Compartir

En el inicio de su gestión, el ministro de Desarrollo Social establece los ejes de la tarea que tiene por delante: parar la caída social y garantizar el derecho a una alimentación saludable y de calidad, además de potenciar el rol de la economía popular y la agricultura familiar.

 

Texto Hernán Di Bello.

 

Si bien ya conoce de crisis sociales, de urgencias y de jornadas extenuantes de trabajo, los calurosos días de comienzos de diciembre son particularmente intensos en la vida del diputado nacional Daniel Arroyo. Sin abandonar su tarea cotidiana en el Congreso, se prepara para encarar el desafío de conducir el Ministerio de Desarrollo Social de un país nuevamente ensombrecido por el hambre, la pobreza y una recesión económica que asfixia el bolsillo de la gran mayoría de las familias. En esta entrevista con Tercer Sector surgen nítidamente cuáles serán las prioridades de este bonaerense de 53 años a la hora de encarar una tarea tan enorme como necesaria.

 

–¿Cuáles serán las principales líneas de trabajo de la política social del nuevo Gobierno?

–El objetivo central y urgente es parar la caída social. Hoy, la Argentina está frente a una verdadera catástrofe: la pobreza está cerca del 40 por ciento, si se tiene en cuenta el impacto de la devaluación post-Paso; uno de cada dos niños y niñas es pobre, la desocupación juvenil está arriba del 20 por ciento. Es fundamental poner en marcha desde el día uno el Plan Integral Argentina Contra el Hambre, que busca garantizar el derecho a la alimentación. Hoy hay muchas familias que no tienen qué poner en la mesa por la noche, que se las rebuscan con un pedazo de pan y un mate cocido. También hay altas tasas de obesidad infantil, ligadas a la inseguridad alimentaria y a la malnutrición. Comer tiene que ser una regla básica, no puede haber debate en torno de esta cuestión. El otro pilar es desarrollar líneas masivas de créditos a tasas bajas. Tenemos que darle aire a las economías familiares, que hoy viven con altos niveles de sobreendeudamiento, con tasas usurarias y devoluciones diarias.

 

–¿Cuáles serán las acciones más urgentes para atender la emergencia social?

–La prioridad es clara: comer no puede ser un privilegio en un país productor de alimentos como el nuestro. Debemos poner en práctica la Ley de Emergencia Alimentaria que votamos en el Congreso. No hay posibilidad de dilaciones, es necesario reforzar el trabajo de los comedores y merenderos, garantizando que puedan tener alimentos frescos y saludables a escala masiva. También debemos apuntar a una baja rápida en el costo de la canasta básica de alimentos, con una batería coordinada de medidas gubernamentales y legislativas.

 

–¿En qué va a consistir el Plan Argentina contra el Hambre?

–El presidente Alberto Fernández se puso a la cabeza de la que va a ser la primera política de Estado del siglo XXI. Convocamos a todos los actores productivos, sociales, sindicales, eclesiales y académicos para garantizar que los alimentos de la canasta básica lleguen a la mesa de cada familia. Es una convocatoria abierta y prevé la conformación de un Consejo Federal, entendiendo que es necesario que el Estado trabaje junto con los movimientos y organizaciones sociales, las iglesias, los organismos de derechos humanos, los sindicatos y los actores económicos productivos.

 

–En el marco de este plan va a haber una política de seguimiento nutricional. ¿De qué forma se va a implementar?

–Vamos a crear un observatorio integrado por universidades y centros de estudios que van a estar a cargo del monitoreo, seguimiento y evaluación del plan. La idea es promover la aplicación de la ciencia y la tecnología para mejorar la calidad alimentaria de la población. La Red de Promotoras y Promotores de Seguridad Alimentaria y Nutricional va a estar a cargo del control de talla y peso de niñas y niños y facilitará la articulación de las políticas alimentarias con las políticas sanitarias, materno-infantil, de primera infancia, adolescencia y adultos mayores, entre otras. También va a contribuir al fortalecimiento de comedores escolares y comunitarios y poner el foco en la educación alimentaria y nutricional.

 

–¿Qué rol tendrán la economía social y la economía popular en su gestión?

–La economía popular, social y solidaria, junto con la agricultura familiar, tienen un papel central. Estas organizaciones y movimientos generan un entramado de solidaridad en cada barrio, por eso tenemos que potenciar su trabajo. Hay que volcar fondos en programas de microcréditos para la compra de insumos, maquinarias y herramientas, mediante la incorporación de diferentes escalas y líneas de financiamiento, según las necesidades de las unidades productivas. Tenemos que impulsar las compras por parte del Estado, de alimentos sanos y frescos a organizaciones de la agricultura familiar y la economía popular, campesina e indígena. Y vamos a avanzar en la consolidación de los canales de comercialización, acercando a productores con consumidores.

 

–¿Cómo piensan involucrar al sector empresario en el plan para la erradicación de la pobreza?

–El Plan Argentina Contra el Hambre no es el proyecto de un gobierno sino de toda la sociedad, sin restricciones. Necesitamos de todos los actores sociales y empresarios. Por eso, las cámaras empresarias, las pymes y todos los sectores productivos van a ser parte del Consejo Federal. Vamos a avanzar en la concertación de acuerdos sectoriales sobre prioridades de seguridad alimentaria y nutricional y en el diseño de estrategias de fortalecimiento de las economías regionales y locales vinculadas a la producción de alimentos.

 

–Usted señaló que, además de trabajar sobre el costo de los alimentos, es prioritario armar un sistema de créditos para desendeudar a las familias y atender sectores como construcción, textil, producción de alimentos, economía del cuidado y reciclado. ¿Habrá una serie de políticas articuladas para abordar estos temas?

–Es clave pensar qué sectores de la economía y la producción pueden impulsar la generación de empleo desde abajo, marcando el camino hacia un modelo de desarrollo igualitario. Hace falta implementar un plan que contemple obras de infraestructura básica que ayude a incluir a trabajadoras y trabajadores desocupados. También es fundamental el fomento a la industria textil, uno de los sectores productivos socialmente relevantes, porque está en condiciones de emplear con rapidez a mujeres y jóvenes. La producción de alimentos debe ser prioritaria para garantizar el derecho humano a la alimentación y para crear empleo en cada una de nuestras regiones geográficas. Otro eje es la economía del cuidado de nuestros adultos mayores y de las niñas y los niños: es central cuidar a quienes cuidan, garantizando ingresos y condiciones laborales dignas. También queremos fomentar diversas iniciativas de la economía popular vinculadas a la tarea de recolección y reciclado de residuos urbanos, que constituyen fuentes de generación de empleo inclusivo y representan un gran aporte al cuidado del ambiente. Estos cinco rubros nos dan posibilidades de motorizar el empleo con urgencia y a escala masiva. El desarrollo local y la economía social serán una pieza clave para volver a encender la economía y el trabajo de nuestro país.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here