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De visita en Buenos Aires, el director ejecutivo de la Casa de Ana Frank en Ámsterdam remarcó la importancia de transmitir a las nuevas generaciones los peligros del antisemitismo, el racismo y la discriminación.

 

Texto Flor Beniaminovich.

 

La visita al Parque de la Memoria, donde se encuentra el Monumento a las Víctimas de la última dictadura cívico-militar, fue uno de los momentos que más movilizó al director ejecutivo de la Casa de Ana Frank Ámsterdam, Ronald Leopold, durante su reciente viaje a Buenos Aires. Invitado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, durante la última semana de agosto desarrolló una intensa actividad, que incluyó una recorrida por distintas organizaciones de la Ciudad.

El trabajo de Leopold en Holanda consiste en administrar el lugar donde Ana Frank se escondió durante la Segunda Guerra Mundial y escribió su diario. La organización busca aumentar la conciencia global de la historia de su vida, alentando a las personas a reflexionar sobre los peligros del antisemitismo, el racismo y la discriminación. Una de sus misiones es transmitir la importancia de la libertad, los derechos humanos y la democracia.

Ana Frank es reconocida mundialmente por ser la niña que relató en su diario íntimo el tiempo en el que vivió escondida de los nazis en el anexo de una fábrica en la ciudad holandesa de ámsterdam, junto con su familia. Luego de ser descubiertos y forzados a dejar la propiedad, Ana murió en 1945 en el campo de concentración de Bergen-Belsen.

En Argentina, en 2009 se creó el Centro de Ana Frank, en ocasión del 80° aniversario del nacimiento de la niña. De este modo, se convirtió en la primera institución miembro de la Anne Frank House (AFH) en América latina. Su objetivo es salvaguardar la memoria de Ana Frank, aquella que fue víctima del genocidio más emblemático en la historia de la humanidad.

También, durante su visita a Buenos Aires, Leopold mantuvo reuniones con voluntarios del Centro Ana Frank Argentina. De esos encuentros se fue muy esperanzado. “Noté en estos jóvenes mucho talento y me fui totalmente inspirado. Uno con el tiempo se vuelve un poco pesimista tras ver todo lo que pasó y sigue pasando en el mundo. Sin embargo, cuando se conversa con estos chicos, que están llenos de optimismo y esperanza, uno sale revitalizado. Fue muy interesante escuchar sus reflexiones, a partir de su experiencia, sobre la discriminación y exclusión. Tienen un gran compromiso con sus comunidades. Es emocionante ver que las generaciones más jóvenes se comprometen con estos temas y buscan construir un futuro mejor”, contó.

–¿Qué le generó el Parque de la Memoria? ¿Tiene aspectos en común con la Casa de Ana Frank?

–Me impactó mucho emocionalmente. Recuerda el sufrimiento de muchas personas. Es muy importante reflexionar sobre cómo llegó a suceder algo así en el país y motivar a las personas a que se comprometan con estos temas para asegurarse que no vuelva a pasar.

La dictadura argentina y el Holocausto son situaciones históricas diferentes, pero ambos acontecimientos son el resultado de las acciones de los seres humanos. Por esa razón podemos aprender de ellos para prevenir futuras atrocidades, que seguimos viendo en el mundo; por eso las organizaciones tienen una gran responsabilidad de enseñar sobre lo que ya pasó. Estos temas no pierden relevancia.

–¿Cómo impacta el nacionalismo en relación con los inmigrantes?

–Hoy, el nacionalismo es un gran tema en los países europeos. Los líderes tienen que ser cuidadosos con las opiniones que realizan en torno de este aspecto. Por un lado, sabemos que el nacionalismo genera que la gente se sienta orgullosa de su país, de sus comunidades, de sus tradiciones y cultura. En ese sentido es algo bueno. Por otro lado, cuando el nacionalismo llega a un nivel tal que empieza a excluir a otros por pertenecer a otras comunidades o por tener un origen distinto, se torna peligroso. Sobre todo cuando se excluyen a aquellas personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad y que necesitan ayuda. En esos casos, el nacionalismo es un obstáculo para la empatía y la solidaridad.

–¿Qué rol tiene la Organización de la Sociedad Civil en este sentido?

–Es muy importante que el tercer sector contribuya para que en la sociedad cada uno pueda ser quien realmente quiere ser. Las organizaciones tienen la responsabilidad de trabajar por una sociedad democrática y procurar que los Estados no tengan un poder ilimitado sobre las personas.

–¿Cómo repercuten las redes sociales en relación con la discriminación y la exclusión?

–Creo que trajeron muchas cosas buenas, pero son plataformas que difunden fácilmente cualquier tipo de pensamientos y mensajes. Algunos pueden llegar a ser peligrosos. A su vez, me alegra que las compañías que administran las redes toman ciertos recaudos frente a los mensajes de odio. Es importante que sigan trabajando en esa línea.

–¿Cuál es el mayor aprendizaje que le dejó Ana Frank?

–Hay muchas lecciones en la historia de Ana Frank. Sin embargo, para los tiempos actuales creo que el aprendizaje más importante que nos puede dejar es la importancia de cuidar la democracia. Ella nació en democracia, pero quince años después padeció terribles sufrimientos hasta que finalmente murió en un campo de concentración. Esto nos muestra que las cosas se pueden deteriorar muy rápido si la sociedad civil no lucha por mantener la democracia. Es importante mantener sociedades abiertas y plurales, porque sin estos aspectos, las cosas se pueden poner feas.

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