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La generación de puestos de empleo es uno de los mayores desafíos para superar la crisis que trajo aparejada la pandemia. Un vasto universo de organizaciones, cooperativas y empresas sociales motorizan proyectos productivos que llevan respuestas a familias jaqueadas por la pobreza y la exclusión. Aquí, algunas de las experiencias en marcha, que ya lograron la inserción laboral de miles de personas. Quiénes son sus impulsores y cómo lo hacen.

 

Texto Andrea Vulcano.

 

No hay duda: comienza a asomar un horizonte y, con él, la necesidad acuciante de trazar una hoja de ruta que lleve a la inclusión social. Aun cuando la demoledora pandemia de coronavirus perdura y la deshilachada realidad con la que se topó le era preexistente, lo que atraviesa a toda la trama son hoy los dramáticos niveles de pobreza, signados por el hambre, el desempleo y una lisa y llana exclusión, que alcanza a más de 19 millones de personas.

La gran pregunta, entonces, es por dónde tamaña desintegración se podrá comenzar a hilvanar. Aunque los caminos son múltiples, hay uno, fundante e ineludible: la generación de trabajo como medio de vida, dignificante y de inclusión. Mientras desde el Estado se multiplican las iniciativas para atender la emergencia, ahora que merced a la campaña de vacunación el momento crítico empezó a mermar, las políticas tendientes a favorecer la empleabilidad en los sectores más desfavorecidos y golpeados por la crisis comienzan a aflorar.

Paralelamente, son miles las organizaciones, cooperativas, emprendimientos y empresas que, a lo largo y ancho del país, con mayor o menor escala, impulsan acciones para que miles de familias encuentren o construyan un medio de vida y que eso, a su vez, los habilite a delinear el horizonte de un presente y un futuro posibles.

 

Con sabor a tuna

“Me siento orgullosa de poder trabajar en lo que a mí me gusta.” La frase resuena una y otra vez en boca de Marcela Chávez. Con sus 39 años y tres hijos, a los que cuidó siempre en soledad, preside, desde 2017, la asociación civil Siempre Unidos Minifundios de Corzuela, con fuerte en la producción de mermelada de tuna, un fruto que abunda en la aridez de esa región, ubicada en el centro-oeste de la provincia de Chaco, a más de 200 kilómetros de Resistencia.

“Empecé a trabajar en esto en 2006. La tuna es un fruto muy nutritivo tanto para los animales como para las personas. Antes se comía, como la naranja, pero en 2006, gracias al Inta (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), que nos empezó a dar cursos sobre elaboración de mermeladas, le empezamos a dar el valor agregado. Tenemos sala de elaboración, desde el 2014, y todo en orden, como tiene que ser, en condiciones”, relata Marcela, en diálogo con Tercer Sector.

Con la etiqueta de Sabores de Corzuela, hoy, el emprendimiento produce y comercializa, también, mermelada de pomelo y de flor de Jamaica, quinotos y mamones en almíbar, pickles y escabeche de verduras. Además de la venta puerta a puerta –ampliada durante la pandemia–, hoy, Siempre Unidos es proveedor de la Municipalidad de Corzuela, del Gobierno de la provincia y –ya lo hacía antes de la pandemia y ahora ya se piensa en retomar– participa de ferias en otras provincias.

“Para llegar a tanto tuvimos que juntarnos. Lo que hoy tenemos es fruto de tirar todos para el mismo lado, del sacrificio de mucha gente, y a veces, de mucha gente que ya no está”, señala Marcela y agrega: “Yo vengo de una zona rural, de cuidar los chivos, de cosechar algodón, de acarrear agua en zorra más de 4 kilómetros, pero nos fuimos insertando a lo nuevo y, con el correr de los años, fuimos teniendo nuevos conocimientos”.

 

Impacto en Santiago

“Estamos en tiempos difíciles. Necesitamos que millones de personas puedan vivir dignamente y, al mismo tiempo, estamos obligados a reducir los límites ecosistémicos, aunque eso parezca contradictorio. Estas problemáticas cada vez más evidentes, nos están empujando forzosamente hacia un nuevo modelo de desarrollo más sostenible y esta transición necesita ser financiada. Por eso, podemos afirmar que no sólo las finanzas de impacto son viables, sino que son la herramienta más potente que tenemos a nuestro alcance para generar la transformación que el sistema necesita a gran escala”, afirma Nicolás Xanthopoulos, cofundador y director de Operaciones de Sumatoria, una asociación civil que impulsa este tipo de herramientas.

Irene de la Silva es la coordinadora del área de finanzas inclusivas de Coopsol, de Santiago del Estero. “La cooperativa tiene 31 años y lleva adelante negocios verdes e inclusivos, porque hacemos producciones sustentables, como es la miel orgánica, y hemos conformado un consorcio llamado Wuayra –que en quechua significa viento– integrado por unas 200 familias de la cadena de valor apícola”, cuenta a Tercer Sector, desde la ciudad de La Banda, a pocos kilómetros de la capital provincial.

“Con el financiamiento que hemos logrado, primero, a través de un fondo del Ministerio de Desarrollo Social, de la Conami (Comisión Nacional de Microcrédito), y ahora, gracias a Sumatoria, nuestros emprendedores están pudiendo crecer de manera sustancial y sostenida”, asevera Irene, quien destaca la “capacidad de pago excelente” que tienen estas personas.

“Así como lo hace Sumatoria, es fundamental que exista gente dispuesta a pasar de esta cultura del subsidio a esta cultura del crédito, que le permita a nuestras familias campesinas capitalizarse para empezar a crecer. Estamos trabajando en alfabetización digital, conectividad, almacenes cooperativos porque entendemos que el desarrollo es una intervención integral”, completa.

 

Vientos del sur

Se estima que 10 millones de personas forman parte, en la Argentina, del universo de la llamada economía popular. Dentro de ese vasto campo, se encuentran, entre otras, las cooperativas de trabajo. En la ciudad de Bahía Blanca, allá por 1996, unos 300 productores comenzaron a darle forma a una idea, de la mano de técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta). En 2012 conformaron la Cooperativa Apícola Pampero Limitada y, en ese marco, se creó un producto innovador que la llevó a un crecimiento inesperado: el Aluen CAP, un acaricida sin tóxicos, de alta eficacia y único remedio orgánico en el mundo.

La cooperativa priorizó que su producción estrella quedara para la industria argentina y no se vendieran licencias para otros países. Así, recibieron un financiamiento, a través del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes), para la construcción del primer laboratorio veterinario cooperativo de la Argentina, ubicado en la localidad bonaerense de Calderón. “Hoy estamos comercializando Aluen en Chile, Uruguay, Perú, República Dominicana, Bolivia, Santa Lucía y continuamos trabajando en contratos con más de 30 países”, afirman desde Pampero.

La CAP, sostenida por un proyecto integral y con mirada a largo plazo, está conformada por dos patas: por un lado, la cooperativa –integrada por 22 profesionales y técnicos–  y, por el otro, la cámara, que cuenta con 18 grupos activos (260 productores), con un total de 107.500 colmenas, que representa el 5 por ciento de la produccio?n nacional y con un promedio de 400 colmenas por asociado, casi el triple del promedio nacional.

 

Ir por más en el Noreste

Miguel Alfeirán lo cuenta con las palabras exactas y su historia lo dice todo. “Volcamos con la camioneta, trabajando”, dice. Sin embargo, la adversidad, devenida en milagro por poder contarla, no le resta energía para subrayar que “hay cosas que son posibles con la lucha, la perseverancia y el esfuerzo”. ¿De qué habla? De la realidad que supo construir el capítulo santiagueño de Río Hondo, de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT).

“Nosotros comenzamos como asociación de pequeños productores. Nuestra propuesta era simple: si nos juntamos y hacemos fuerza, si planificamos, nos asesoramos, podemos lograr lo que, hasta ese momento, los pequeños productores no habían podido, que era encontrar un espacio de comercialización común”, relata.

En medio de ese camino, la UTT les propuso ser parte de su engranaje a nivel nacional, con base en 18 provincias. Fue así que, el 14 de diciembre de 2019, cuando el coronavirus recién asomaba en otras latitudes, hicieron un primer verdurazo, y que era posible comercializar “productos frescos, sanos y a precio justo”.

Así fue que resolvieron conformar una cooperativa de trabajo, que a su vez participa de las llamadas mesas de asociativismo que impulsa el Inaes. “Nos dimos cuenta de que era posible ir por más”, asegura. “A pesar de que tuvimos muchas dificultades, no nos detuvimos. ¿Por qué? Por el bien común; porque nos hacemos bien a nosotros mismos trabajando, porque eso nos honra y dignifica, pero, además, nos gusta y nos llena de orgullo decir que estamos trabajando y dando una mano, en esta situación tan complicada, a nuestros hermanos, hermanas y vecinos”, agrega Alfeirán.

“Logramos acortar la cadena de valor, que haya sólo dos sectores: la producción y la comercialización. Es verdad la frase ‘de la huerta a su mesa’, incluso con productos sanos y a un precio justo”, subraya y, tras destacar el rol que cumplen las mujeres en esos espacios, completa: “Demostramos que sí es posible que el esfuerzo del trabajo tenga su rédito”.

 

Millennials y centennials

La mitad del desempleo en la Argentina corresponde a jóvenes, mientras que, en esos sectores, son las mujeres las más relegadas. “Aprendemos mientras hacemos”, “nos cuidamos unos a otros”, “innovamos y tomamos riesgos”, son algunos de los valores de Arbusta, una empresa tecnológica nacida en 2013, que brinda servicios de aseguramiento de la calidad de software, datos e interacciones a empresas, en sus procesos de transformación digital.

“Revolucionamos el sector rompiendo el paradigma de la escasez del talento; empleando jóvenes de alto potencial que el mercado no mira y brindando una solución de delivery rápida, continua y elástica. Hoy somos más de 350 personas en Buenos Aires, Rosario, Montevideo (Uruguay) y Medellín (Colombia), con un equipo compuesto, en un 90 por ciento, por jóvenes millennials y centennials –el 57 por ciento mujeres–, sin experiencia previa ni formación en la industria IT y que provienen de contextos socioeconómicos frágiles”, señalan desde la empresa.

Su gerenta de Capital Humano, Martina Deluchi, lo resume: “El sistema cambia cuando cambiamos nuestra mirada, cuando nos salimos del miedo y de los prejuicios; ése es el verdadero punto de acupuntura: tener una mirada de posibilidad”. En este sentido, señala que “la tecnología es una industria que viene creciendo exponencialmente, con una gran demanda de talento, con la falsa idea de que el talento escasea”. Por el contrario, en Arbusta creen que “abunda”, pero que “lo que escasean son las oportunidades”.

 

Desde la cuna

Milagro Pereyra Iraola es directora ejecutiva de Njambre, una incubadora de empresas con fin social. “En Njambre, lo que hacemos es alentar el surgimiento y la escala de empresas de impacto que, a través de sus modelos de negocios, resuelven una problemática social o ambiental”, explica.

Para esta organización, una de las claves es que se generen “espacios donde se pueda aprender a trabajar trabajando”, con la convicción, además, de que “el empleo genuino e innovador es un camino de salida de la crisis, pero, además, un elemento poderoso y transformador para cada persona”. Una de las empresas impulsadas desde Njambre es Arbusta. Otra, más incipiente, es B3, que se dedica a la construcción de casas modulares en seco, de bajo costo, enfocadas para familias de ingresos inestables y de barrios populares.

 

¿Meritocracia?

Brenda Pignol Ramos es codirectora de Libertate, una empresa social que trabaja con el fin de promover iniciativas inclusivas e innovadoras que generen inclusión de personas con discapacidad, focalizándose, a su vez, en las cuestiones de género. “Hay algo del aprender haciendo. Es urgente resolver el desafío del trabajo, que es una responsabilidad colectiva. No podemos caer en estrategias meritocráticas, donde pensemos que para que todo ese colectivo de personas consiga trabajo es solo una responsabilidad de la persona”, plantea.

Desde Libertate acompañan a compañías en la contratación de personas con discapacidad, así como también promueven la generación de trabajo por la vía del autoempleo, de los emprendimientos autogestivos. “El 80 por ciento de las personas con discapacidad que está en edad económicamente activa en la Argentina está sin trabajo y, en clave de género, esa proporción representa el 90 por ciento en el caso de las mujeres”, advierte.

”Tenemos que poder intervenir en la dinámica de los empleadores, para pensar qué sesgos y prejuicios, muchas veces, tienen los equipos de selección de las empresas, que hacen que un montón de personas queden excluidas de esa posibilidad. Hay un fuerte desafío para seguir trabajando en ese sentido, para generar procesos inclusivos, y la única forma de ir derribando esas barreras es que las propias personas con discapacidad ingresen a las empresas”, reflexiona Brenda.

 

Diversidad etaria

Ana Carolina Corbelle, directora ejecutiva de Diagonal Asociación Civil, lo resume en pocas palabras: “Como sociedad miramos como desafío a la juventud y no miramos otros ciclos de vida. Hay que poner el foco en todos; no excluir por edad”. Hace más de 20 años que esta organización apuntó a las personas de más de 45 años. “Ocho de cada diez búsquedas laborales hoy siguen excluyendo a esta franja”, señala.

Entre sus líneas de acción se cuenta el programa de “reinvención laboral”, que es gratuito y abierto a la comunidad, y consta de siete encuentros virtuales en los que se entrena a las personas en las herramientas de búsqueda laboral y armado de currículum vitae, así como también, en cómo presentarse a una entrevista laboral y gestionar las emociones en esa búsqueda. “Hablamos de reinvención porque, después de la pandemia, entendemos que muchas personas necesitan reinventarse”, subraya Corbelle y agrega: “Muchas empresas necesitan ver cómo trabajar y sensibilizarse internamente para incorporar la diversidad en sus equipos de trabajo”.

Diagonal se enfoca, además, en la denominada “economía plateada” o “longevidad positiva” y, en ese sentido, Corbelle enfatiza que, actualmente, “una persona de 60 años está en un ciclo muy vital” y debe ser tenida en cuenta “en su dimensión laboral y profesional”. “Tenemos que empezar a pensar cómo vamos a vivir esa mayor cantidad de años de expectativa de vida que tenemos”, postula en diálogo con Tercer Sector.

 

Soluciones multiplicadoras

El acento de Pierre-Yves Herrouet que resuena desde Salta muestra a las claras, el pasado y el presente de su recorrido. Fue en 2008 cuando, lejos de su Francia natal, decidió instalarse en el norte argentino y allí creó la organización Solar Inti, que promueve la autoconstrucción de cocinas solares. “Acompañamos a 3.800 mujeres de comunidades indígenas en situaciones de vulnerabilidad energética, sin acceso al gas ni a la garrafa, que tienen que acudir a la leña”, describe.

Las cocinas solares no son sólo eso: muchas veces, también son punto de partida de un círculo virtuoso. “En Santa Victoria Oeste, cerca del límite con Bolivia, tenemos un 60 por ciento del grupo de mujeres que siguen con sus emprendimientos después de varios años. Se dedican a la pastelería y venden todo lo que son maicenitas, panes saborizados, bollos y pastafrola”, enumera.

Las etapas son cuatro: la autoconstrucción, los talleres de panadería, el emprendedorismo y, por último, la organización de una feria comunitaria. “En un día se pueden armar entre 25 y 30 equipos; es rapidísimo; no hace falta tener habilidades previas. Además, las cocinas tienen 15 años de vida útil y tenemos piezas para recambio, con lo cual el mantenimiento técnico lo pueden hacer las familias mismas”, señala Pierre.

Los cálculos de la organización indican que, de cada diez cocinas construidas, cuatro son las que se terminan destinando a uso familiar exclusivo, mientras que las otras seis son puntapié de emprendimientos. “Se trata de una gran ayuda, para esa familia, el ingreso que representa, como complemento”, plantea.

“Es un proyecto integral, es la vida en sí. Lo fuimos construyendo en base a la vida de la gente y por eso quedó así, bien completo y funciona muy bien. Siempre se avanzó en conjunto; es una cocreación con la comunidad. Es importante ir con una escucha activa, no con algo cerrado”, analiza Pierre, al hablar de Solar Inti.

 

Con Sumo Trabajo

El Arca es una organización sin fines de lucro que tiende a la autosostenibilidad, generando riqueza y distribuyéndola entre emprendedores y emprendedoras que viven en barrios empobrecidos del Gran Mendoza. El área textil está integrada por 60 mujeres productoras. Recientemente terminaron de entregar la producción invierno 2021, de chombas y guardapolvos, que llegará a todas las bases de la empresa Arcor en la Argentina.

A eso se suma la campaña Con Sumo Trabajo, que tiene como objeto unir los abastecimientos de las empresas, con la posibilidad de emplear a personas de los sectores más vulnerables, con la intermediación de Code, una empresa social que busca crear trabajo digno a partir de articular, en forma virtuosa, a pequeños productores asociados y consumidores de escala (tanto públicos, como privados), a los fines de generar cadenas de valor sostenibles y/o compras inclusivas.

 

Cómo conectarse

Siempre Unidos Minifundios de Corzuela: www.facebook.com/Siempre-Unidos-Minifundios-Corzuela-1036776086394394/

Sumatoria: www.sumatoria.org/

Coopsol: www.instagram.com/coopsol.argentina

Cooperativa Apícola Pampero: www.cooperativapampero.coop

UTT Termas de Río Hondo: www.facebook.com/Utt-Termas-de-R%C3%ADo-Hondo-102357191296894

Arbusta: www.arbusta.net/

Njambre: www.njambre.org/

B3: https://b3hogar.com/

Libertate: https://www.libertate.com.ar/

Diagonal Asociación Civil: https://diagonal.org.ar/

Solar Inti: https://www.facebook.com/SolarInti/

El Arca: https://www.facebook.com/ElArcaProductoresConsumidores/

Ministerio de Desarrollo Social: https://www.argentina.gob.ar/desarrollosocial

Inaes: https://www.argentina.gob.ar/inaes

Inta: https://www.argentina.gob.ar/inta

Red Comunidades Rurales: www.comunidadesrurales.org | red@comunidadesrurales.org

 

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