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El fundador de la revista Tercer Sector analiza los avances y retrocesos del país, en general, y del sector social, en particular, durante los últimos 25 años. La experiencia en el campo cooperativo y su mirada sobre los medios de comunicación.

Texto Alejandro Cánepa.

 

La revista Tercer Sector nació de la mano de Marcos Cytrynblum, luego de un diálogo con el titular de la Fundación Kellogg, Marcos Kicil, sobre la importancia de crear un medio centrado en contar todo lo que hacían las Organizaciones de la Sociedad Civil en Argentina. La nueva publicación se convertiría, así, en otro proyecto de la Fundación Del Viso –creada en 1987, en paralelo con el Club Argentinos de la misma localidad bonaerense– y generadora de jardines de infantes, una escuela secundaria, otra para chicos con discapacidad, una posta sanitaria y un plan de viviendas populares, entre otras iniciativas. El factor común de todo ese tejido social fue “Cytryn”, como se conoce al fundador de esta revista, quien, a 25 años de los inicios de la misma, habló del presente y futuro del sector social y del periodismo.

 

–Es en 1994 cuando surge Tercer Sector, en pleno gobierno de Carlos Menem, y cumple un cuarto de siglo, cuando acaba de terminar el mandato de Mauricio Macri. ¿Qué semejanzas y diferencias encuentra entre ambas etapas?

–Noto una regresión que comenzó con el gobierno de Menem, con la desindustrialización, la venta de empresas estatales y la apertura irrestricta de importaciones. Y en este período se ven los mismos efectos de las políticas neoliberales, que afectan gravemente a las mayorías. Se nota eso en la baja del consumo, la alta inflación, el crecimiento de la pobreza. Es lo que el ciudadano observa en las calles, con gente durmiendo en las aceras o las familias hacinándose en una sola vivienda, la dificultad para alimentar a los niños, la caída de los servicios de salud. Esta película ya la vimos en 1994 y en 2019 se ve de nuevo. Así que el sector social tiene mucho trabajo, pero no puede solucionar nada si el Estado no recupera su rol. El sector social debe tener un protagonismo dentro de sus posibilidades, pero la caída de ingresos es tan profunda que ese aporte, por más bien intencionado que sea, es ínfimo. La situación del país es grave. Hoy es prioridad absoluta la necesidad de un gobierno que desande este desastre en el que estamos inmersos y del que nos va a costar mucho salir. El cambio de gobierno genera una expectativa que por ahora nos deja inmunes a las protestas sociales que se dan en Chile, Bolivia, Ecuador y Colombia.

 

–Retomando la segunda parte de la respuesta, ¿podría profundizar su mirada en cuanto a cuál debería ser el rol del sector social de ahora en más?

–El rol es todo lo que puedan aportar las OSC. Pero el gran protagonista debe ser el Estado. Es quien tiene más responsabilidades. Las OSC, sí pueden acompañar las políticas generales del Estado, porque habitualmente éste no llega a los intersticios del entramado social, y en ese sentido, el sector social puede llegar a esos lugares, a esos rincones que conoce como nadie. Esa tarea es muy importante, pero complementaria. Deben hacer todo lo que puedan, dentro de su rol.

 

–Usted tiene una amplia experiencia en el campo cooperativo, en particular al ser presidente de la Cooperativa Tel Viso. ¿Cuál cree que puede ser el rol futuro de ese tipo de empresas, en el nuevo contexto?

–Cuesta mucho generalizar, al hablar sobre cooperativas. No se puede afrontar una empresa cooperativa sin que estén dadas las condiciones económicas para que se desarrolle. Las cooperativas que no tengan proyectos viables dentro del sistema económico no van a progresar. Se tienen que desarrollar sobre la satisfacción de una demanda, aunque obviamente necesitan un respaldo del Estado, porque son instituciones sin fines de lucro que compiten dentro del mundo capitalista. En este mundo, cuando la situación de lucro se desvanece, viene el despido y la miseria; entonces, el cooperativismo, si hay verdadera conciencia entre los protagonistas de los proyectos, puede ser una pequeña solución al drama nacional.

 

–Tiene una amplia trayectoria como conductor de medios periodísticos. ¿Cómo evalúa el surgimiento, durante los últimos años, de nuevas experiencias mediáticas, formadas como cooperativas?

–Respeto mucho las opciones alternativas. Valoro esas iniciativas, que son distintos modos de hacer periodismo, que no por pequeñas dejan de ser valiosas, porque se autogestionan y mantienen una línea de independencia respecto de los grandes medios informativos. Sería deseable que prosperaran esas experiencias y surjan otras, que intenten suplir la parcialidad en la que caen las grandes empresas mediáticas.

 

–A futuro, ¿cuáles cree que deberían ser los ejes prioritarios de trabajo del sector social?

–No soy un especialista en políticas sociales, pero puedo contar el caso de la Fundación Del Viso. Tomamos una unidad geográfica y ahí desarrollamos distintos aspectos: tratamos de dar soluciones al tema de la vivienda, de la educación, de la salud, de los jóvenes, se creó el Club Argentinos de Del Viso, se colaboró con el hospital local, se crearon jardines de infantes y escuelas secundarias. Nuestro trabajo se concentra en una geografía concreta, bien de trabajo territorial; es la única manera para que se sinergice el esfuerzo. Si trabajás un tema en este lugar, otro tema en otra zona y así, termina no quedando nada. Se tiene que hacer algo integral en el mismo territorio, si no se diluyen los esfuerzos. Eso incluye, además, formar dirigentes dentro de la propia comunidad. Hoy muchos de los cargos dentro de la fundación están ocupados por gente salida de la misma institución.

 

–A nivel políticas del Estado, ¿cuáles deberían ser las ideas rectoras para combatir la desigualdad, la desocupación y la pobreza?

–Vivimos en un mundo regido por el espíritu de lucro. Lo que hay que ver es cómo se pueden instrumentar políticas que congenien el interés de quienes inician emprendimientos por su capacidad económica, con las necesidades de la mayoría de la población. No creo que el espíritu de lucro se desvanezca, pero creo que hay que lograr un equilibrio entre ambos modelos de mundo.

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