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La socióloga e investigadora de la Universidad Nacional de La Matanza y de la Universidad Católica Argentina, donde está a cargo del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, analiza las principales problemáticas que afectan a niños, niñas y adolescentes en la actualidad.

 

Texto Gabriela Díaz.

 

El contexto de crisis sanitaria profundizó dramas sociales ya existentes. La  pandemia tuvo múltiples efectos negativos en chicas y chicos, que todavía hoy cuesta dimensionar. “Hay una normativa que podría garantizar a todos el ejercicio de derechos, pero tenemos Estados que van muy por detrás de esa legislación”, asegura Tuñón. Pobreza infantil, educación y acceso a la alimentación son los temas que  ella abordó en esta entrevista presencial con Tercer Sector, en la sede del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, en Puerto Madero.

 

A dos años de su lanzamiento, ¿qué evaluación  hace del Programa Tarjeta Alimentar?

La Tarjeta Alimentar, más la Asignación Universal por Hijo (AUH), tuvieron un efecto positivo, tanto en términos de  pobreza como de indigencia. Entre chicos en condiciones iguales de vulnerabilidad, quienes recibían estas transferencias tenían menos probabilidad de caer en la indigencia que los otros. También tuvieron mejores niveles de ingesta, en términos de la calidad de la misma. En un contexto de deterioro generalizado, estas transferencias no evitaron la caída en la pobreza; de hecho, estas poblaciones son las más pobres, pero en igualdad de condiciones, los chicos cuyas familias recibieron la Tarjeta Alimentar estuvieron en una situación mejor en términos del acceso a la alimentación.

 

¿Qué importancia tiene la educación alimentaria en estos casos?

Los Estados tienen oportunidades de generar hábitos más saludables en los consumos alimentarios, por ejemplo, en el espacio escolar, y sin embargo, este espacio no es un buen ejemplo de una alimentación saludable. Hay bastantes problemas en las políticas públicas para poder fomentar ese tipo de alimentación. Si es una formación simplemente declarativa, la realidad es que el impacto va a ser muy difícil que se dé en los sectores sociales más vulnerables, porque hay un factor sociocultural, pero también hay un factor precio.

 

El contexto de pandemia produjo una fuerte deserción escolar debido a diferentes factores. ¿Cuál cree que fue la principal causa?

Sabemos bastante poco sobre cuál es la magnitud de esa deserción escolar. Creo que lo que fue muy difícil en contextos de vulnerabilidad social fue sostener el vínculo entre los profesores de la escuela secundaria y adolescentes que no tenían conectividad. Los hogares tuvieron que debatirse entre la continuidad educativa de los chicos en la escuela primaria y los adolescentes.

 

¿Se pudieron observar otras problemáticas en relación con la influencia de la pandemia en la educación?

En ese proceso, lo que nosotros observamos en el interior de los hogares fue que aumentó en un 50 por ciento el déficit en la estimulación de los chicos a través de la palabra, mediante los relatos de historias y de cuentos. A su vez, otro componente muy importante es que aumentaron mucho los indicadores de violencia física y emocional para con los chicos. Esa tendencia en ascenso, pospandemia, sigue revelando niveles muy elevados, con lo cual tenemos una problemática en el interior de las propias familias que tampoco coadyuva a que los chicos puedan transitar los procesos educativos de la mejor manera.

 

En términos de la pobreza y el trabajo infantil, ¿qué sucede con los niños?

Los chicos son quienes más se ven afectados por la pobreza. Son el grupo poblacional más pobre entre los pobres, básicamente porque hay muchos más niños en los hogares más pobres del país. La tasa de incidencia para niños es muy alta y es, prácticamente, del 60% en la Argentina, donde hay un 20% en situación de extrema pobreza o indigencia.

En el trabajo infantil, más vinculado a estrategias familiares, cuando los niños se constituyen en mano de obra secundaria de las estrategias de sobrevivencia de sus padres, lo que observamos es una caída en dicho trabajo. Inclusive se dio esa caída en el trabajo doméstico, porque, en el contexto de pandemia,  se podría interpretar que las tareas domésticas fueron menos intensas para los niños, al estar  más repartidas entre distintos miembros del hogar.

 

Sabemos que los niños, niñas y adolescentes son sujetos plenos de derechos, pero, ¿por qué no se garantizan estos de manera plena?

La Argentina tiene una normativa en términos de garantizar derechos de la infancia que es de avanzada. Lo que sucede es que no los hemos podido efectivizar para todas las infancias de igual manera. Ahí tenemos una problemática que está vinculada a la desigualdad social y que, en muchos casos, nos permite advertir que, si bien tenemos educación pública, a la que se supone que todos pueden acceder, las calidades de esas educaciones son muy disímiles. Lo mismo pasa en salud, en el acceso a la vivienda, a la alimentación. Se diría que hay una normativa que podría garantizar a todos el ejercicio de derechos, pero tenemos Estados que van muy por detrás de esa legislación.

 

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