Compartir

La Asociación Civil Infancias Libres trabaja por la visibilización y los derechos de niñas, niños y adolescentes trans. Su fundadora es Gabriela Mansilla, mamá de Luana, la primera niña transgénero que recibió el documento de identidad con su género autopercibido.

Texto Eduardo Santachita.

 

“En el libro figuraba mi e-mail y me empezaron a llegar mensajes de todo el país. Entonces me di cuenta de que no eran casos aislados, sino que había que escuchar a las infancias trans en su conjunto. Así empecé a pensar en crear la asociación”, recuerda Gabriela Mansilla, autora de los libros Yo nena, yo princesa (2014) y Mariposas libres (2018), en los que vuelca la historia de amor y de lucha compartida con su hija. La primera motivación era generar un lugar en donde Luana, la primera niña transgénero del mundo que recibió un documento de identidad en el que figura su género autopercibido, se encontrara con sus pares. “Hoy no es sólo un lugar de encuentro sino un espacio para trabajar todo lo que no resuelven el resto de las instituciones: la escuela, el club, la obra social, el Registro Civil”, describe Mansilla, fundadora y presidenta de la Asociación Civil Infancias Libres.

Una vez por mes, las familias que forman parte de la organización realizan encuentros y actividades guiadas. Hay un grupo infantil, uno de adolescentes, un tercero formado por familiares y otro para hermanas y hermanos cisgénero. Además, Infancias Libres organiza charlas y concurre a escuelas para dar capacitaciones. “Los docentes están formados en el binario nena-nene. Entonces te prometen tratar a la niña trans igual que a las demás y eso es un error, porque nuestras niñas tienen pene, no van a menstruar ni a desarrollarse como las otras. Hay que hablar de lo trans en el aula”, explica Gabriela.

“No puede ser que enseñen con cuadernillos de 2006. Incluso hay profesores que desconocen la Ley de Identidad de Género y la Ley de Educación Sexual Integral, que prevé contenidos actualizados”, se queja Jorge. Su hijo Sebastián, de 13 años, asumió su identidad trans durante el primer encuentro al que asistió. “Aquí nos enseñan a abrazar amorosamente a las infancias”, expresa. A su vez, Laura, mamá de Antonella, de 7 años, destaca: “Lo más importante que hizo la asociación por mi hija es que está orgullosa. Cuando se presenta, ahora dice ‘soy una nena trans’. Es maravilloso”.

 

La violencia de invisibilizar

La entidad cuenta con profesionales como el psicólogo Cristian Jaime, que jamás había oído hablar sobre la cuestión trans en la facultad. “Esa es una forma de violencia: invisibilizar”, dice. “Para entender esta temática –agrega– tuve que leer a Paul Preciado, Judith Butler y Simone de Beauvoir, porque la perspectiva desde la psicología suele ser patologizante. Abordan lo trans como un trastorno o como disforia de género, pero para entenderlo hay que rever las categorías de pensamiento: ¿qué es lo que nos hace varones o mujeres? La respuesta no es genital ni biológica. Es cultural y política”.

Actualmente, la expectativa de vida de las personas trans en la Argentina es de entre 35 y 41 años, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) y el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi). Esto se explica por el rechazo, la discriminación y los contextos de violencia a los que se ve sometido históricamente este colectivo. “Cuando no fuiste escuchado en tu casa y la escuela se rio de vos, no te queda otra que camuflarte. Creés que las cirugías y la prostitución son tu elección pero no, no pudiste elegir. Por eso la batalla es cultural”, explica Mansilla. Respecto a las intervenciones quirúrgicas y los tratamientos hormonales, se pronuncia enfáticamente en contra. “Esos tratamientos detienen el desarrollo del cuerpo, pero ¿a qué precio? Una de las consecuencias es la descalcificación”, advierte. “Cada cuerpo es hermoso tal como es”, añade Laura.

Matías Veneziani, de 41 años y secretario de Infancias Libres, se define como masculinidad trans y coordina al grupo de adolescentes. “No hace falta una barba para sentirte varón”, dice. Su niñez no fue sencilla: “A mí nunca me escucharon ni me aceptaron, por eso ver llegar a cada niño y a cada niña es una situación más que me va curando en el alma el dolor que he sentido durante tantos años”.

Según el psicólogo Cristian Jaime, no hay algo concreto que defina el género, sino que se va construyendo y asoma alrededor de los dos años de edad, cuando se consolida una instancia primitiva del yo. “Desde nuestra sociedad, les presentamos un mundo con dos categorías y pretendemos que se identifiquen con una de ellas. Pero hay personas que no adhieren al género impuesto y aparece lo trans, que es un tercer lugar”, sostiene. Y aclara: “Nadie nace varón o mujer, es autopercepción y construcción, siguiendo las lógicas de la performatividad: en el momento en que la sociedad y el lenguaje te nombran como varón, te van moldeando como tal”.

Florencia es mamá de Nicolás, de 7 años, y forma parte de Infancias Libres desde el primer encuentro. “Es nuestro lugar en el mundo. Nos da información, contención y lo más importante: que nuestres hijes se vean reflejades en su espejo, en sus pares”, indica.

Gabriela Mansilla publicará este año un tercer libro que contará con estadísticas sobre transgeneridad en la infancia y una idea esperanzadora sobre las nuevas generaciones. “Debemos darles a las travestis de este país la infancia que no les dimos”, propone. Y agrega orgullosa: “Ninguna de las más de 120 familias que llegaron a nosotros se fue sin que hayamos transformado su vida para bien. Recibimos niñes tristes y les devolvemos la dignidad que este sistema les robó. Hoy son felices”.

 

Cómo conectarse

Infancias Libres: Facebook: www.facebook.com/infanciaslibres

// Instagram: @libresinfancias // Correo: infanciaslibres2017@gmail.com

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here