Compartir

Mientras una de las enfermedades más virulentas que haya conocido la humanidad vuelve a esparcirse por el centro del continente africano, la respuesta de la comunidad internacional es insuficiente y las ONG multiplican esfuerzos en una región castigada por la pobreza.

Texto Alejandro Cánepa.

 

La palabra ébola cobró fama a nivel internacional a fines del siglo XX, con una epidemia en la República Democrática del Congo (ex Zaire). La rapidez con que esa enfermedad viral mata a la mayoría de las personas infectadas contribuyó a esparcir la alarma. Después de que saltara a otros países, la cantidad de muertes bajó y, como suele pasar, el tema desapareció de la agenda de los medios. Desde el año pasado, aquella palabra volvió a resonar porque otra vez en territorio congoleño resurgió el ébola y Tercer Sector se contactó con organizaciones de la sociedad civil empeñadas en combatirlo.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la fiebre hemorrágica del ébola es una de las enfermedades más virulentas que haya conocido la humanidad y causa la muerte de alrededor de un 60 por ciento de todos los casos clínicos. El virus es transmitido por contacto directo con la sangre, líquidos orgánicos y tejidos de las personas infectadas. Para Médicos Sin Fronteras (MSF), si bien el brote nuevo se declaró el 1 de agosto del año pasado, ya desde mayo había un crecimiento alarmante de casos. El actual es el décimo brote detectado en Congo, pero ya se derramó hacia Uganda.

En contacto con esta revista, Tarik Jasarevic, portavoz de la OMS, se remite al último informe de la organización, que señala que el ébola “muestra un descenso en el número de casos” en ciertas zonas, pero que en otras “la transmisión continúa”. Además, indica que “las demoras persistentes en la detección de casos, el que aproximadamente un tercio de los casos mortales suceden fuera de los hospitales y la alta movilidad de la población generan un alto riesgo de extensión geográfica” del virus tanto en Congo como en países vecinos.

 

Abandono y guerra civil

La República Democrática del Congo (que en muchas ocasiones se confunde con la República del Congo, un país vecino), pese a tener un suelo con muchas riquezas minerales como oro, uranio, diamantes, cobalto y coltán (material utilizado para baterías de celulares), sufre una altísima tasa de pobreza. Además, en su territorio existe un virtual estado de guerra civil desde hace más de veinte años, lo que dificulta el combate efectivo contra la enfermedad y provoca el desplazamiento de miles de habitantes. Hasta el momento, el rebrote ha matado a unas 2.000 personas, más de la mitad de las infectadas (ver recuadro).

MSF mantiene en Kivu Norte, la región de Congo afectada por el ébola, un hospital en la ciudad de Lubero, donde brinda atención pediátrica y nutrición, entre otras cosas, mientras que en Bambu-Kiribizi dos equipos trabajan como apoyo a las salas de emergencias locales y a los departamentos de internación para chicos y de lucha contra la desnutrición. La presencia de bandas armadas hace que las tareas de la organización se cumplan con intermitencias en algunas de las regiones.

En tanto, Medair, una OSC con sede central en Suiza, también abrió un hospital en Kivu para atender a pacientes enfermos de ébola. La entidad informa que colabora en tareas de vacunación y prevención de la enfermedad, aunque Pete Harrington, encargado de prensa de la propia sede de Goma, en Congo, declina dar más precisiones sobre el trabajo en el territorio.

Por su parte, Guy-Marin Kamandji, vocero de Cáritas Congo, cuenta que esa organización “está trabajando con la comunidad en la prevención de los riesgos de contagio de ébola, también con la distribución de comida y con las actividades de limpieza e higiene, con el apoyo del obispado y de las diócesis locales”. El representante dice además que la institución católica envió a uno de sus expertos en ébola a reforzar la asistencia en las zonas de Bunia, Goma, Wamba y Kisangani.

De todos modos, la letalidad y complejidad del mal hace que los recursos del sector social no alcancen a dar respuesta al problema en toda su dimensión. Jasarevic, de la OMS, declaró al diario español El País que “las necesidades, entre febrero y julio, se elevan a 98,4 millones de dólares y sólo hemos recibido 39,2 millones, necesitamos 58,8 millones más. Este déficit de fondos es inmediato y crítico; si no se reciben los fondos, la OMS no podrá sostener la respuesta en la escala actual”. Hasta el momento, la organización rechazó declarar como “emergencia mundial” al nuevo brote. Quizá la sociedad internacional tome real conciencia cuando el número de muertes se multiplique o cuando los países afectados sean los más cercanos a Europa.

 

Cómo conectarse

Médicos Sin Fronteras: office@paris.msf.org

Organización Mundial de la Salud: jasarevict@who.int

Cáritas Congo: communication@caritasdev.cd

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here