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En el Ceamse se inauguró una fábrica de ecoladrillos elaborados a partir de desechos domiciliarios tratados biológicamente. En el mismo predio funciona la Cooperativa Bella Flor, que emplea a cien familias en la recuperación de vidrios, cartón, plástico y metales.

Texto María Gabriela Ensinck.

 

Cada día, 21 mil toneladas de residuos domiciliarios llegan a los terrenos del Ceamse (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado). De ellos, una parte puede ser convertida en bioladrillos elaborados con material orgánico, a partir de la creación de una fábrica dentro del Complejo Ambiental Norte III, en el municipio bonaerense de General San Martín.

Del total de residuos que recibe el Ceamse, unas 1.100 toneladas tienen como destino la planta de Tratamiento Mecánico Biológico (TMB), un inmenso galpón provisto de máquinas, palas mecánicas y cintas de transporte. Los bloques para la construcción son elaborados a partir de la combinación y mezcla de restos orgánicos con otros materiales utilizados tradicionalmente en la construcción (cal, cemento y arena).

El proceso de producción de ecoladrillos comienza con un tratamiento biológico por el cual los residuos orgánicos (como restos de comida, yerba, saquitos de té) son sometidos a un proceso de estabilización que dura aproximadamente tres semanas. “Durante este periodo, las bacterias se ocupan de quitarle todo tipo de vida orgánica al residuo, lo cual implica que ya no se generan más líquidos ni podredumbre”, explicaron fuentes del Ceamse a Tercer Sector.

Una vez estabilizado, el residuo se tritura y pasa a ser parte de la mezcla para ser transformado en un material inerte y, a través de un fraguado natural, cobra la forma de un bloque, similar a los ladrillos comunes, pero de color grisáceo. El secado y curado de los ecoladrillos se realiza a temperatura ambiente, sin necesidad de horno, lo cual evita la utilización de combustible y la generación de dióxido de carbono.

Los bloques generan un doble beneficio: por un lado, permiten dar un fin útil a lo que convencionalmente se considera un residuo, y por otro, evitan la extracción de arcilla, que es un recurso no renovable.

“La producción del ecoladrillo es una manera de valorizar la fracción orgánica de los residuos sólidos urbanos, evitando su disposición final, transformándola en un recurso y generando valor a partir de su empleo como materia prima para materiales de la construcción”, destacaron desde el Ceamse.

Con una capacidad de producción de cerca de 8.000 biobloques por día, en esta primera instancia los ladrillos ecológicos estarán destinados al uso interno de la empresa o a fines sociales.

Cooperativa Bella Flor

En el predio del Ceamse funcionan, además de la fábrica de bioladrillos, una planta de reciclado de neumáticos (Regomax) que los convierte en granulado para asfalto, canchas de fútbol y pistas de atletismo, y la cooperativa Bella Flor, que se ocupa de separar los residuos y genera empleo para un centenar de familias.

Antes de la existencia de la cooperativa, más de 3 mil personas comían de la basura y buscaban materiales o productos para vender entre los desperdicios que se acumulaban en un predio del Ceamse en la localidad de José León Suárez. Se escondían alrededor de la montaña de residuos camuflándose entre las botellas, bolsas y restos de comida para que la policía no los descubriera.

El 15 de marzo de 2004, una topadora descargó la basura sobre Diego Duarte, un chico de 15 años que estaba en el predio junto con su hermano Federico, buscando algo que llevar a su casa. El cuerpo del adolescente nunca fue encontrado y su historia fue ignorada y olvidada por muchos. Sin embargo, a partir de la desaparición de Diego, los vecinos se organizaron para reclamar por sus derechos ante la Justicia. Lorena Pastoriza fue una de las líderes de aquella lucha, que en 2006 llevó a la conformación de la Cooperativa Bella Flor.

Además de conseguir un espacio dentro del predio, donde incorporaron algunas máquinas y herramientas para la separación de basura, los integrantes de la cooperativa lograron conexión eléctrica para el barrio y sostienen un comedor infantil. Hoy, Bella Flor recupera vidrios, cartón, plástico, y metales, que son compactados y vendidos a intermediarios que a su vez lo revenden a empresas.

“Antes no se podía ni respirar. Eran montañas de basura que traían los camiones de distintos municipios. Y nosotros camuflados con basura que nos poníamos sobre el cuerpo nos íbamos a sacar lo que podíamos a escondidas. Metales primero, después comida”, recuerda Nora Rodríguez, una de las integrantes de la cooperativa.

En el documental Nueva Mente, de Ulises de la Orden, la mujer comenta: “Hoy trabajamos en la basura reciclando. Generamos nuestro propio puesto de trabajo y nuestro propio sueldo. Recuperamos materiales y también nuestra dignidad”. El filme, que reconstruye la historia de la organización y del barrio, fue estrenado en mayo pasado y la primera función se hizo en el galpón de la cooperativa con la presencia de sus integrantes y protagonistas.

El reciclaje inclusivo, que permite generar empleo en sectores vulnerables de la población, es uno de los pilares de la llamada economía circular, que a diferencia del paradigma económico lineal de producción, consumo y descarte, se basa en las cuatro erres: reducción, reúso, reciclado y revalorización de los desechos. La producción de bioladrillos y la recuperación de materiales a partir de residuos son parte de este nuevo paradigma.

 

Cómo conectarse

Regomax: www.regomax.com

Cooperativa Bella Flor: www.coopbellaflor.org

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