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Organizaciones especializadas en la prevención del suicidio brindan asistencia y programas de prevención a personas en crisis. La importancia de ofrecerles compañía y apoyo para la construcción de un proyecto vital.

Texto Mariano Barragán.

 

Siempre fue un tema tabú, silencioso, casi invisible. La problemática del suicidio comenzó a cobrar exposición en la medida en que se incrementaban los casos. Hoy, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que casi un millón de personas por año deciden quitarse la vida, lo que equivale a un hecho cada 40 segundos.

Es la segunda causa de muerte en jóvenes entre 15 y 29 años, con una preponderancia mayor en hombres que en mujeres. Ante este panorama, la necesidad de implementar programas de prevención, asistencia y tratamientos se vuelve imperiosa.

“Está registrado que el suicida expresa sus intenciones, por lo menos, durante un año, y llega a consultar hasta a tres profesionales de la salud. Por tal motivo, es fundamental capacitar a todo el personal médico para poder detectar las señales y hacer un seguimiento adecuado”, asegura la doctora Diana Altavilla, especialista en problemáticas de las autolesiones e integrante de la Asociación Argentina de Salud Mental (Aasm).

 

Señales y factores

El proceso suicida no es un acto individual. Está determinado por motivaciones que incluyen aspectos de la vida privada y del entorno social. La OMS especifica cuatro factores principales: psiquiátrico, biológico, ambiental y social. “La forma de pensar y la cultura de una sociedad impulsa o reduce los índices. Una sociedad que contiene, que no busca el éxito per sé, disminuye el peligro. Por el contrario, cuando se basa sólo en el triunfo, la fama, el individualismo, favorece los factores de riesgo”, expresa Altavilla.

En Argentina, la inestabilidad económica y acontecimientos sociales trágicos, como el terrorismo de Estado y la guerra de Malvinas, elevaron de manera considerable el índice de casos. Actualmente, la vulnerabilidad emocional, el encierro y la sensación de soledad provocadas por la pandemia del Covid-19 conforman las variables con mayor incidencia.

Las señales previas pueden ser múltiples. Hablar de manera recurrente sobre la muerte, padecer una pérdida del sentido de futuro, desprenderse de objetos personales, emplear drásticos cambios de hábitos, son algunas de ellas. “La idea del suicidio aparece cuando uno pierde el sentido a la vida. Para afrontar esta problemática es fundamental encontrar un horizonte, un proyecto, un camino”, comenta la licenciada Nora Fontana, vicepresidenta del Centro de Atención del Suicida (CAS). “Las personas con tendencia suicida presentan mecanismos de defensa fragilizados. No sienten la posibilidad de enfrentar las adversidades”, agrega la doctora Altavilla.

 

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