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Cada vez más personas pernoctan en plazas, veredas, refugios y hogares de la Ciudad. Las estadísticas oficiales difieren de los números relevados por las organizaciones sociales que brindan contención a quienes perdieron el techo. Las ONG reclaman que el Estado dé respuesta a la demanda de quienes duermen a la intemperie.

Texto Eduardo Santachita.

 

“Por suerte, acá doña Paulita siempre se acuerda de mí y me baja un plato de comida, porque si espero que venga el gobierno a darme una mano, me muero de hambre”, dice Raúl, con un rostro surcado por el inevitable sol del mediodía.

Según las últimas estadísticas oficiales disponibles, en 2018 había 1.091 personas en situación de calle en la Ciudad de Buenos Aires, pero no se contabilizan aquellas que duermen en paradores y hogares. La Ley 3.706 entiende que una persona en situación de calle es aquella que vive a la intemperie, pero también incluye a quienes están en riesgo de quedarse sin vivienda, ya sea por una sentencia de desalojo, por contar con un subsidio habitacional que le permita hospedarse transitoriamente en un hotel, o quienes viven en asentamientos. El Censo Popular de Personas en Situación de Calle, realizado en 2017 por organizaciones sociales, registró a 4.394 personas, 1.478 de ellas ubicadas en dispositivos de alojamiento nocturno y más de 20.000 en riesgo habitacional, en el territorio porteño.

“Parafraseando al Indio Solari, todo número es político”, dice Horacio Ávila, que vivió casi siete años en la calle y en 2003 creó la ONG Proyecto 7. Esta organización ya fundó tres centros de integración: El Monteagudo, para hombres; el Frida, para mujeres cis y transgénero, y el Centro Complementario Che Guevara. “Hay más gente en la calle, sin duda. El gobierno hizo un relevamiento el 23 de abril, pero todavía no publicó los datos, quizá porque están esperando nuestro conteo”, agrega. Proyecto 7, junto con otras organizaciones, están realizando un nuevo censo que, entre otros datos, revelará un aumento en la cantidad de mujeres en situación de calle. “Siempre fue 80 por ciento hombres y 20 por ciento de mujeres, pero ahora está en 65-35 por ciento, más o menos”, adelanta Ávila. Y agrega: “Muchas de ellas son empleadas domésticas que perdieron el trabajo porque quienes las contrataban no les pudieron pagar más, y otras quedaron en la calle por la violencia machista: se empoderaron y no soportaron más maltratos”. Además, en la calle hay una creciente cantidad de niños y adolescentes sin hogar. “Mi experiencia dice que estos chicos están solos porque han sufrido abusos en sus casas, ése es el común denominador”, describe Natalia Joannaz, integrante de la Fundación Sí.

 

Un golpe emocional

“Ahora nos encontramos con familias completas viviendo en la Avenida 9 de Julio”, dice Marina Muro, fundadora de Haciendo Lío, una asociación civil que asiste y capacita a personas en situación de vulnerabilidad. “Últimamente hay un rechazo a la pobreza que antes no había. Te dicen que esa gente está así porque lo merecen o porque son vagos. Es una construcción cultural de estos tiempos”, argumenta. Adriana Durand, integrante de la ONG Caminos Solidarios, describe: “El que antes tenía una changa cinco días a la semana, hoy trabaja dos días y gracias. Hay gente que trabajó en blanco, pero cobraron el retiro voluntario y se les fue yendo en alquiler, expensas, servicios… y las pensiones y los hoteles son caros”.

“La carencia más grande es no tener un horizonte, un proyecto”, sostiene Durand. Y cuenta un detalle recurrente que asombra a muchos voluntarios: “Al final de la recorrida solidaria agarramos una bolsa de basura y les preguntamos si tienen algo para tirar, y más de una vez respondieron ‘si, a mí’. Es muy triste”. “El golpe emocional de encontrarte viviendo en la calle es terrible. Tardás mil años en asimilar eso”, advierte, a su vez, Ávila.

 

Ayudar con trabajo

“Además de conseguirle un trabajo, a la persona en situación de calle hay que darle las herramientas para sostenerlo”, manifiesta Joannaz, quien explica que, en las recorridas nocturnas, acercarles una sopa es una excusa para generar un vínculo de confianza y que cuenten cómo están, qué les pasa. “Necesitan compañía, poder hablar, ya que nadie les habló en todo el día”. Recién cuando se genera un contacto sostenido se los ayuda a hacer el currículum y luego un seguimiento para que puedan cumplir con órdenes y horarios. “Muchos no se animan, piensan que no van a poder, pero ya tenemos gente trabajando en empresas”, se enorgullece la integrante de la Fundación Sí.

Desde Proyecto 7, Ávila propone: “Lo primero que tiene que hacer este país es dejar de producir pobres, tomar decisiones de emergencia y hacerse cargo. No hay que luchar contra la pobreza, hay que luchar contra los que la producen”.

 

 

Cómo conectarse

Proyecto 7: www.proyecto7.org

Fundación Sí: www.fundacionsi.org.ar

Haciendo Lío: www.haciendolio.org.ar

Caminos Solidarios: www.caminossolidarios.com.ar

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