Compartir

A raíz de la crisis de 2001, un grupo de vecinos transformó un galpón del barrio porteño de Almagro en un emprendimiento productivo que incluye un bar y una panadería.

Texto Magalí Sztejn.

 

Fue la falta de empleo lo que llevó a que en la asamblea popular de Plaza Almagro surgiera, en 2001, la idea de armar una cooperativa. Valiéndose de maquinaria que tenía un panadero y pastelero y de algunos ahorros que permitieron comprar los hornos pizzeros, once asociados dieron vida a La Cacerola. “En abril entramos a refaccionar el lugar, que estaba totalmente abandonado. Era un playón de cemento perteneciente al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Accedimos a un comodato, que se renovaba anualmente. En 2009 logramos que fuera, por ley, por veinte años, con el objetivo de desarrollar un emprendimiento productivo que incluye panadería y restaurante”, cuenta Silvia Díaz, síndica de la cooperativa y vicepresidenta de la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (Facta).

 

El valor de lo colectivo

Si bien consideraban que el mercado de alimentos podía ser una salida, el servicio tenía también un costado simbólico, porque era una respuesta a las necesidades de la población. “Desde el comienzo, arrancamos con el pan caliente relleno y sigue siendo un símbolo. Cuando hay nuevas empresas que se recuperan o reclamos docentes, nos hacemos presentes en forma solidaria para aportarlo”, refiere Díaz, quien subraya que le dan mucha importancia a la pertenencia de los 39 integrantes de la cooperativa. “El compañerismo y la solidaridad son dos valores fundamentales. Esto es un proyecto autogestionado, somos trabajadores sin patrón. Nos consideramos hermanos del conjunto de los trabajadores que gestionamos nuestra propia empresa social. Creemos en lo colectivo por sobre lo individual. La solidaridad es también hacia afuera, con otros que están en una situación de mayor necesidad que nosotros”, explica.

Hoy, La Cacerola es un lugar característico del barrio porteño de Almagro, elegido por vecinos y trabajadores. “El balance –reflexiona Silvia– es muy bueno. Tenemos un edificio construido por nuestro esfuerzo, avanzamos en la cantidad de asociados y de productos, tenemos convenios con universidades”. Sin embargo, no puede dejar de señalar el impacto que tiene la crisis económica: “Al día de hoy vivimos una situación gravísima, como todos los trabajadores. Es una combinación de un aumento descomunal de nuestros insumos, los tarifazos, la caída de las ventas. Para poder seguir abiertos, tuvimos que sacrificar nuestros ingresos. Tratamos de buscar precios, comprar con otras cooperativas para abaratar costos, ser más eficientes. Pero –se pregunta– ¿cuánto podemos continuar así?”.

 

Cómo conectarse

La Cacerola: Franklin 26, CABA. // www.cooplacacerola.com

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here