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Todos los delitos que se registran en el mundo off line tienen su correlato en el ciberespacio. La pandemia contribuyó a diversificar esas prácticas y las infancias figuran entre los grupos más amenazados. Alertas y recursos para enfrentar estos desafíos que trae la virtualidad.

Texto Marysol Antón.

 

De pronto el chat de mamás del colegio estalló. “Chicas, revisen los Instagram de sus hijas, encontré mensajes raros en el de Mía, y resultó que venían de un perfil falso. Ya hicimos la denuncia. El tipo es éste (con una foto adjunta). Pedía que le contara cómo son sus amigas. Y descubrimos que les escribió a varias chicas del cole.”

Sólo ese mensaje disparó una requisa profunda de celulares, más miles de charlas con niños, niñas y adolescentes. A eso se sumó un reclamo al colegio para tener más horas de Educación Sexual Integral (ESI) en la que se tratara crudamente el grooming.

Lo cierto es que, en la Argentina, desde que comenzó la pandemia crecieron exponencialmente los casos de violencia digital. Aunque es difícil de calcular, porque hasta ahora cada tipología se mide por separado, los expertos coinciden en que el abanico es amplio y cada vez afecta a más personas y de todas las edades y niveles sociales.

 

Nuevas amenazas

¿Qué es violencia digital? Grooming, bullying virtual, sextorsión, acoso virtual, exposición de imágenes sin consentimiento y más. Pero también están aquellas violencias que tienen fines de fraude económico, como el pishing y las estafas virtuales.

“Violencia digital es todo comportamiento deliberado que se comete con la intención de causar daño en un entorno virtual. Esa violencia incluye un abanico muy amplio de conductas: accesos ilegítimos a sistemas informáticos (mal llamados hackeos), distintas modalidades de acoso (como el cyberstalking), la suplantación de identidad, las estafas y fraudes convencionales que migraron al entorno digital, entre otros tantos supuestos más”, precisa Jorge Litvin, director de Legales de Resguarda, una organización privada que realiza investigaciones digitales, prevención de fraudes y desarrollo de herramientas de seguridad.

Lo que es preciso entender es que las violencias afectan y mucho. “A nivel individual, en la autoestima, pudiendo generar angustia, miedo o dolor. También funcionan como inhibidoras, produciendo una autolimitación o exclusión de esos espacios digitales para autopreservarse. Es decir, la cultura del odio en Internet puede inhibirnos de expresar nuestras voces y opiniones”, analizan desde la ONG Faro Digital, que aborda diferentes tipos de violencias.

En estos tiempos de pandemia se registraron, según la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (Ufeci), “un impresionante aumento de los delitos realizados en entornos digitales: un 565 por ciento más de denuncias, los fraudes en línea crecieron más del 665 por ciento, el hackeo con softwares de ransomware un 380 por ciento y corresponden a la difusión no autorizada de imágenes intimas el 373 por ciento”, enumera Alejandro Castro Santander, referente de Argentinos por la Educación.

En el caso del ciberacoso entre escolares (ciberbullying), “estamos realizando desde el Observatorio de la Convivencia Escolar (UCC), junto con investigadores del Conicet, un estudio y esperamos tener los resultados para el 2022. Sin embargo, la evidencia preliminar que surge es la de un incremento a partir del cierre de las escuelas durante 2020, y posteriormente, durante la educación bimodal en algunas jurisdicciones”, explica Castro Santander. Y agrega: “Cuando se analizan las consecuencias, sean estudiantes o adultos, siempre aparecen secuelas significativas en la salud mental.”

 

La hora de las leyes

La legislación aún está atrasada en cuestiones vinculadas con las violencias digitales. “Si bien es cierto que muchas pueden encuadrarse en delitos ya tipificados, faltan leyes específicas. Sí existe la ley de grooming, que está incluida en nuestro código penal. Respecto de otras violencias, por ejemplo, la difusión de contenido íntimo sin consentimiento, hay un proyecto de ley que aún no logró su sanción”, indican desde Faro Digital.

Es importante siempre denunciar ante la Justicia casos de violencia digital, ya que suelen estar asociadas con delitos no digitales pero sí tipificados, como la extorsión. “La mayoría de las violencias digitales están tipificadas como delitos en el Código Penal (a través de la Ley 26.388 y 26.904). Pero, lamentablemente, aún hay vacíos legales importantes que dejan desprotegidas a las víctimas de conductas, como la difusión no consentida de imágenes y grabaciones íntimas, suplantación de identidad y hostigamiento digital”, añade, por su parte, Litvin.

 

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Cómo conectarse

Argentinos por la Educación: www.argentinosporlaeducacion.org

Faro Digital: www.farodigital.org

Resguarda: www.resguarda.com

 

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