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Por la celebración de su 25º aniversario, Tercer Sector invitó a referentes sociales de la Argentina a analizar cómo fue la evolución de la sociedad civil a lo largo del último cuarto de siglo. Las siguientes páginas reúnen esas reflexiones, que dan cuenta de las conquistas alcanzadas por las ONG –desde su rol en la asistencia de la emergencia social hasta su búsqueda de una mayor incidencia política–, la situación actual del sector, con sus logros y pendientes, y los desafíos que aún tienen por delante quienes le dan vida al vasto y diverso mundo de las organizaciones sociales.

Texto Alejandro Cánepa.

 

En 1994, apenas se habían superado los diez años desde el regreso de la democracia. Todavía se usaban expresiones como “chicos de la calle”, “drogadictos” o “inválidos”. La sociedad comenzaba, de a poco, a buscar otras formas asociativas, además de partidos políticos, cámaras empresariales y sindicatos. Existía un terreno fértil: clubes, sociedades de fomento, asociaciones de socorros mutuos, cooperativas y otro tipo de entidades, con distinto perfil, habían florecido en Argentina desde el siglo XIX para dar respuesta a problemas sociales.  A un cuarto de siglo de ese año, en el que se fundó Tercer Sector, referentes y académicos del mundo de las OSC analizan lo hecho y lo que queda por hacer.

De acuerdo a Mario Roitter, autor de uno de los capítulos del Manual de Gestión para Asociaciones Civiles y Fundaciones, “las organizaciones sin fines de lucro tienen una larga historia en el país y sus diversas expresiones han ido apareciendo en el escenario asociativo en consonancia con el grado y tipo de desarrollo que fueron caracterizando a la sociedad. En la Argentina, sus raíces pueden rastrearse hasta la época colonial”. Según ese trabajo, en 2015 el Centro Nacional de Organizaciones Comunitarias (Cenoc) tenía registradas 16.305 entidades del sector social. No obstante, es evidente que el número total de ellas es mucho mayor. De hecho, el libro recuerda que un estudio del Grupo de Análisis y Desarrollo Institucional (Gadis),  conducido por Elida Cicconi, contemplaba la presencia de más de 80 mil organizaciones en todo el territorio nacional.

Oscar García, director de la carrera de Dirección de Organizaciones de la Sociedad Civil  de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), establece cuatro períodos diferentes en el desarrollo del sector social en estos últimos 25 años: “El primero va desde 1994 hasta la crisis del 2001, el segundo es el breve pero central efecto de la propia crisis del 2001 y llega hasta el año 2003, luego un tercero entre 2003 y la crisis del campo en el 2008, y el restante desde esa fecha a la actualidad”. En la primera etapa, según el investigador, se da “el imperio de ‘la idea de los 3 Sectores’ a la que todos, de un modo u otro, adherimos y que hoy, sabemos, está totalmente descartada como ‘teoría’ explicativa de lo social”. En la segunda, las OSC “dieron una muestra de adultez, solidaridad y responsabilidad muy grande, asistiendo y –literalmente– dando de comer a la gente”, mientras que en la tercera, en “el mundo asociativo (como en otros, por caso el de los medios) se corre el velo de neutralidad, un velo que deja al descubierto adscripciones políticas no siempre asumidas”.

Ya en la última etapa, García indica que “las organizaciones están nuevamente reacomodándose pero sobre la base de los aprendizajes de estos períodos anteriores”, y agrega que “el sector (aunque ni técnica, ni académica ni prácticamente exista con unicidad como tal) está a un mismo tiempo enriquecido y fortalecido por la experiencia histórica mencionada y, a la vez, digiriendo aun el hecho de la confrontación política como escenario en los que deberán seguir siendo actores, ahora obligadas a asumir un camino u otro”.

 

Conquistas

El sector social ha ido consolidándose desde los ’90, más allá de los altibajos y de las distintas relaciones con el poder político. Mercedes Aranguren, titular de la Fundación Convivir y del Foro del Sector Social, considera que “la formación y capacitación son temas que hoy están en todas las agendas institucionales. El trabajo en red se ha incorporado como un eje fundamental para el desarrollo y sustentabilidad del accionar social”. Si eso se percibe dentro de las organizaciones, ¿qué temas han ingresado con fuerza en las agendas de aquellas, alimentadas por la sociedad?

Carlos March, director de Comunicación Estratégica de la Fundación Avina, enumera las cuestiones que se sumaron con fuerza en estos últimos 25 años: “Responsabilidad social empresaria, cambio climático, Objetivos de Desarrollo Sostenible, equidad de género y violencia contra la mujer y lucha contra la corrupción y transparencia”.  Por su parte, Félix Bombarolo, que se define como facilitador de procesos participativos de diseño de políticas y programas sociales y de RSE, considera que, aparte de equidad de género, se destacan como nuevas demandas las vinculadas a la “diversidad sexual, derechos de niñas, niños y adolescentes, seguridad ciudadana y alimentación saludable”.

Por su parte, Oscar García cree que hay nuevos actores que pujan por introducir sus demandas, en una mecánica que desborda a las instituciones tradicionales. “El debate por la ley de aborto es el mejor ejemplo: es impulsado por un colectivo autodenominado ‘campaña’ que viene a sacudir la forma instituida tradicional por una convocatoria instituyente, plural y autónoma que incluye a las organizaciones formalizadas, pero las supera”.

 

Los pendientes

Si el matrimonio igualitario o los derechos de la niñez se introdujeron con fuerza en el mundo de las OSC, ¿qué cuestiones todavía no lo lograron? En ese sentido, Bombarolo puntualiza que hay “tres temas críticos” que “aún no adquieren el protagonismo suficiente”. En primer lugar, él no considera que las causas ecologistas tengan una repercusión significativa, no al menos en relación a la gravedad de las amenazas que denuncian. Y suma la cuestión de los adultos mayores, pese a que “se espera que cerca de la mitad de la población argentina tenga más de 60 años al promediar el siglo XXI”. Por último, recuerda que el “principal problema argentino (latinoamericano) sigue sin ser abordado con fuerza por las organizaciones sociales: la inequidad (cada vez menos personas son más ricas, cada vez hay más pobres); no habrá forma de construir una sociedad más justa sin pobreza”.

En tanto, desde otra mirada, más que sumar nuevas problemáticas el desafío es lograr que se cumpla la legislación vigente. Es lo que advierte García, que destaca “la necesidad de garantizar el efectivo cumplimiento de los derechos que las leyes sancionadas vayan enunciando”.

 

Desafíos y aportes

El Estado es señalado por su falta de respaldo a políticas que acompañen al sector social. Al menos así lo entiende Aranguren, del Foro del Sector Social, quien afirma que “hay un gran déficit por parte del Estado en el reconocimiento de la importancia del rol que las organizaciones cumplen en la sociedad. Históricamente hay una falta de apoyo a su fortalecimiento para que puedan lograr su sustentabilidad”.

Pero también existe un señalamiento de fallas propias del sector social. Según March, falta en las OSC “disputa de poder y ejercicio de la función pública por parte de referentes sociales. No hay una estrategia sectorial para que los líderes sociales sean apoyados por las organizaciones de la sociedad civil en acceder a cargos electivos o ejercer cargos públicos”. El integrante de Avina también advierte sobre la falta de “un espacio de articulación entre organizaciones de causas, las entidades de inversión social locales y la cooperación internacional para definir agendas articuladas que permitan aunar esfuerzos y optimizar recursos evitando la fragmentación”. También marca la ausencia de “un espacio de formación de liderazgo para los referentes sociales que se hacen cargo de organizaciones en contextos cada vez más complejos y hostiles” y de la necesidad de “desarrollar estrategias y esquemas de financiamiento que vayan más allá de la filantropía tradicional”.

En este punto, desde la Comisión Directiva de la Asociación de Ejecutivos de Desarrollo de Recursos para Organizaciones Sociales (Aedros) consideran que “hay una enorme cantidad de técnicas desarrolladas cada vez más profesionalmente y una sorprendente creatividad y constante innovación puesta en juego por las organizaciones sociales en sus campañas de fund-raising”. Al mismo tiempo, recuerdan: “Nuestra sociedad ha comenzado a comprender que las donaciones en productos o el aporte de un monto de dinero puntual o esporádico son necesarias, pero no son suficientes”.

¿Qué caminos recorrerán las OSC en los próximos 25 años? Como la sociedad misma, el colorido arco de las organizaciones comunitarias está en permanente mutación. El signo de esos cambios es todavía un interrogante.

 

OPINIÓN

El protagonismo estratégico del tercer sector | Por Dr. Daniel García Delgado * y Dra. Agustina Gradin **

Hace 25 años, Argentina comenzaba a transitar los primeros años de menemismo de la mano del Consenso de Washington y de la lógica neoliberal. En este escenario surgió una revalorización de la sociedad civil con un fuerte énfasis en el rol del tercer sector altruista que buscaba hacer lo que el Estado por su ineficiencia o corrupción no podía hacer. El “tercer sector” asumía durante el neoliberalismo del Consenso de Washington un rol fundamental como recurso gerencial de la política pública, y como espacio ético de reserva frente al desprestigio del sistema político, en un escenario de complejización de las demandas sociales, y fragmentación de los actores sociales y políticos tradicionales.

Ha pasado mucho tiempo, y nuestro país atraviesa una nueva oleada neoliberal ahora ‘tardía’, en donde el mundo de las organizaciones de la sociedad civil ha protagonizado cambios cualitativos. La conflictividad social sigue presente y en ascenso, y el surgimiento de nuevas demandas, como los feminismos y las disidencias, los usuarios y consumidores, la economía popular, y la continuidad de las luchas de trabajadores, entre otros, son las principales características de nuestra sociedad civil. El tercer sector, compuesto por organizaciones con amplia trayectoria y experiencia en el desarrollo de programas sociales y comunitarios, ha construido a lo largo de estos años, diferentes vínculos y redes con los movimientos sociales que protagonizaron, y aún lo hacen, los procesos de movilización y acción colectiva que nos caracterizan como sociedad.

Así, de las experiencias sociales de las ONG de los ´90, que tenían mucho que ver con las políticas de cooperación internacional, la descentralización del Estado, y terciarización de la política social, nos encontramos hoy frente a un entramado de OSC mucho más amplio y movilizado en relación de demandas sociales y a una agenda de derechos que impregna el espacio público y cuestiona un modelo de ajuste. La necesidad de avanzar en esta agenda compuesta por temas clave como la seguridad alimentaria, el acceso a la tierra y a la vivienda, los derechos de las mujeres, las y los niños y adolescentes y el acceso a servicios públicos como derechos humanos, le otorga al tercer sector un protagonismo estratégico en el debate público y en la disputa de poder por un desarrollo productivo e inclusivo, donde entremos todas y todos.

* Director del Área Estado y Políticas Públicas – FLACSO Argentina.

** Coordinadora Diploma Superior en Organizaciones de la sociedad civil – FLACSO Argentina.

 

Crisis, oportunidades y desafíos | Por Mariana Lomé *

Las organizaciones sociales siempre miden bien en las encuestas que las comparan con otros actores sociales. La pregunta es si eso alcanza. Claramente, no tienen hoy el peso en la discusión pública que tenían en los años 90. Hay organizaciones fuertes y profesionalizadas, que tienen la disciplina de la autoevaluación y la planificación estratégica. El problema es que, desde mi punto de vista, esas instituciones son muy pocas comparadas con la enorme cantidad de organizaciones que batallan día a día para sobrevivir y cumplir su misión.

Por otro lado, quienes analizan y protegen la acción de la sociedad civil a nivel global (como Civicus y The International Center for Not-for-Profit Law) están señalando que en los últimos años se empieza a vivir a nivel global un entorno más bien restrictivo para las manifestaciones de la sociedad civil sobre los temas que preocupan a los ciudadanos. Esto se puede dar de muchas formas: en algunos países, con índices muy graves de represión de los líderes y movimientos sociales. Pero también la poca cobertura de los medios de comunicación de estos temas o la disminución del financiamiento para estas agendas pueden generar el debilitamiento de las organizaciones que trabajan por estas temáticas y la invisibilización de estas cuestiones.

Por otra parte, creo que las crisis suelen ser épocas de muchas oportunidades para las organizaciones de la sociedad civil: están acostumbradas a hacer maravillas con muy pocos recursos materiales y con mucho compromiso. En esas épocas los otros actores sociales las redescubren y acuden a ellas. El tema es que una vez que la “sensación” de crisis pasa, las organizaciones vuelven a la lucha por la sobrevivencia y son muy pocos los actores sociales que las acompañan para que puedan capitalizar lo aprendido y sostener estructuras sólidas que les permitan, a partir de eso, involucrarse en acciones colectivas junto a otras organizaciones, acompañar el diseño de políticas públicas que prevengan nuevas crisis y desarrollar innovaciones para nuevos problemas que gracias a su experiencia están preparadas para ver venir.

En cuanto a los desafíos para las propias organizaciones sociales, el principal es la capacidad de generar conversaciones profundas y en serio con el gobierno y las empresas. No es que no tengan qué decir, muy por el contrario. Pero realmente tienen que encontrar la forma de que esas conversaciones ocurran y ocupar en ellas un rol crítico pero al mismo tiempo positivo y propositivo.

* Directora del Posgrado en Dirección y Gestión de Organizaciones Sociales – Universidad de San Andrés.

 

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