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Actriz, cantante y madre de dos nenas con retraso madurativo, descree de los roles y los mandatos. Pero asegura que los movimientos feministas que estallaron con el #meetoo y hoy llevan adelante las nuevas generaciones son necesarios.

Texto María Gabriela Ensinck.

 

Desde su casa, durante un breve blanco en la agenda que le deja la grabación de una nueva tira para Telefé, Inés Estévez atiende la llamada de Tercer Sector. Durante la charla, que se verá interrumpida por el llamado de un productor y para despedir a una de sus hijas que va a una terapia, pide que sus palabras sean reflejadas con precisión. Sin rodeos para responder, sus definiciones distan de ser livianas o imprecisas.

–¿En lo artístico estás más volcada a la música que a la actuación?

–Por estos días estoy grabando una tira, una comedia de temática feminista, que se estrenará en la segunda mitad del año. Hace cuatro años que hago jazz y desde hace dos años toco con mi propia banda.  Sacamos un disco el año pasado y tocamos habitualmente, hicimos más de cien shows y el disco estuvo nominado a los Premios Gardel.

–¿Qué temas te preocupan de la actualidad o por qué causas militás?

–Las palabras militar y preocuparse, no me identifican. Yo diría más bien que me conciernen ciertos temas de justicia social con los que me siento identificada y en los que puedo ejercer cierta influencia y ayudar a visibilizarlos. Los temas de inclusión y de cualquier identidad que se vea relegada y denostada.

–¿Creés que la sociedad argentina está involucrada con la promoción de la inclusión y la integración social?

–Creo que hay mucha gente con buena voluntad, pero a nivel de la sociedad, no hay una conciencia cabal de lo que significa la palabra inclusión. Hay gente con sensibilidad y con cultura que te pregunta la diferencia entre inclusión e integración. No hablo de los educadores en el colegio. Hablo de padres y madres que crían hijos y que, aunque tienen las mejores intenciones, terminan llenándolos de prejuicios.

–¿Te parece que falta información sobre estas temáticas?

–Falta claridad en el concepto y falta educación.

–¿Cómo fue tu experiencia al adoptar a tus dos hijas? ¿Tuviste que sortear muchas trabas para lograrlo?

–No, el trámite fue muy ágil, porque salí a adoptar a chicos que nadie quiere. Me anoté para hermanos hasta cierta edad y con enfermedades tratables o reversibles. Ese es otro mandato cultural: que hay que tener un hijo biológico sano. Pero lo cierto es que los vínculos materno-filiales y paterno-filiales hay que construirlos, por más que el hijo salga de tu vientre. Si no, no habría padres e hijos que no se hablan, que no se gustan y no se quieren. No hay ninguna diferencia en ese sentido entre un hijo biológico y un hijo adoptivo.

–¿Creés que tu acción puede animar a otras personas a abrirse a la experiencia de adoptar a chicos más grandes y con problemas de salud?

–La gente sigue teniendo condicionamientos y percibe la adopción como un acto de altruismo. Incluso hay una típica mirada compasiva frente a lo que suponen una imposibilidad femenina de concebir

A priori, nadie cree que la adopción puede ser una decisión independiente de tu posibilidad de concebir y siempre, si no has concebido un hijo biológico, presuponen que el problema es “femenino”. Pocos saben que en un 47% de los casos es masculino o que se conjugan problemas de fertilidad en ambos integrantes de la pareja. No piensan y no saben que hay quienes adoptamos porque queremos, no porque tengamos un problema biológico.

–¿Cómo educás a tus hijas para la inclusión?

–Es la sociedad la que tiene que incluirlas. Más que educarlas a ellas, tengo que concientizar al entorno.

–¿Cómo sería eso?

–En el ámbito educativo y social intento todo el tiempo que se las trate como a un chico más y que se las considere como deberíamos considerar a todos los seres humanos: como seres singulares, únicos, que merecen respeto por sus capacidades y su identidad.

–¿Tus hijas van a escuelas integradoras?

–La más grande va a un colegio común con integración y la más chica va a un centro terapéutico educativo. Si bien ambas tienen retrasos madurativos, sus problemáticas, grados y compromisos son muy diferentes.

–¿Cómo decidiste la educación para cada una?

–No hay una pauta clara.Tenés que estar buscando asesoramiento, viendo alternativas, probar y errarle. Estamos bastante confundidos porque no hay directivas claras. Las hay para las patologías definidas: hipoacusia, síndrome de Down. Pero no hay pautas claras para las parálisis cerebrales y retrasos madurativos, con las diferentes posibilidades evolutivas de cada chico.

–¿Qué aprendiste en este camino como mamá?

–No creo que necesariamente se aprenda algo. Más bien te enterás de cosas que no sabías. Hay una visión romántica del ser madre que es un grave mandato social.

–No estás de acuerdo con la visión de lo femenino como la madre abnegada.

–Cualquier mandato es una porquería. Todos estamos condicionados por roles y mandatos: el rol de madre, de padre, de proveedor, de hijo… no es sólo el rol materno.

–¿Te uniste a grupos u organizaciones para asesorarte en los temas de adopción y de retraso madurativo?

–No formo parte de ningún grupo de ayuda. Sí fui conociendo gente que está en la misma problemática y terminás como aliándote.

–¿Creés que es importante el rol de las Organizaciones de la Sociedad Civil en estas problemáticas o es el Estado quien más debería ocuparse?

–Creo que el Estado debería dejar de poner palos en la rueda y tener un cierto sentido común.

–¿Cómo ves los movimientos feministas que arrancaron con el #meetoo y hoy hay una revolución liderada por las nuevas generaciones?

–Lo veo como algo absolutamente necesario. Empezó siendo algo reactivo y es producto de siglos de opresión con todo lo que esto conlleva. Tiene su parte absolutamente constructiva y su parte muy radical, como todo proceso reactivo. Esperemos que llegue a un equilibrio que reorganice las cosas para que sean provechosas y armoniosas para todos: hombres y mujeres.

–¿Y respecto del tema ambiental, los movimientos de jóvenes pidiendo que se tomen acciones para mitigar el cambio climático?

–Eso es muy ambicioso y está bien, pero no termina de resolver el problema más inmediato y más cercano, que es el tema de los agrotóxicos, que nos están matando.

–¿Cuál es tu mensaje o qué te define?

–Tengo una vida aquí y ahora, resolviendo lo que puedo, propio y ajeno. Tratando de armonizar y colaborar. Creo que si todos hiciéramos un poco esto, el mundo andaría mejor. Uno de los grandes problemas de la humanidad ha sido el egoísmo. Por eso estamos como estamos. Yo no espero, hago.

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