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Tras la crisis de 2001 surgieron organizaciones que acompañaron a quienes debieron generar sus propios proyectos de trabajo. Desde entonces se multiplicaron y forjaron alianzas para dar impulso a las empresas que procuran el impacto social y ambiental.

Texto Eduardo Santachita.

 

“En 2002, no se hablaba de emprendedores. Se los veía como gente a la que no le quedó otra”, recuerda Alejandra Méndez, directora ejecutiva de Inicia, una asociación civil que nació en ese difícil momento del país. “Ahora, las cosas cambiaron, ser emprendedor es algo buscado, incluso para algunos es cool”, agrega.

En sus 17 años de vida, Inicia acompañó a más de treinta mil emprendedores que hoy forman una red. “Desde el primer día, nos manejamos con cuatro valores: económico, social, ambiental y ciudadano, y de a poco fuimos armando una comunidad”, relata Méndez. Y agrega: “Los que ya tienen su empresa funcionando son mentores de los nuevos, es como una plaza pública donde se unen mundos y se tienden puentes”. Esta asociación civil pone el foco en la persona, no en el tipo de negocio. “Cualquier emprendimiento es válido, ya sea la creación de una ONG, un proyecto cultural o una empresa”, explica su directora.

 

El propósito como eje

El programa Mayma, de la Asociación Civil Contribuir al Desarrollo Local, trabaja en estos temas desde hace 13 años. Propicia la motivación, la conexión y la asesoría entre pares e inversores. Hoy, además de ofrecer capacitación en varias ciudades del país, implementó, junto con Mercado Libre, una plataforma virtual de la que participaron 270 emprendimientos de cinco países. “Nosotros le planteamos al emprendedor partir de un problema: lo que te inquieta y te llama a la acción”, enfatiza Tatiana Baigorria, responsable de Comunicación. Y aclara: “No tiene que moverte el hecho de vender, sino vender más para el propósito”. Mayma se diferencia de Inicia en que sólo acompaña emprendimientos con impacto. “El eje no es el fin comercial, sino el propósito, y en función de él hay que repensar aliados, modelos y trabajar para hacerlo sustentable”. Mayma parte de una pregunta sencilla pero contundente: ¿por qué hacemos lo que hacemos? “Es la búsqueda de un mercado más consciente”, dice Baigorria. E interpela: “Cuando hacés el clic, ya no ves las cosas como antes. Cuando te percatás de que tu colilla de cigarrillo también llega al Riachuelo, empezás a hacerte cargo y no podés parar”.

La clave, para Mayma, son las alianzas. No se busca la competencia entre empresas, sino la colaboración. Un ejemplo de esto fue la Bioferia 2019, que se llevó a cabo en la Ciudad de Buenos Aires, en septiembre último. Treinta mil personas se encontraron con productos y servicios de impacto realizados por emprendedores y pymes, en pos de un consumo más consciente.

 

Nuevas reglas de juego

En 2012, Njambre nació como una ONG incubadora de emprendedores, pero fue mutando y se convirtió en una empresa que diseña emprendimientos de impacto. “Nos dimos cuenta de que éramos mucho más emprendedores que acompañantes y desde una empresa no tenés las limitaciones que tiene una ONG, que depende de donaciones”, compara Paula Cardenau, una de las fundadoras. “Para generar impacto social hay que cambiar las reglas de juego”, explica. Njambre se ocupa de los problemas sociales urgentes, como el empleo joven, las cooperativas de recuperadores urbanos, los sistemas de salud y las biotecnologías, entre otros. Para dar soluciones, promueve la creación de empresas. “El famoso triple impacto, del que tantos hablan, no puede ser una moda. Si hay personas que no están participando como ciudadanos económicos plenos de un sistema es porque ese modelo no funciona para ellos”, opina Cardenau.

Con esta convicción, Njambre se involucró en la creación de siete empresas, además de transferir a otras el ADN y el know-how cosechado tras años de experiencia y gestión. Este año, Njambre y Facebook lanzaron una convocatoria para la cual aplicaron 158 emprendimientos de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. “Teníamos que elegir treinta y fue re difícil”, subraya María Esquivel, directora de Innovación y Operaciones. Y se entusiasma: “Nos sorprendió la cantidad y la calidad con la que nos encontramos”.

 

Ejemplos que impactan

Del seno de Njambre nacieron dos empresas que son un claro ejemplo de economía de impacto. Una es Arbusta, que provee servicios de tecnología y tiene la particularidad de que el 93 por ciento de sus 300 empleados son personas que no hubieran conseguido trabajo en una empresa similar. “Ya sea por el barrio donde viven, por falta de experiencia o por no tener un título”, detalla Esquivel. El otro ejemplo es Umana, un sistema de salud que funciona en las provincias de Salta y Jujuy y permite a las personas de bajos recursos adquirir una tarjeta que, por 300 pesos al año, les permite elegir médicos de una extensa cartilla y acceder a un precio preferencial. “La industria de la salud es nefasta, el 50 por ciento de los jujeños no tiene cobertura”, se queja Milagro Pereyra Iraola, directora ejecutiva de Njambre, y continúa: “Una mujer que vive en la montaña tiene que bajar al centro de Jujuy para ir a un hospital público; tardan en atenderla, le dan turno para operarse seis meses después y cuando regresa a su casa encuentra tres cabras muertas y los hijos enfermos”. “Descubrimos que esas mujeres tenían una capacidad de pago. Distinta, pero la tenían”, completa Esquivel.

“Hay una inquietud en los emprendedores, un dolor personal que te mueve”, expresa Pereyra Iraola. “En Njambre escuchamos ese dolor y acompañamos al emprendedor en el desarrollo personal. Sólo acompañamos proyectos que son un desafío social ambiental, miramos el presente de cara al futuro, nos pasamos horas y horas pensando cómo la innovación tecnológica puede resolver ese futuro desde hoy”, concluye Esquivel.

 

 

Cómo conectarse

Inicia: www.inicia.org.ar

Mayma: www.mayma.org.ar

Njambre: www.njambre.org

Arbusta: www.arbusta.net

Umana: www.umana.red

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