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Con más de 300 mil ONG, la sociedad civil del país vecino desempeña un rol clave frente a las políticas del gobierno de Jair Bolsonaro. La pandemia, sumada a la cuestión ambiental y la situación de la Amazonia imponen una agenda social que exige urgentes respuestas.

 

Texto Alejandro Cánepa.

 

Brasil, ese enorme país que es el quinto más grande del mundo, aloja a más de 200 millones de habitantes, está salpicado de mesetas, selvas y montañas y guarda en sus entrañas todo tipo de recursos minerales y naturales. Como un eco de esa riqueza, también tiene 300 mil ONG de toda clase, según la Asociación Brasileña de Organizaciones No Gubernamentales (Abong). A continuación, un panorama de cómo se desenvuelve el sector social de aquel país en el contexto de la presidencia del derechista Jair Bolsonaro, con el agregado reciente de la feroz irrupción del covid-19, que, al cierre de esta edición, había sido detectado en  114.715 personas, de las cuales  7921 murieron.

Alberto Lopes, integrante del Instituto Brasileño de Administración Municipal (Ibram), una organización dedicada a “fomentar el desarrollo local, a fin de consolidar la ciudadanía y la democracia”, según reza su sitio web, señala: “En Brasil las ONG predominantemente están vinculadas a la religión, en un 28,5 por ciento; las asociaciones patronales y profesionales, en un 15,5por ciento, y al desarrollo y defensa de derechos, en un 14,6 por ciento. Las áreas de salud, educación, investigación y asistencia social totalizan 54 mil entidades, el 18,6 por ciento”.

La llegada al poder de Bolsonaro provocó un cimbronazo en la relación entre el sector social y el Ejecutivo. De por sí, el presidente se sostiene en una coalición que cree que las ONG son, en bloque, un conjunto de organismos opositores a su gobierno. Ya más en detalle, una llaga principal entre ambos contendientes es la situación de la Amazonia brasileña, esa vasta porción del noroeste del país con selvas tupidas que bajo la tierra posee petróleo, oro, hierro y cobre, entre otros minerales.

Lopes señala que la coalición que sostiene a Bolsonaro considera “a la cuestión ambiental en Brasil como una falsa cuestión que bloquearía el desarrollo del país” y que, con la excusa de proteger áreas, actores internacionales podrían controlar esas zonas. Sin embargo, apoyándose en ese argumento, Bolsonaro y sus partidarios relativizan los daños de la deforestación amazónica y hasta acusaron el año pasado a algunas ONG de haber provocado incendios en la región para cobrar subsidios. Pero Lopes considera que eso “es parte de una estrategia de desmoralizar el activismo organizado en torno al tema ambiental y de los derechos humanos en el país”.

 

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1 Comentario

  1. Habiendo leído el artículo sobre el Sector Social de Brasil, saltan a primera vista los porcentaje de ONG que se ocupan de salud, educación, asistencia social e investigación sólo representan el 18,6% sobre un total del 100% y que las que se ocupan de defensa de derechos 14,6% (cuáles)pareciera que hay una gran desproporción entre las que se ocupan específicamente de las necesidades básicas del sector social, sobre todo comparadas con las de la Argentina. Así mismo la cantidad de fallecimientos 7921 sobre una población de 200 millones es del 0,004%. Si bien toda muerte es lamentable es la décima parte de los fallecimientos por neumonía, influenza, gripe etc. Me interesaría conocer datos del Sector Social de Venezuela y Cuba para poder comparar las realidades de dos sistemas casi opuestos.

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