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Pionera en la lucha por los Derechos Humanos, la activista de origen maya fue una de las fundadoras de la Coordinadora Nacional de Viudas, una organización que impulsó la búsqueda de miles de desaparecidos durante la guerra civil guatemalteca y hoy mantiene viva la memoria de esas víctimas. 

 

Texto Silvina Oranges.

 

Rosalina Tuyuc fue una de las fundadoras y actualmente es secretaria general de la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala (Conavigua), una Organización de la Sociedad Civil que agrupa a más de 9.000 mujeres y viene denunciando las violaciones a los derechos humanos que ocurren en ese país. La desaparición de dos de sus familiares y la situación que vivieron miles de mujeres indígenas durante el conflicto armado guatemalteco la llevaron a luchar sin descanso por los derechos humanos. En los últimos años, esta activista de origen maya que llegó al Congreso de su país se puso al hombro la tarea de la búsqueda de los desaparecidos que dejó la guerra civil (1960-1996), en la que murieron unas 200.000 personas y otras 45.000 permanecen desaparecidas. Sin apoyo del Estado, las familias buscan, encuentran, exhuman y sepultan dignamente a sus seres queridos.

Tuyuc pasó por Buenos Aires para participar de un foro interreligioso que se realizó a fines de septiembre, en el marco del G-20. De regreso a su país, dialogó telefónicamente con Tercer Sector.

 

–¿Por qué dedicó su vida a la defensa de los derechos humanos?

–Desde muy joven me dediqué a defender los derechos de los pueblos indígenas en general, pero me aboqué específicamente a los derechos humanos a partir de la desaparición forzada de mi padre, Francisco Tuyuc, en 1982 y de mi esposo, Rolando Gómez, en 1985, y de todas las graves violaciones que se dieron durante el conflicto armado y posteriormente también con el tema de la violencia sexual contra las mujeres indígenas. Empecé para encontrar los cuerpos de mi padre y mi esposo, y así me involucré y fundé Conavigua junto a miles de mujeres que buscamos a nuestros familiares. Somos una familia de familiares desaparecidos y trabajamos en esa búsqueda.

 

–Este año, en Guatemala fueron sepultados restos de indígenas masacrados por el Ejército durante la guerra civil. ¿Cómo se inició el trabajo de la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala en la búsqueda de los cuerpos?

–En un comienzo, éramos unas ocho mujeres que nos empezamos a juntar con el deseo de recuperar los cuerpos de nuestros familiares. Todas sabíamos que se los llevó el Ejército y que permanecían en el destacamento militar de San Juan Comalapa. En 2001 logramos ingresar por primera vez y ahí comenzó la búsqueda. La mayoría de nosotras no logramos encontrar a nuestros seres queridos, pero sí localizamos alrededor de 226 osamentas, con lo que quedó evidenciado que en ese lugar funcionó un centro de tortura, de ejecución extrajudicial, de desaparición forzada y de violación contra las mujeres. En un porcentaje mínimo se logró darles nombres y apellidos, y luego los restos fueron entregados a sus familiares, que vivían en lugares cercanos al destacamento, aunque no todos eran de Comalapa. Todo el pueblo sabía que ahí estaban nuestros familiares.

 

–¿Cómo concluyó ese doloroso proceso?

–El 21 de junio se hizo un acto para recordar a todas las víctimas de desaparición forzada. Unas 172 osamentas sin nombre y sin cuerpo fueron inhumadas en el mismo destacamento de donde fueron exhumadas entre 2003 y 2005, y se montó una especie de memorial a las víctimas. El trabajo que realizaron los antropólogos forenses y la ciencia no consiguió reconocer a las víctimas que fueron inhumadas. No recibimos ninguna ayuda del Estado. Todo el trabajo fue realizado con el apoyo de los familiares y de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala; es decir, de la sociedad civil con la ayuda de la comunidad de Comalapa. Ya que el Estado no dignificaba a los desaparecidos, debíamos hacerlo nosotras, las mujeres.

 

–¿Cómo trabajan en su país para cerrar las heridas que dejó la guerra civil? ¿Logró recuperarse la sociedad guatemalteca?

–Desde los años ’80, el planteamiento de la Conavigua fue solicitar medidas de reparación al Estado: el resarcimiento económico, el material, la dignificación psicosocial y también cultural. Pero lamentablemente, a raíz de que se institucionalizó el programa de resarcimiento, sólo fue posible impulsar la reparación económica, pero no así todas las otras medidas que aún están pendientes. Los distintos gobiernos que han pasado por Guatemala no le han dado prioridad al tema, es una deuda pendiente del Estado con todas las víctimas del conflicto armado. Sin embargo, nosotras no nos quedamos con los brazos cruzados, sino que venimos trabajando en la atención psicosocial para lograr el cierre del duelo con las mujeres a través de una metodología propia que creamos dentro de la coordinadora, desde la cosmovisión maya, a través de los conocimientos ancestrales que hay en las comunidades. Desde los ’90 nos hemos dedicado a la exhumación e inhumación de los cuerpos. Se han buscado fondos a través de la Iglesia Católica y la Cruz Roja para poder hacer monumentos dedicados a la memoria de las víctimas en los lugares donde se hacen las exhumaciones, pero con muy poco apoyo por parte de las municipalidades. Sigue siendo una deuda pendiente.

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