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A unos 20 kilómetros de la ciudad de Bariloche se encuentra uno de los espacios de economía social pioneros de la Argentina. Su fundador fue Roberto Killmeate, único sobreviviente de la denominada “Masacre de San Patricio” en 1976 –en el inicio de la última dictadura–, cuando fueron asesinados tres sacerdotes y dos seminaristas de la congregación de los palotinos. Con su pasado de sacerdote enmarcado en la Teología de la Liberación pudo demostrar con hechos la potencia de la articulación y el trabajo asociativo.

Hoy, el Mercado de la Estepa Quimey Piuké (que en mapuche significa “buen corazón”) es una asociación civil integrada por unas 300 familias de productores y artesanos de ocho comunidades de la zona, en su mayoría mujeres, que venden sus productos conforme a los valores del comercio justo y de acuerdo con un reglamento interno elaborado de manera participativa.

Con el impulso de esta organización, en 2009 fue sancionada en la provincia de Río Negro una ley de fomento de la economía social y promoción de los mercados productivos asociativos que luego ha sido tomada como modelo en otras regiones del país.

“El sueño de Roberto era que el Mercado lo trascendiera; siempre pensábamos en eso. Hoy por hoy, los artesanos y artesanas pudieron sacarlo adelante, gracias a la fortaleza y la valoración que se logró”, cuenta Ana Basualdo, esposa de Killmeate, a tres años de la muerte de su marido.

“La economía social, no sólo abarca al dinero, sino que también le da valor al trabajo en su propio territorio y permite el desarrollo desde lo económico y lo social. Acá se crece en conjunto, no en el individualismo”, asegura.

 

Patagonia en red

Igualdad, autogestión, organización, cuidado del ambiente, dignidad del trabajo, comercio justo, cooperación, participación política y horizontalidad. Sobre estos valores se asienta Mercados Asociativos Patagónicos (Mapa), una red de asociaciones de artesanas y artesanos cuya actividad principal es el trabajo textil en fibras naturales del territorio, en particular la fibra de guanaco. Impulsada también poco antes de morir por Killmeate, está integrada por dos comunidades mapuches de Neuquén y Chubut.

Una de sus referentes, Patricia Dreidemie, cuenta a Tercer Sector que la red se conformó en 2013; hoy nuclea a 300 personas –en su mayoría mujeres– y se encuentra en permanente expansión, con nodos en cada provincia de la región. No obstante, la crisis económica los afectó. “Este año sentimos muchas dificultades. El contexto se puso más difícil y se sumaron incendios y robos en la zona, lo que complicó aún más el panorama”, dice.

No obstante, pone el foco en las perspectivas “prometedoras” que hoy abren las fibras naturales merced a “una vuelta” que se registra en el mundo a ese tipo de hilados. De hecho, por eso decidieron crear la marca colectiva Guanaco Estepa con un “alto valor internacional”, que identifica productos de calidad elaborados con fibra de guanaco, según técnicas tradicionales de pueblos originarios, cuenta Dreidemie.

 

Otro espacio

La Asociación Norte-Sur ayuda en Bariloche a productores y artesanos de los barrios más necesitados de la periferia de la ciudad patagónica, para que puedan hacer crecer sus emprendimientos. “Tenemos un programa para cada etapa: adquisición, producción, comercialización y administración”, explica a Tercer Sector Valeria Didko, presidenta de la institución, que comenzó a funcionar en 1995 en Buenos Aires y a partir del año 2000 trasladó su trabajo al sur del país.

Entre otras opciones, la OSC propone compras solidarias para bajar costos, financiación a través de microcréditos, capacitación y asistencia técnica, y ayuda para la comercialización en cantidades y el ingreso a nuevos mercados.

“La idea es que cada uno de los emprendimientos se desarrolle y crezca en la formalidad. Para eso, creamos una red de proveedores locales de la economía social e incluso una plataforma para visualizarlos que funciona como una vidriera o un catálogo virtual”, explica Didko.

Gracias a esto, muchas empresas, hoteles y entes estatales comenzaron a priorizar a productores locales de la economía social como proveedores, señala. Desde la empresa de alta tecnología Invap hasta el Club Andino Bariloche, pasando por el Hotel Panamericano, les compran productos a los más de mil integrantes de la asociación, que desde 2010 también gestiona créditos para el mejoramiento habitacional en cinco barrios vulnerables de Bariloche.

 

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