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Ante el avance de la pandemia y el aislamiento preventivo, se triplicó la venta de alimentos agroecológicos. Los bolsones acercan a los consumidores frutas y verduras de estación cultivadas sin agroquímicos.

 

Texto Mariano Barragán.

 

La llegada del Covid-19 y la implementación de medidas de aislamiento o distanciamiento social generaron cambios drásticos en la vida cotidiana, aunque no todos fueron negativos.

El avance del virus obligó a poner foco en la salud. Buena parte de la sociedad tomó conciencia de la importancia que tiene implementar una dieta nutritiva y se abocó al consumo de alimentos saludables. “Durante la pandemia explotó la venta de productos agroecológicos. La gente comenzó a extremar los cuidados y eso lo llevó también a la alimentación”, asegura Hernán Mallea, miembro del emprendimiento La Chapanay Orgánico Natural.

Las grandes ciudades del país fueron el epicentro: Buenos Aires, La Plata, Rosario, Córdoba y Corrientes, entre otras, incrementaron la demanda de manera exponencial. “Las ventas se triplicaron. En las primeras semanas de abril, comercializamos la producción de dos quintas enteras”, comenta Mallea.

Este crecimiento también se debe al método de distribución. A partir de la implementación del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, los productores implementaron la entrega de bolsones mediante el sistema huerta-puerta. De este modo, con un simple pedido previo por WhatsApp, la mercadería llega a domicilio. “La idea de buscar una alimentación más saludable y la posibilidad de estar siempre en casa me llevó a comprar productos agroecológicos. Ahora puedo pedir y recibir los bolsones sin problema; antes, por mi trabajo en la oficina, me era imposible“, explica Daniela, vecina del barrio porteño de Villa Crespo.

 

Beneficios para todos

La agroecología propone un paradigma basado en el cuidado de la vida, el medio ambiente y los bienes naturales. Esto se traduce en una forma de producción sustentable que omite el uso de agroquímicos, con beneficios para la reutilización del suelo. “Buscamos generar una transformación en el modelo y garantizar alimentos sanos para toda la sociedad”, afirma Juan Pablo Della Villa, secretario de Comercialización de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT).

Una huerta que emplea sistemáticamente pesticidas y fungicidas industriales quita minerales a la tierra. En un campo vivo, orgánico y sin insumos químicos, esos minerales están biodisponibles y llegan a las plantas. Además, los vegetales van tomando los nutrientes de acuerdo con sus necesidades, situación que origina un sabor más genuino en sus frutos. Así lo comprobó Daniela: “Se nota mucho la diferencia. También es distinto el tamaño y los colores respecto a las verduras de un local convencional”.

 

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