación pero más pilas de los que vienen.

–¿Qué rol cumplen las ONG?

–Siempre son importantes. La sociedad es más fuerte y más saludable cuando los individuos hablan y se expresan.

–¿Hay suficiente diálogo en Argentina?

–No lo sé. No me meto en la vida política. Ustedes tienen que decidir si hablan suficiente o no.

1 Comentario

  1. Muy buena entrevista, está clara la postura de los conservacionistas. Ahora es tarea de los estados preocuparse De un futuro auto sustentable, donde puedan coexistir en equilibrio el ser humano y la naturaleza.

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