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Nacido en Turquía, Kemal Ozkan es ingeniero y economista y uno de los referentes del sindicalismo internacional. En sus respuestas puede utilizar palabras en español, inglés, turco o ruso con la misma solvencia que comenta un acuerdo marco con alguna empresa multinacional. Mide casi dos metros de altura, una característica “a tono” con su visión superadora sobre temas complejos.

Texto José Luis González.

Dentro de un encuentro de gremios latinoamericanos de energía organizado por Industriall/Global Union y la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza Argentina (Fatlyf) exhortó a un nuevo compromiso ambiental en el sector.

 

–La sostenibilidad para el mundo del trabajo, ¿en qué se diferencia de la visión “ecologista” iniciada por la ONU en 1987?

–La visión verde no es suficiente. Es una antigua visión del futuro que considera sólo el medio ambiente y la economía. Podemos imaginar un mundo en el que el medio ambiente esté protegido y la economía funcione, pero en el que todos seamos esclavos. Obviamente, no podemos aceptarlo. Nos corresponde a nosotros argumentar a favor de un futuro diferente: uno optimista y esperanzador para los trabajadores, sus familias y sus comunidades. Ese futuro requiere el respeto de los derechos humanos y laborales, programas sociales, salud y educación. Hoy, el 80 por ciento de la población mundial no tiene seguridad social adecuada y sólo el 7 por ciento de la fuerza laboral del mundo se organiza en sindicatos libres e independientes.

–¿En qué aspectos pueden incidir las organizaciones sociales y los sindicatos para ese futuro? 

–Los sindicalistas fueron los primeros ambientalistas debido a los efectos negativos del trabajo sin control: la mayor parte de lo que sabemos acerca de la contaminación química en el medio ambiente fue identificado por primera vez por las muertes y enfermedades de los trabajadores que fabricaban o trabajaron con esos productos químicos. Los trabajadores fueron y son las primeras víctimas de la contaminación. Ahora bien, mientras que la contaminación ambiental en general sigue siendo una amenaza, el cambio climático se perfila como el problema más urgente de nuestra época. La ciencia es inequívoca: hay una necesidad de adoptar medidas para limitar la alteración del clima. Estamos frente a uno de los retos más difíciles de nuestro tiempo: o logramos una transición justa hacia una economía social y ambientalmente sostenible o nos enfrentamos a una lucha desesperada por el agua, la tierra fértil y otros recursos. En este contexto, la economía de la especulación no entregará la justicia climática. Se requerirá el compromiso de los gobiernos para establecer políticas industriales sostenibles y sólidos programas sociales. La sociedad civil y el movimiento obrero deben incidir para que los líderes nacionales ofrezcan una política climática global justa, ambiciosa y vinculante en el interés público. Se trata de prevenir una catástrofe climática, pero también de la transformación ecológica de millones de puestos de trabajo y la creación de millones de puestos de trabajo sostenibles.

–Usted mencionó que entre los cambios de paradigmas se encuentra el desarrollo de energías renovables, ¿cómo tendría que tratarse este tema pensando que los sindicatos más fuertes del sector pertenecen al petróleo y al gas?

–Precisamente por eso: tenemos la fuerza de estos sectores y debemos comenzar a hablar del tema ya. El cambio vendrá, nos involucremos o no. Además, si las cosas se hacen correctamente, las energías renovables no son una amenaza para los sindicatos de la energía. De hecho, muchas estimaciones sugieren que van a crear más empleos de los que amenazan cerrar.

Sin embargo, debemos exigir una transición justa desde ahora. Una transición aceptable. Eso significa que los trabajadores de las industrias de la energía deben mantener sus puestos de trabajo para que no paguen ellos solos el precio exigido por los cambios. Si esperamos pasivamente a tener una discusión sobre las energías renovables y la forma en que se llevarán a cabo, nos encontraremos sin la capacidad de influir en los cambios que se avecinan. Tampoco podemos permitirnos ser los defensores de lo indefendible; ese camino conduce a la muerte. Ya muchos sindicatos industriales antiguamente poderosos lo han comprobado: los de compuestos de plomo y mercurio, los de tala de bosques nativos, los de minería de amianto, los tabacaleros, etc. Creo que la elección de qué curso de acción a seguir es clara.

–¿Qué acciones considera necesarias en la situación actual?

–Cada nación debe determinar políticas industriales sostenibles, y en particular, de políticas energéticas que aseguren la mejor combinación posible entre renovables y tradicionales. Obviamente, dentro de sus capacidades locales y de los objetivos generales de cualquier plan global para limitar los gases de efecto invernadero. El mundo se está quedando sin tiempo, y es crucial iniciar un camino hacia la descarbonización de la economía si queremos limitar el calentamiento global a dos grados centígrados por encima de los niveles preindustriales (un nivel de calentamiento que se traducirá en interrupción significativa, pero se considera que es manejable). Si no comenzamos el proceso en este 2015, será prácticamente imposible hacerlo sin recurrir a tecnologías aún no probadas o que aún no existen. Y ésta no es una buena elección para nosotros y menos aún para nuestros hijos.

 

BIO

Nació en Turquía hace 46 años.

Es ingeniero con maestrías en Economía y Administración de empresas.

En 2012 fue elegido Secretario General Adjunto de la IndustriALL Global Union.

Habla los idiomas turco, inglés, francés, alemán, español, italiano, portugués, ruso y árabe.

Web: www.industriall-union.org/es

FuenteRevista Edición 106
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